El otro fútbol

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Apartando el debate de si la Liga es justa o no, lo que no parece deportivo, ético, ni de recibo, es el comportamiento de ciertos equipos (algunos de sus jugadores) que han encontrado la manera de sobrevivir en el que parece, a pesar de todo, será un duelo entre dos, con ese otro fútbol que solo ensucia la competición. Ofende la grosería con que destruyen los partidos: se tiran al suelo como si el mismísimo John Wayne les hubiera disparado un tiro a bocajarro cuando apenas han recibido una falta menor; se tocan la cara como si Rocky Balboa les hubiera soltado un puñetazo cuando únicamente el rival les ha rozado el hombro; y lo peor es cómo se chivan al árbitro del autor de una falta olvidando que es un compañero de profesión. ¿Qué pensarán cuando se vean en la tele?

Éste otro fútbol ha existido siempre pero lo sucedido en el inicio de campeonato ya es exagerado. Tradicionalmente estas artimañas eran usadas muy de vez en cuando y solo en enfrentamientos contra equipos infinitamente superiores. Era la única esperanza en un duelo desigual. También inaceptable, pero no era lo normal, sino una fea excepción y, además, esos equipos marcados por el juego sucio eran señalados allá donde iban; siendo un motivo para avergonzarse, y no como ahora, que encima supone una medalla. Las aficiones les recibían de un modo “terrible” en todos los campos cuando en esos equipos había grandes jugadores que quedaban eclipsados por la dureza y simulación de unos pocos futbolistas que no veían los límites.

Tal vez buena parte de culpa la tienen el Barcelona y el Madrid. Si los grandes usan este tipo de tretas, los pequeños no pueden ser menos. Lo extraño es que sus propios compañeros de equipo no les hagan entrar en razón, porque con estos actos se empaña el buen nombre del club al que representan. Y no importa que se acusen unos a otros, lo que está mal hecho, da igual quien lo haga, está mal.

En la temporada pasada tras los esperpénticos derbis protagonizados por Madrid y Barcelona, el poso que quedó es que “vale todo”, y eso es muy peligroso. En ambos equipos hay jugadores que deben tomar conciencia (Alves, Busquets, Pepe o Di María) y darse cuenta de que más allá de no resultar un ejemplo para los niños ni aficionados de bien en general, lo único que provoca su conducta es un efecto rebote, que este si, adultera la limpieza de la competición. Y ganar usando estos métodos no puede significar lo mismo que vencer en buena lid.

La actitud en este principio de Liga de equipos como el Levante, el Sevilla o el Racing es preocupante. Seguramente el resto también lo hagan pero en estas primeras jornadas han destacado ellos. Y lo peor es que ya no sólo usan el repertorio del juego sucio contra los grandes sino que lo emplean por sistema, da igual quién sea el rival.

Si hubiera que señalar al gran perjudicado de estas jugarretas ése es sin duda el Getafe. Entre el otro fútbol y los errores arbitrales comienza a dejarse puntos que a final de año puede echar de menos.

Este sábado en el Bernabéu se vio toda una lección de principios por parte del Rayo Vallecano. Acudió a Chamartín con la firme e inquebrantable convicción de que se disputaría un partido de fútbol en el que pelearían por la victoria once contra once, no el club más poderoso del mundo contra un recién ascendido, no unos jugadores que cobran fortunas contra otros que a duras penas han cobrado sus fichas del año pasado, no; sobre el césped sólo había futbolistas dispuestos a luchar 90 minutos por lograr tres puntos. El partido, por momentos, fue soporífero, pero ver las ganas de ganar de ambos equipos y el modo en que lo hicieron devolvieron la belleza a este deporte.

Cuando no se había cumplido el primer minuto, el Rayo se adelantó en el marcador para delirio de esa afición que de tanto desear volver a Primera se encuentra sumida en un continuo sueño. Es verdad que, por obligación, el Madrid terminó metiendo seis goles, pero la dignidad con que los de Vallecas abandonaron el Bernabéu sólo se logra habiendo dejado todo sobre el campo, sin una sola entrada fea, sin la más mínima pérdida de tiempo, sin fingir, sin llorar al árbitro, sin utilizar el otro fútbol. Perdieron, pero se fueron con la conciencia tranquila, el aplauso de los suyos y el respeto de la afición rival.

En el fútbol inglés o alemán a los jugadores que utilizan este tipo de acciones se les pita, se les señala con el dedo y los árbitros les toman la matrícula. Sin embargo en España, no. Una cosa es la picaresca de adelantar unos metros el balón al sacar una falta, que el portero tarde en sacar o que salgas andando cuando te cambian para arrancar unos segundos al partido. Pero lo que no se debería permitir es lo que está sucediendo. No es bueno para nadie.

El sábado el partido del Sevilla contra el Valencia fue una muestra del tipo de fútbol que debe desaparecer. Aduriz entró a la provocación de Spahic y el del Valencia respondió con un pisotón que pareció haberle roto el pie. Si triste fue esta simulación, peor fue ver cómo Navarro, en una actitud pueril, le señalaba para que el árbitro no tuviera dudas de que era el culpable y le expulsara del partido. La escena es digna de patio de colegio, de un niño acusando a otro ante el profesor…

Y la pena es que lo que se destaca del encuentro es este tipo de acciones y no se habla de los dos grandes equipos que prometen llegar a ser este año ambos clubs. El Valencia, a pesar de la derrota, tiene hechuras de equipo fuerte, seguro, consolidado; donde parece que por fin Banega explotará la clase que tiene. Y es una delicia seguir disfrutando de los goles de Negredo, del finísimo toque de Kanouté y la sutil clase de Navas en un Sevilla que debe preocuparse más por lo deportivo que por las guerras de su presidente (tenga o no razón).

En el inicio de Liga se están viendo grandes jugadores, goles preciosos y jugadas espectaculares; ese es el fútbol que los aficionados quieren ver y no todo lo demás. Todos los equipos de la Liga, sin excepción, deben decidir a qué quieren jugar y si tiene el mismo sabor ganar usando el otro fútbol.

Fuentes del texto:
Elaboración propia
Fuentes de las fotografías:
www.as.com
www.elpais.com

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