El misterio de la literatura en "Paraíso inhabitado"

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Paraíso inhabitado (Destino) es la nueva novela de Ana María Matute, una historia narrada con la imaginación de la infancia, esa que ninguno deberíamos perder. La historia está narrada cuando la protagonista, Adriana, ya es adulta, pero el punto de vista es el de aquella niña entre sus cinco y diez años, que crea un mundo de fantasía para sobrevivir a la vida real. Aunque la historia se sitúa en un ámbito concreto, el de una familia burguesa en la España republicana, la niña vive en su propio mundo creado a partir de los cuentos que lee. Para Adriana, las personas que habitan el mundo real son los gigantes, a los que los gnomos y ella misma tienen que esquivar. Para ella los libros son lo más revelador de aquellos años. Si coincides en esta idea con la protagonista de la historia, Paraíso inhabitado es la obra que deberías leer, aunque sea sólo para recordar aquellos años en los que la ficción aún podía superar la realidad y hacernos andar por caminos insospechados, por paraísos sin descubrir.

En la historia, la noche será el momento privilegiado para Adriana, el instante de exploración y de aventura, cuando la casa le permite pasear por el otro lado del espejo. Su vida se desordena cuando conoce a Gavrila, una especie de ángel que habla con acento extraño. Con él, Adriana vivirá algo semejante a una historia de amor: se alegrará al encontrarlo y se angustiará por no saber cuándo volverá a verlo. Pero el mundo de los adultos o gigantes, que tanto le asusta, estallará. En medio de una guerra, la muerte alcanzará a Adriana muy de cerca y será el fin de su infancia, aunque todo lo vivido quizás permanezca en algún lugar. Como dice la narradora, “tal vez la infancia es más larga que la vida”.

Matute explica que Adriana se inventa un mundo de fantasía porque siente el rechazo del real. Al preguntarle por su narración, la autora ha confesado que a ella también le gustaban los cuentos, que se alimentó de ellos y que se sentía liberada cuando la castigaban en el cuarto oscuro porque allí era donde podía quedarse a solas con su mundo.

Ana María Matute dice que ha escrito este libro como si fuera el último, “como si fuera a morir mañana” pero al mismo tiempo afirmaba que aún tiene ideas que le rondan en la cabeza. A sus 82 años, la autora nos trae esta obra maestra con la que pretende, quizá, que nos pongamos en la piel del otro, una historia que según sus palabras: “es un gemido de pena por la falta de comunicación entre los seres humanos.”

Ana María Matute es uno de los nombres destacados de la que posiblemente es la mejor generación de narradores del siglo XX en España, la de los años 50 (también llamada del medio siglo o de los niños de la guerra). Ha ganado los premios más importantes como el Nadal, el Planeta, el Nacional, el de la Crítica, el Fastenrath o el Café Gijón. Entre sus títulos más destacados están Los Abel, Los hijos muertos, Primera memoria, Los soldados lloran de noche, La torre vigía, Olvidado rey Gudú y Aranmanoth. Es la única mujer novelista que ocupa un sillón en la Real Academia Española.

Fuente del texto y la imagen:
Editorial Destino

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