El origen del flechazo con la Davis

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El equipo español de tenis vuelve a disputar la final de la Copa Davis este fin de semana en Sevilla, un momento perfecto para hacer memoria sobre los pioneros que consiguieron el primer triunfo en una competición que se había resistido durante años.

Un joven Nadal hizo de recogepelotas en la final de la Davis'00

Hasta el año 2000, los aficionados al tenis español se habían tenido que conformar con las victorias de la Armada en la tierra de Roland Garros (Sergi Bruguera en 1993 y 1994, Carlos Moyà en 1998 y Arantxa Sánchez Vicario en 1989, 1994 y 1998), el triunfo en Wimbledon de Conchita Martínez (1994), el Masters de Corretja (1998) y la garra de Arantxa, que además de Roland Garros conquistó el US Open (1998). Tampoco conviene olvidar las lejanas victorias de Santana y Orantes en décadas anteriores. Además, en cuestión de competiciones por equipos, España solo brillaba en la Copa Federación, el equivalente femenino de la Davis, en donde la pareja formada por Arantxa y Conchita conquistó cinco victorias.

¿Qué fallaba en el tenis nacional? ¿Por qué unos tenistas que brillaban en torneos individuales fracasaban estrepitosamente en la Davis? La pregunta desapareció para no volver nunca más un soleado fin de semana de diciembre de 2000 en Barcelona. Toda España estaba de puente y tenía una cita frente al televisor. La final, además, se jugaba en casa, en Barcelona, la cuna de los Bruguera, Sánchez Vicario, etc., que tantos éxitos habían cosechado a lo largo de la década de los noventa. Era el lugar ideal para vencer los miedos y levantar la primera ensaladera.

Costa, Corretja, Balcells y Ferrero, el cuarteto ganador

El equipo estaba integrado por excepcionales jugadores: Àlex Corretja en su máximo nivel de madurez y seguridad; Albert Costa, con la fuerza que siempre le ha caracterizado; Juan Carlos Ferrero, el niño prodigio que venía a comerse el mundo; y Joan Balcells, el complemento ideal para el partido de dobles y la tuerca que faltaba para ensamblar la maquinaria campeona.

El único problema era el rival, Australia, con sus dos figuras entre los 20 mejores del ranking de la ATP. Lleyton Hewitt, que se había ganado el derecho a jugar la Copa Masters con solo 19 años, y Patrick Rafter, doble ganador del US Open en 1997 y 1998, eran los principales escollos a la hora de alzarse con la victoria.

La cosa no empezó bien con la derrota de Costa ante Hewitt, pero Ferrero consiguió el siguiente punto forzando la retirada de Rafter. Primer día y 1-1. Nada mal para empezar. Mejoró el sábado con la victoria del dúo Corretja-Balcells ante los australianos Woodforde y Stolle. Se ponía el 2-1 en el marcador y se llegaba al mediodía del domingo con un punto de partido en el casillero español.

La responsabilidad de obtener aquel punto definitivo recayó en Juan Carlos Ferrero, que se enfrentó al por entonces número 1 australiano, el temido Lleyton Hewitt. Quien más quien menos se olía un quinto partido en el que el experimentado Corretja sacaría las castañas del fuego. Sin embargo, el niño Ferrero tenía guardado un as en la manga. Comenzó avasallando a su rival y, cuando éste se vino a dar cuenta de la situación, ya le había metido un 2-0. Hewitt tiró de orgullo y aprovechó su calidad y los nervios del valenciano para ganar el tercer set por 6-4. Con esta reacción se preveía un partido largo; Lleyton no estaba muerto todavía.

Tras cuatro horas de partido, el igualado cuarto set se decantó del lado de Ferrero gracias a un magnífico paralelo al que Hewitt no pudo llegar y que significó el 6-4 para España y la victoria por tres sets a uno. Las lágrimas del valenciano, tumbado sobre la tierra batida con los brazos al aire, fueron tapadas por sus compañeros, que se echaron encima de él para celebrar tan esperada victoria en una final de Copa Davis. Por fin se lograba la ansiada ensaladera.

Fotografías: RFET/Davis Cup

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