El negocio del deporte rey

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El fútbol está cambiando. Los intereses de este deporte han pasado de ser el espectáculo para los aficionados al interés económico por llevar el fútbol a aquellos que más pagan, aunque eso traiga consigo viajes de seis a ocho horas para jugar un partido en la otra punta del mundo con un club o selección que se encuentra a treinta minutos en avión. 
 
Ángel María Villar estuvo presente en el duelo en Catar entre España y Uruguay. Fotografía: Carmelo Rubio (RFEF)
Ángel María Villar estuvo presente en el duelo en Catar entre España y Uruguay. Fotografía: Carmelo Rubio (RFEF)

Uno de los ejemplos de los últimos días fue el España-Uruguay celebrado en Catar, partido que ganó España por 3-1 en un gran partido de Pedro Rodríguez, que no acusó el largo viaje al que se sometieron los dos combinados. Los de Vicente del Bosque se vieron obligados a jugar un amistoso en Oriente Medio, ya que los cataríes pagaron a ambas federaciones para poder disfrutar de un encuentro entre dos de las selecciones favoritas para hacer algo grande en la Copa Confederaciones 2013 y por supuesto, el Mundial 2014 que se celebrará en Brasil.
 
Otro ejemplo de la selección española es el amistoso que disputó en Costa Rica el 15 de noviembre, tres días después de enfrentarse a Inglaterra en Wembley. La roja realizó un viaje innecesario que sirvió para que la federación incorporase dinero a sus arcas y para aumentar el cansancio de los jugadores españoles y el riesgo de lesión, ya que el terreno de juego en el que se desarrolló el encuentro no era el óptimo para la disputa del enfrentamiento.
 
Los perjudicados de todo esto son los aficionados, que para poder disfrutar de su selección nacional, tienen que recurrir a la televisión o a un viaje que supondría, no solo el desembolso de una gran cantidad de dinero, sino el tiempo necesario para hacer estos viajes. Los jugadores también acusan el ajetreo, ya que reducen su rendimiento en sus equipos por el cansancio que suponen estos amistosos.
 
Otro ejemplo de estas alocadas gestiones es la propuesta de la RFEF de celebrar la Supercopa de España de 2013 en China, provocando el desplazamiento de los aficionados, que para ver un encuentro entre dos clubes españoles, deberán recorrer miles de kilometros. Esta medida no ha sido bien acogida por la afición española, ya que muchos tendrán que trasnochar para ver una final en la que no podrán alentar a los suyos con sus cánticos. Los chinos, que buscan una final Real Madrid-Barcelona, se pueden llevar un chasco si alguno de los dos equipos no participa en la próxima edición del torneo. 
 
Actualmente, el fútbol se ha convertido en un negocio para ganar dinero, más de lo que ya lo era. Si los aficionados sufrieron las subidas de los precios de las entradas y de los abonos para ver a sus equipos, ahora se les complica aún más la situación. El deporte rey se está convirtiendo en un espectáculo para ricos, y los altos cargos de la federación española se olvidan por completo de quienes son los verdaderos hinchas,  los que sufren por cada ocasión,  los que van al campo con la radio,  los que viven cada gol. Ese tipo de aficionado tiende a desaparecer si no cambian el rumbo.
 
Hace algunas temporadas, los partidos de la Primera División española se jugaban muchos a la misma hora, fomentando esa emoción de que el rival esté jugando a la vez, los estadios se llenaban de familias que disfrutaban de la tarde del domingo viendo a su equipo; los jugadores se dejaban la piel para contentar a los aficionados que, ilusionados, apoyaban a los suyos; pero ahora las televisiones no permiten que se solapen los horarios, los precios de las entradas impiden que las familias acudan al estadio y el disputar partidos a miles de kilómetros provoca que los jugadores celebren goles y títulos delante de completos desconocidos que no sabrían decir el nombre de más de cinco jugadores de la plantilla.

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