Adler-Olsen pone a prueba al triunvirato “más oscuro” de la policía danesa en “El mensaje que llegó en una botella”

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Portada de "El mensaje que llegó en una botella"

Cuando una botella con un mensaje en su interior flota entre las aguas, pocos navegantes se atreven a rescatarla del oleaje para desvelar los secretos que esconde. Las leyendas marineras consideran que el diablo está en su interior, en la tinta del mensaje que contiene, esperando a ser liberado. Lo llaman “la peste de la botella”. Y así sucede cuando un texto garabateado con sangre humana llega a las manos del Departamento Q de la policía danesa. ¿Qué se esconde detrás de la última señal de vida de dos chicos desaparecidos en los años noventa? ¿Por qué ninguna familia denunció la desaparición de dos de sus hijos? Y sobre todo, ¿quién es el autor de los crímenes?, ¿seguirá en activo? A estas cuestiones se enfrenta el subcomisario Carl Morck en El mensaje que llegó en una botella, la tercera entrega de la saga escrita por el autor danés que más libros ha vendido en la última década, Jussi Adler-Olsen.

Un caso antiguo, sin resolver y al que nadie quiere hincarle el diente. El incidente de la botella reúne los tres requisitos imprescindible para que el subcomisario Carl Morck y sus escuderos, el Departamento Q, se sumerjan en una nueva aventura de intriga y asesinatos. Con el telón de fondo de la crisis económica, los delitos de las mafias del Este de Europa y la manipulación a las que las sectas religiosas someten a sus discípulos,  El mensaje que llegó en una botella (Maeva Ediciones) pondrá a prueba la pericia del triunvirato más “auténtico” de la policía de Dinamarca, ese equipo compuesto por el cáustico Mock, la excéntrica Rose y el misterioso chiíta Assad.

Un cóctel que podría ser un fiel reflejo de la realidad, pero que, como revela Adler-Olsen (Copenhague, 1950) a La Huella Digital vía correo electrónico, no guarda relación con esos sucesos que copan las portadas de los diarios, aunque sí que se inspira en aquello que puede “leerse entre líneas” en la prensa. En definitiva, una novela negra, la del escritor danés, que transita por las miserias de la mitificada –al menos desde España- sociedad escandinava. Una comunidad, asevera el autor, donde “las cosas han cambiado” y que, actualmente, se enfrenta “a una especie de liberalismo de derechas, muy parecido al fascismo”.

De nuevo el Departamento Q y el policía Carl Morck se enfrentan a otro caso antiguo y sin resolver. ¿Se ha inspirado en algún suceso real para confeccionar la trama de esta nueva entrega de la saga?
Nunca, nunca lo hago. Nunca me dejo inspirar por un argumento o alguna trama real, porque sería demasiado sencillo. Esto es lo que se les ocurre de manera general a la mayoría de mis colegas. A mí lo que me inspira es lo que se puede leer entre líneas en los periódicos. Los casos que quizá no están publicados, pero podrían suceder. De hecho, en Dinamarca ha coincidido el lanzamiento de uno de mis libros con un caso parecido que sale a la luz. El mismo día en que lanzamos El mensaje que llegó en una botella, salió en los periódicos que una secta religiosa abusaba de sus niños. No sé si es coincidencia, casualidad… Hay que seguir un poco los tiempos que corren y eso te da muchísima perspectiva. La gente me pregunta por qué soy tan malo y yo les respondo: “¡Lee la prensa, son mucho peores que en mis novelas!”.

Hábleme del proceso de investigación previo a la escritura del libro. ¿Recabó información sobre las diferentes sectas presentes en Dinamarca? ¿Sobre las mafias del Este de Europa? ¿Intentó sumergirse en la mente de un psicópata, de una asesino en serie para construir uno de los personajes principales de la novela?
A las dos primeras preguntas respondería que sí, claro; dedico meses y meses a investigar, el proceso es largo. ¡Es la parte más divertida de ser escritor! Si no tuviera que investigar para mis libros, seguramente no escribiría sobre los temas que escribo. Respecto a la última pregunta, ¿por qué tendría yo que hacer investigación sobre cómo son los asesinos en serie si ya tengo uno en mi cabeza? Si no te pones en la mente de ellos, no puedes escribir sobre ellos. Es algo que tiene que ir evolucionando lentamente.

