El ‘nuevo-nuevo Periodismo’: vaselina y ‘tuits’ para el ‘Homo videns’

0
261

La Fundación Mutua Madrileña organizó este miércoles un debate sobre periodismo digital en el que participaron Antonio Lucas, Manuel Jabois y Montserrat Domínguez.

Un momento de la conferencia | @mberzosa
Un momento de la conferencia | @mberzosa

No descubro las Américas si digo que en la evolución se encuentra la clave no ya del éxito, sino de la supervivencia de cualquier especie, ya sea una planta carnívora, un dromedario o un periodista. Mi trabajo diario, un título universitario y unas cuantas nóminas acreditan, como pruebas de un delito cutre, que pertenezco al gremio. Soy un profesional de la información. Toma solemnidad. Todavía creo que la nuestra es, cuando la ejercemos sin condicionantes -casi nada-, la profesión más hermosa del mundo. “La escritura es la pintura de la voz”, decía Voltaire, cursi y sabio, y los periódicos -amén de los libros, pero nos ceñimos a la endogamia nuestra- deben ser pinacotecas de palabras con un plus de responsabilidad: la de informar al ciudadano del mejor modo posible.

Este miércoles estuve en un debate organizado por la Fundación Mutua Madrileña sobre “Periodismo y opinión en la era digital”. Participaron Antonio Lucas y Rubén AmónEl Mundo-, Manuel JaboisEl País– y Montserrat DomínguezHuffington Post-. Intentó moderar el acto un joven que acumuló numerosas tarjetas con preguntas sin responder y al que el micrófono le dio más de un quebradero de cabeza -no sé si algún chispazo.

Se comenzó hablando de Charlie Hebdo y las viñetas sobre Mahoma. “Es necesario que en nuestra democracia haya alguien que haga este trabajo sucio”, dijo Jabois. “Yo no las hubiera publicado en mi medio”, opinó Domínguez. Amón recordó cómo medios muy conservadores sacaron las caricaturas como muestra de cierta “superioridad cultural”. Lucas recordó la que se armó con el Cristo cocinado por Javier Krahe.

El debate ganó en intensidad cuando se habló de la relación de los periodistas y los medios con las redes sociales, en especial, con Twitter. Amón afirmaba que estos instrumentos “presionan la actividad del periodista”, que “el (tuitero) que se moviliza, en general, es ofensivo” -“Si se te ocurre meterte con Podemos asumes tres meses de castigo”, añadía- y advertía que “no todos los lectores son tuiteros”. “Parecemos SEOs y no periodistas, vendiendo Facebook, whatsapps…”, apostillaba Lucas.

La directora de la edición española del Huffington Post reivindicó la interactividad de la información, recordó que “cualquiera puede colgar en su web información” y que los medios son los que deben “perseguir” a los lectores, y no al revés, y defendió los nuevos formatos, incluidos los emoticonos. En el otro -llamémoslo así- bando se encontraba Lucas: “Somos periodistas, tenemos que cuidar el lenguaje. Apuesto, principalmente, por que un periodista debe saber lo que quiere decir”.

También se debatió sobre la crisis del modelo de negocio, los ingresos publicitarios y la precarización de la profesión. En este sentido, el único que denunció que el Periodismo se está convirtiendo en algo “mendicante” y que hay gente que, al salir del periódico, debe ganarse un sobresueldo sirviendo copas, fue Lucas (con la política empresarial que mantiene el Huffington es difícil que lo hiciera Domínguez).

Cuando terminó el acto recordé lo que escribía Sartori en Homo videns (Taurus, 2010): el ser humano ya no es un Homo sapiens, sino otra cosa, y el (ab)uso de lo audiovisual suprime, precisamente, lo que le diferencia del resto de especies animales: la capacidad de abstracción, algo tan inherente, entre otras cosas, a la escritura.

Así pues, y sin querer adentrarme en el asunto de las nuevas tecnologías, formatos y derivados, la conclusión que obtuve es que el “nuevo-nuevo periodismo” pasa por lo viral, lo instantáneo, lo fácil e, incluso -oh, Dios mío-, el emoticono, y que los textos de calidad, profundidad y prosa fina están condenados si no bien a la extinción, sí a pertenecer, exclusivamente, a las “inmensas minorías”, que diría Ortega. Como si la supervivencia de la profesión estuviera ligada a la vaselina o a la imbecilidad. ¿Evolución o involución? Y yo qué narices sé.

Dejar respuesta