El mundo dice adiós al hombre que derrotó al apartheid

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Nelson Mandela falleció en su casa de Johannesburgo el pasado viernes 6 de diciembre por una infección pulmonar que le inhabilitaba desde hace 2 años. Durante esta semana sociedad internacional y el pueblo surafricano se han volcado en una sucesión de homenajes al hombre que acabó con el apartheid y lideró pacíficamente el proceso de reconciliación entre blancos y negros tras 300 años de brutal discriminación racial.

Aparthaid, FotopediaUnas simples lechugas y una hilera de almendros silvestres fueron la semilla de la separación racial más radical que negros y blancos hayan experimentado jamás. Todo comenzó cuando los Afrikáners, un grupo de colonos neerlandeses, tomaron tierra en Ciudad del Cabo el 6 de abril de 1652. El motivo de esta expedición fue cultivar hortalizas para paliar la epidemia de escorbuto – carencia masiva de vitaminas con consecuencias mortales- que amenazaba con aniquilar la flota de la primera marina del mundo y diezmar su monopolio en el comercio de las especias. Es decir, Sudáfrica fue elegida por los Holandeses para servir como estación de servicio entre Europa e India proporcionando las vitaminas y los alimentos necesarios para que las tripulaciones pudieran continuar elevando la hegemonía comercial holandesa en el siglo XVII.

Las órdenes eran precisas: ningún contacto con el pueblo nativo, ni ningún afán colonizador, sólo el establecimiento de una zona agrícola y ganadera –separada por una hilera de almendros silvestres- lo suficientemente productiva. Sin embargo, la religión calvinista que recientemente había sido abrazada por los holandeses en la formación de su república, clamaba la necesidad de encontrar aquel lugar que Dios había designado para el pueblo holandés, que era el elegido para ser conducido hacia un destino privilegiado. Fue en Sudáfrica donde Holanda sintió por fin haber encontrado su edén. El único problema, esa tierra ya tenía sus habitantes, que fueron inmediatamente considerados como subhombres.

En su búsqueda de la tierra prometida, los Afrikáners, escudados tras la bandera del calvinismo y, posiblemente, la inspiración nazi, llevaron a cabo una sistemática y progresiva separación geográfica y social, desde los primeros asentamientos hasta la toma efectiva del poder político de Sudáfrica en 1948 y la implantación tácita del régimen del apartheid en 1949.

Las aspiraciones racistas de los Afrikáners alcanzaron niveles que escandalizaron a una comunidad internacional ya curada en espanto. Aun sin campos de concentración ni cámaras de gas, los Afrikáners pusieron en marcha una maquinaria de dominación blanca orgullosamente inspirada en la estructura nazi. La considerable desventaja (los Afrikáners representaba únicamente el 21% de la población) llevó a la creación de un sistema de reducción de derechos para paliar así la diferencia poblacional. Lo que comenzó con un “desarrollo separado” se convirtió en la separación física, cultural y social de los negros, sometidos bajo la imposición de una minoría blanca que impedía su desarrollo. No sólo fue la creación de lugares de ocio y residencia separados, si no también la negación del derecho al voto, la prohibición de matrimonios mixtos, la pena capital para las relaciones sexuales interraciales, y la negación de la educación a partir de determinados niveles. Los negros eran perseguidos y desplazados a asentamientos, llamados distritos donde se les hacinaba y se les arrebataba su condición de ciudadanos.

A medida que se agravaba la represión contra los negros por el simple color de su piel, la resistencia pacífica del Congreso Nacional Africano (ANC por sus siglas en inglés) creado en 1912, empezó a plantearse otras medidas más radicales con las que mermar el racismo. La paciencia del movimiento antirracista terminó cuando la policía mató a 69 manifestantes pacíficos en el distrito de Sharpeville en 1960. Es a partir de este momento cuando las ambiciones afrikaans se topan con el hombre que las pondrá fin. Liderados por un joven estudiante de derecho, la Liga Juvenil del ANC inició la senda de la insurrección armada.

Nelson Mandela, FotopediaLa popularidad de Nelson Mandela y sus colegas del ANC crecían entre la población negra a la misma vez que la obsesión de los líderes afrikaans por quitarse de en medio al hombre que amenazaba con quebrar tantos años de dominación blanca. Es por esto que Mandela y otros ocho jefes del ANC fueron acusados de sabotaje y de conspiración y condenados a pena capital. La ya mitificada comparecencia de Mandela el 20 de abril de 1964 ante el Tribunal Supremo de Pretoria le supuso el paso de la pena capital a la cadena perpetua.

Los que le conocieron y le estudiaron no dudan en defender que su paso por la isla de Robben, dónde estuvo preso durante 27 años, le moderó y le enseñó a focalizar su talento en unos objetivos políticos y sociales concretos. Allí Mandela aprendió la lengua y la historia afrikaans para conocer los puntos fuertes y las debilidades de sus opresores.

John Carlin escribía en El País que durante los últimos 5 años que Mandela estuvo en la cárcel, realizó alrededor de 70 entrevistas secretas con el Ministro de Justicia y el jefe nacional de los servicios de inteligencia afrikaans para tantear la posibilidad de un acuerdo político entre negros y blancos que eliminara la discriminación racial.

Los méritos realizados por Mandela y la creciente debilidad de los líderes afrikaans (causada principalmente por los escándalos de corrupción y el ascenso de Frederik Willen de Klerk, partidario de suavizar algunas de las imposiciones de la segregación racial) hacen que este sea liberado el 11 de febrero de 1990. Empieza entonces la campaña “un ciudadano, un voto” que llevará a Mandela en 1994 a ser elegido democráticamente como el primer presidente negro de Sudáfrica.

Es difícil entender como Sudáfrica, liderada por Nelson Mandela superó más de 300 años de dominación racial. El horror experimentado valió para demostrar al fin que la venganza y el odio solo llevaban a la barbarie. Mandela puso en marcha un proceso de concordia y de reconciliación social cuyo elemento estrella fue el equipo nacional de rugby, que habiendo sido el símbolo candente del apartheid, acabó por encarnar la unión del país. La derrota definitiva del racismo paso por la consideración de los blancos como actores principales y el apaciguamiento de los sectores negros mas radicales.

En el país donde el mito de la superioridad racial blanca estaba enraizado en la ley, Madiba lideró pacíficamente la transición del horror hacia la libertad mediante la concordia y bajo la bandera de la igualdad. Aunque Sudáfrica este lejos de ser un ejemplo de igualdad social y aunque se le haya reprochado a Mandela su inacción contra la corrupción en su partido y el apoyo a regímenes dudosamente democráticos, es posible que nunca más conozcamos un líder así. Un político movido por el amor a su país y a la raza humana por encima de todas las cosas, que dedicó su vida a que su pueblo saboreara la igualdad racial. Mandela se ocupó de una de las transiciones democráticas más convulsas e inestables para abandonar la política cuando más apoyos tenía, pero cuando ya había cumplido su propósito; la equidad entre los ciudadanos sudafricanos, independientemente del color de su piel. No sólo eso, Mandela consiguió ser probablemente el único líder, con quien todas y cada una de las personas, en cualquier lugar de la Tierra, se sienten en cierta manera identificadas.

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