El oficio más fiel de Jorge Drexler

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Los más de mil afortunados que acudieron al Teatro Arteria Coliseum de Madrid la gélida noche del viernes, disfrutaron de un auténtico concierto de música de autor en estado puro, transportados por la confidencialidad del generoso Jorge Drexler. Y es que el cantautor uruguayo puede presumir de ostentar un poder intenso para conectar con su público a través de un imaginario hilo conductor, aquel que corteja con unas melodías sencillas y sosegadas, rasgadas por una voz y una guitarra desnudas, por una devoción hacia su verbo próximo.

Jorge Drexler en el ciclo de conciertos Madridpresenta

No obstante, dedicó un recital sonoro durante dos horas en el que el músico y compositor se expuso en solitario sin más ornamento que su capacidad y sus letras. Una velada en la que presentó el espectáculo Mundo abisal en el marco de la segunda edición del ciclo de conciertos Madridpresenta ante un recinto abarrotado, realizando un repaso por aquellas canciones pretéritas y presentes que le han encumbrado hasta la fama internacional en un constante estado de gracia.

Subió al escenario y arrancó las primeras armonías de “Hermana duda”, creando desde el primer momento una atmósfera íntima, como si tratara de embriagar al personal de una fragancia acogedora, propia de salas como el Búho Real o Libertad 8, aún a sabiendas de que el Coliseum supera con creces el aforo de estos míticos espacios que componen el circuito capitalino de cantautores.

Para cuando entonaba su penetrante “Eco”, el público se rendía incondicional ante la evidencia. Un peldaño después dedicaba a su hijo Luca el tema “Noctiluca”, integrado en 12 segundos de oscuridad, hasta desembocar en la maravillosa canción “Que el soneto nos tome por sorpresa”, imprescindible en un directo tan acústico y desarmado como el que concedió Drexler la pasada noche. Así consiguió abrazar a los asistentes con un arrullo bucólico, envenenando sus almas de un poemario sincero.

Alcanzó la templanza hasta en aquellos momentos en los que problemas técnicos de sonido afectaban a su guitarra eléctrica, hasta en los instantes en los que el viento se colaba por el escenario albergando parte de la ola de frío que esta semana asola nuestro país. Solucionó aquellas insolencias con mesura, primero mudando de guitarra y después instalándose más cerca del público, buscando el calor humano del patio de butacas. Hasta en esos tiempos fortuitos manifestó su poder intenso como cantautor curtido en mil batallas.

Recuperó temas como “Guitarra y vos”, “Deseo” o “Milonga del moro judío” de su lujoso trabajo discográfico Eco, sin olvidar el agradecimiento sincero a sus fans cuando en un par de ocasiones admitió peticiones a la carta del consumidor, versionando a Caetano Veloso, traduciendo en milonga “Toito Cai lo traigo andao” de Javier Ruibal o haciendo honores a Camarón de la Isla en “Volando voy”. De esta forma tan sutil, Drexler fue tejiendo una tela de araña en la que atrapó a sus fans, que coreaban ya sus letras de carrerilla, mientras que él se dedicaba a interactuar entre canción y canción con el respetable, imantado por su simpatía con evocaciones de sus vivencias.

Jorge Drexler en el Teatro Arteria Coliseum

No quiso dejar pasar la oportunidad de invitar a subir al escenario a su amigo Didi Gutman, teclista de la banda neoyorquina Brazilian Girls, con el que interpretó dos de temas. Poco después enfilaba bambalinas para acometer hasta dos bises correspondidos con sonoros aplausos, que animaron al trovador a alargar la velada unos minutos más.

En la recta final acarició su poemario más exquisito con “La trama y el desenlace”, “Salvapantallas” y “Todo se transforma”, las parejas se acariciaban en arrumacos con el amor regenerado, y cada cual soñaba ser feliz en tiempos de crisis. Cuando su despedida era un hecho consumado, el teatro al completo alcanzó una catarsis generalizada que se plasmó en una ovación de varios segundos con la gente en pie. Nada que objetar, así se despiden los grandes artistas, los que enamoran al personal con el buen hacer de su oficio.      

Fotografías: Raquel Campos.

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Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías. También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento "La Libertad de Ser Feliz" en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción "El Teatro Clásico en Escena 1997" o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos "Premios Jamais 1999".

3 Comentarios

  1. “Volando voy” es una canción de Kiko Veneno, aunque Camarón de la Isla fuera quien la popularizó. El concierto estuvo bien. Jorge lo sacó adelante con gran profesionalidad a pesar de todos los inconvenientes.

  2. Hola “Yomismo”,

    En ningún momento se cita que la canción “Volando voy” esté compuesta por Camarón, sino que Drexler hace honores a Camarón de la Isla en esa canción.

    Muchas gracias por tu comentario.

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