El mundo está jodido

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Es una gran verdad que no hace falta corroborar con datos, pero a veces se te olvida. Y un día cualquiera te sientas en una parada esperando que llegue el autobús, pero tienes 20 minutos hasta que pase el próximo bus. Resulta que el tuyo se acaba de ir hace exactamente 1 minuto, o puede que ni eso.
Son las 2 del mediodía y el hambre casi no te deja pensar, y por si esto fuese poco vienes del dentista, que te recomienda que hasta dentro de dos horas no comas ni bebas. Te importa un rábano lo que diga el dentista, vas a comer en cuanto llegues a casa. Eso, claro está, siempre que el puto autobús llegue antes de dos horas.

Y en estas estamos cuando una señora se sienta a mi lado. Conversamos sobre cuánto falta para que llegue el autobús, ella también lo ha perdido. Luego charlamos del tiempo y del hambre que tenemos. Yo le cuento que vengo del dentista, ella del médico. Me habla de sus nietos y de que ella no necesita comer. Si lo piensas es cierto, sólo come lo que necesita, sólo lo hace cuando realmente tiene hambre. Es una buena forma de verlo, pero la verdad, yo no podría.

Es delgada, extremadamente delgada. Debe de rondar los setenta años, bueno quizás algunos más. No lleva peinado de señora, sino media melena con una diadema que podría ser de su nieta pequeña. El pelo graso con un color entre castaño y blanco, según el lado por el que se mire. Va vestida de beige, con un bolso verde y las uñas pintadas de rojo. Un rojo que hace semanas era rojo, ahora sólo son restos de rojo y comida. De repente sin venir a cuento, o tal vez si, me dice: “el mundo está jodido, yo no sé quién lo jodió pero lleva tiempo jodido”. Me quedo callada porque es lo más sabio que he escuchado en mucho tiempo.

Porque al final por mucho que nos empeñemos en aprender la historia en los libros, en aprender  y comprender la vida en una enciclopedia. Al final, siempre resulta que las personas mayores siguen siendo el mejor libro. Han vivido tanto que no sé cómo pueden soportarlo. Me refiero a ver como el mundo se autodestruye a pasos agigantados.

Cuando nacieron no había ni la mitad de medios que ahora, “Internet” era una palabra extraña que sonaba a internado. Y sin embargo, no se moría tanta gente de cáncer, la comida sabía a tierra y no a almidón modificado genéticamente, la gente hablaba en las tabernas y no con un “manos libres”, porque las manos siempre estaban ocupadas. Ocupadas en la tierra o en el mar y no tocando teclas para mandar un sms. Las hipotecas eran tan sólo una palabra hipotética. Las vacas no estaban locas, y los pollos no tenían gripe. Con todo lo que vieron y vivieron. Tanto avance hacia el retroceso. Tantas guerras y sin embargo esta, la de la realidad, está resultando la peor.

El caso es que, entre idas y venidas me vuelvo a encontrar a la señora de la diadema. En uno de tantos autobuses, de esos que no van con luz solar, de esos de los de antes, donde el mejor timbre sigue siendo un buen grito. Ahí me la encuentro entre señores mayores que van al hospital contándose sus nuevas dolencias. Me mira, sonríe, y casi sin mover la comisura de los labios me dice: “el mundo sigue jodido”.

Sonrío y asiento con la cabeza. La verdad es que en dos meses tampoco esperaba que cambiase nada y menos ahora que ya nos hemos acostumbrado a que simplemente las cosas son así.  Y pienso, efectivamente: el mundo sigue jodido.

Menos mal que cuando casi se te olvida hay alguien que te lo recuerda. Menos mal que no tienes tiempo a olvidarlo. Menos mal.

Fuentes de la imagen:
www.chaco.gov.ar/Cultura/Medios/

1 Comentario

  1. Nunca me canso de leer lo que tú escribes… lo que sea…lo haces mágico.
    A propósito de tu artículo, pensaba en que aunque el mundo esté jodido siempre encontramos un momento para sonreír, aunque sea a un desconocido, para aprender de las personas y de la naturaleza; pensaba en que a pesar de todo, la vida es hermosa y no lo digo como un tópico, sino mira al cielo, contempra las estrellas o las nubes, en la noche, respira profundamente y siente cómo entra el aire en tus pulmones, mira a ese niño cómo te sonríe, escucha el sabio consejo de un anciano, abraza a tu amigo, siente el calor de los brazos de tus padres… y ahora piensa, el mundo puede estar jodido, pero ¿no sigue siendo también hermosa la vida?
    Un Besito, Pauliña, eres una escritora increíble.

  2. Menos mal, Paula, que no tienes reparo en escribir algo que va más allá de la juventud o de la vejez: la vida misma. Es un error despreciar al anciano: en él se esconde el secreto del paso del tiempo, la lucha continua por (sobre)vivir en una sociedad vil y mediocre. ¡Cuánto han sufrido nuestros abuelos! Se merecen, al menos, que los escuchemos. Gracias por eso. MENOS MAL…

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