‘El niño que se desnudó delante de una webcam’, el ‘punch’ de Jose Serralvo

0
363

Los Libros del Lince edita El niño que se desnudó delante de una webcam, la segunda novela de Jose Serralvo que presenta el siniestro tema de la pornografía infantil con un resultado brillante.

Dave Timberthirdleg tiene, en el momento de su declaración ante el Senado de Estados Unidos, veinticinco años. Le conceden cuatro horas para elaborar su testimonio y a lo largo de ellas contará cómo cuando sólo tenía doce cayó en las garras de un pedófilo que le destrozó la vida, invitándole a visitar el turbio y peligroso mundo de la pornografía infantil por una puerta que pareciera ser sólo de entrada. Esta novela arranca sin concesiones, en forma de narración en primera persona acerca de los acontecimientos que llevaron al protagonista a embarcarse en una espiral delictiva que implica autodestrucción, miedo y depravación, y así se mantiene hasta el final, dejando enganchado y sobrecogido al lector. No sólo por el tema, que sigue siendo tabú -no digamos dentro del ámbito literario: ¿cuántas obras, que recordemos, se han acercado a él?- sino por la magistral exhibición narrativa del autor, al que definitivamente hay que felicitar por un libro redondo, contundente como un punch.

El magnífico sello Los libros del Lince nos sorprende a menudo con novedades en su catálogo al apostar por libros totalmente artesanos, diferentes y con un punto crítico. Sin renunciar a una pizca de humor espolvoreado por estas páginas, Jose Serralvo (Jerez, 1984) ha concebido una novela negra con una fuerte crítica social, muy actualizada, que alerta sobre los peligros de acercarse a internet desde edades tempranas; y, sobre todo, cómo dicho riesgo aumenta si la potencial víctima ha sufrido circunstancias difíciles a lo largo de la infancia, como pudiera ser vivir en situación de pobreza, sin cobertura de necesidades básicas -y aquí incluimos una esencial: el afecto, la cohesión familiar- o verse privada del acceso al sistema educativo. Todos ellos son factores que hacen de los niños potenciales víctimas más vulnerables, presas fáciles desprotegidas frente a todo tipo de desaprensivos que pueden abusar de su integridad física y psíquica.

Estamos ante una historia «cierta, o parcialmente cierta, y quién dice que no lo sea», en cuyo caso «el 97,5% de sus personajes tendría hoy día una cuenta en Facebook». Y es que esta novela puede estar construida en registro de ficción, pero en todo caso toma todos sus elementos de una realidad cotidiana. De hecho, el caso que inspiró a Serralvo para la novela salió a la luz hace diez años: el de Justin Berry. Poco se conciencia sobre los múltiples peligros que corren los internautas, especialmente si, como hemos dicho, son menores de edad y/o no saben cuál es la magnitud del riesgo al que se enfrentan. Inquietante como pocos, el testimonio de Dave Timberthirdleg -un niño criado en los suburbios de Chicago que ha mamado violencia desde que nació y que sufre acoso escolar- estremece y hace que contengamos la respiración, que no queramos asomarnos a la siguiente página porque sabemos que, una vez iniciada, la siniestra rueda de la humillación, del dinero fácil, no va a parar.

No obstante el flujo de la narración, su intrincada naturalidad, hace que mantengamos los ojos bien abiertos y la atención pegada al texto. El autor, a través de su protagonista, no escatima en detalles denigrantes, pero también crea acertadamente personajes contrapunto que nos hacen asimilar el horror de una manera próxima, menos traumática. El niño que se desnudó delante de una webcam no es un libro de violencia morbosa, de sordidez pornográfica, de recreación en la explotación de un menor. Hay palizas, chantajes, crímenes y una ambigüedad que no se desvelará hasta que el lector no “caliente músculos”, pero también encierra una tierna historia de amor adolescente, torpe y vibrante, preservado por completo del infierno de la prostitución. La sombra de David Foster Wallace planea durante toda la narración, y para los frikis moderados, la sorpresa aguarda en el epílogo.

Además, de la cubierta se encarga Miguel Brieva, espléndido como siempre a la hora de captar las retorcidas disfuncionalidades de la sociedad moderna. No necesitáis más razones para dejar que Jose Serralvo os dé un punch: la buena literatura siempre nos encuentra.

Dejar respuesta