El milagro de Marcelinho

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El Barcelona Regal se apuntó la primera victoria en la final de la Liga Endesa ante el Real Madrid (81-80) gracias a una remontada vertiginosa en el último cuarto y a un agónico triple en contraataque de Marcelinho Huertas en el último segundo que dejó a los de Pablo Laso desencajados, habiendo sido superiores durante gran parte del partido para dejar escapar en el último estertor del partido el factor cancha favorable.

Los jugadores del Barcelona Regal se abalanzan sobre Huertas tras su triple milagroso

La final de la Liga Endesa ha comenzado cumpliendo las expectativas del aficionado más exigente. Real Madrid y Barcelona Regal llegan a la eliminatoria decisiva de la temporada dispuestos a dejarse todas las fuerzas en el empeño de levantar el máximo trofeo nacional. En el caso del Barcelona, que defendía el factor cancha, las fuerzas están llegando ya al límite, como ya se pudo apreciar en la ‘Final Four’ de la Euroliga. El Real Madrid, por el contrario, viene lanzado y con el chip competitivo activado tras la espectacular semifinal ante el Caja Laboral.

El equipo de Pablo Laso saltó al parqué del Palau Blaugrana convencido de poder cambiar las tornas y arrancar la primera victoria de la eliminatoria de Barcelona, como ya hiciera en la final de la Copa del Rey. Por su parte, el Barça estaba más pendiente de la fascitis plantar de Juan Carlos Navarro y la poderosa influencia que este ejerce sobre el Real Madrid que de desarrollar planteamientos alternativos para mantener el fortín del Palau.

Durante gran parte del partido, el Real Madrid pareció incluso cómodo dominando el partido y el marcador, mostrando todo el repertorio ofensivo que ha venido mostrando en los anteriores partidos de ‘playoffs’, como el resurgimiento de Novica Velickovic o los galones que Sergio Rodríguez comparte con Sergio Llull a la hora de dirigir al equipo. Con parciales superiores a veinte puntos en cada cuarto y la responsabilidad anotadora bien repartida entre Ante Tomic, Kyle Singler, Jaycee Carroll y Llull, todo hacía indicar que el Real Madrid comenzaría la final dando una campanada inesperada.

La respuesta barcelonista al vendaval ofensivo blanco estaba personificada en Navarro y Erazem Lorbek, los únicos jugadores de referencia a los que se puede aferrar Xavi Pascual en caso de urgencia. Boniface N’Dong y Fran Vázquez perdían la batalla bajo los aros, y ni siquiera la aparición de Pete Mickeal, otrora bestia negra madridista, consiguió frenar la sangría, que llegó a superar ampliamente la barrera de los diez puntos.

El último cuarto se presentaba como única tabla de salvación para el Barcelona ante la catástrofe inminente que se avecinaba, y poco a poco, siempre liderados por Navarro, los azulgranas fueron haciendo más corta la diferencia en el marcador con parciales notables. La anotación madridista se redujo a la misma velocidad que aumentaba la barcelonista, hasta el punto de llegar a los últimos treinta segundos con dos puntos de ventaja para el Real Madrid y posesión para los de Pablo Laso.

El Barcelona optó por no forzar la falta y dejó hacer a Llull, que falló en la penetración a canasta, facilitando el contragolpe a falta de cuatro segundos. Marcelinho Huertas, sin ninguna canasta en su haber durante los más de 17 minutos que estuvo sobre la pista, tomó la responsabilidad, imprimió velocidad a la salida del balón y se jugó la victoria desde más allá de la línea de triples. En menos de cuatro segundos, toda la ventaja que el Madrid había apuntalado durante los anteriores 40 minutos se vino abajo, llevando el éxtasis a las gradas del Palau Blaugrana, asustadas como pocas veces antes lo habían estado ante el cariz que tomaba la final. Gracias a Huertas, el factor cancha y el favoritismo que esto concede a quien lo posee sigue en poder del Barcelona.

Fotografía: ACB Photo

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