Carl Mock, con sus miserias, su ironía y sus fobias, sigue liderando el Departamento Q. ¿Podría decirme cómo considera que ha evolucionado el subcomisario a lo largo de la saga del Departamento Q? ¿Estamos ante un Morck más humano, más vulnerable y sentimental?
Esta historia empieza en el peor momento de su vida y todavía no ha conseguido dejarlo atrás; ya veréis en la saga que lo peor de ser un ser humano es que es muy difícil escapar de uno mismo. Ahora mismo estoy en Barcelona para escribir, pero sigo siendo igual de perezoso que era en casa, en Dinamarca. Pero evidentemente, Carl Morck se va soltando.

El escritor danés Jussi Adler-Olsen

En cuanto al resto de personajes, Rose, Assad, Hardy…, todos son complejos y sin embargo resultan muy cercanos. ¿Cómo lo consigue?
¿No somos todos complejos? La persona que considera que el prójimo es alguien simple, o bien no se comprende a sí mismo o no comprende al prójimo. Tenemos muchas restricciones que nos autoimponemos. Rose y Assad, aunque parecen personajes libres de espíritu, en el fondo son personas que se ponen muchas restricciones. Es la gracia de este tipo de personas, que parecen muy abiertas pero que usan eso para esconderse detrás. Necesité a estos dos personajes para crear un triunvirato y me dan la complejidad que me permite dar giros en la historia en cualquier dirección y en el momento oportuno.

El departamento de la policía sufre recortes y hasta el patrimonio del asesino ha caído en picado por los efectos del desastre económico. ¿Le apetecía que la crisis apareciera como telón de fondo de la novela?
Cualquier acontecimiento social que ocurra debe ser la estructura que dé forma a todas las historias. Esta es otra historia de carácter político, igual que todas las demás. Afortunadamente, en Dinamarca cuento con el 25 por ciento de todos los lectores, lo que me abre la posibilidad de presentarles el mundo danés tal cual yo lo veo, y soy una persona muy crítica. En cuanto a estructura social, en Dinamarca no teníamos nada que temer. Ahora las cosas han cambiado. Ha aparecido una especie de liberalismo de derechas, muy parecido al fascismo (lamento decirlo, pero es así) y debemos mostrarnos muy críticos con estos cambios. En el último año todo ha cambiado un poco para bien y podemos respirar un poco mejor. Esta historia quizá no es la mejor manera de explicar como creo que debería uno de luchar contra estas cosas, pero en el siguiente libro quedará reflejado de una forma muy clara.

Sus novelas son muy descriptivas, plásticas, al punto de que han sido llevadas al cine. ¿Cree que su paso por el mundo del cómic y la comunicación audiovisual ha influido en este rasgo de su obra?
Más que mi paso por el mundo del cómic, creo que me ha influenciado haber estudiado cinematografía en la universidad. Veo veinte veces más películas que libros leo. Estamos muy acostumbrados a un mundo lleno de imágenes, nos bombardean en televisión, fotografías, cine…, y mi manera de escribir lo refleja. Claro que el mundo del cómic me ha influenciado, aunque no en ese sentido, por el humor, la visión… Lo que me parece importante es que eso me llevó a ser el director jefe en Dinamarca de todos los cómics que se publicaban. Me convertí en hombre de negocios y conocí los problemas que aquello conllevaba.

¿Considera que la novela negra siempre debe tener un trasfondo de crítica social, de denuncia de aquello que la sociedad y sus poderes temen o intentan obviar u ocultar?
Imagínate dos personas en una isla desierta y que nunca han vivido en sociedad. Allí podría montar una novela negra sin problemas, o sea que debería responder que no. Pero he de decir que tienes razón, no hay ninguna historia de interés que no tenga un ‘background’ de este tipo y la sociedad es el mejor de los trasfondos para este tipo de novelas.

Recientemente ha participado en el festival BCNegra. ¿A qué cree que se debe el imparable triunfo de la novela negra escandinava en España? ¿Sigue a algún autor español de la actualidad? ¿Alguno le ha inspirado en sus novelas?
Puedo decir que estar en el festival ha sido estupendo. Debo felicitar a los organizadores. La historia de la librería Negra y Criminal como telón de fondo es fantástica. Me llevo todas las ideas que he cogido y las personas que he conocido para poder enseñárselas al mundo. Me han inspirado muchas cosas de España. Su historia, por ejemplo, me inspira mucho, y también el clima, la atmósfera, el temperamento… ¡Hay mucho de español en mí! De verdad. También me han inspirado autores como Cervantes. Si te fijas en Carl y Assad, recuerdan a la relación entre Quijote y Sancho Panza. Esta novela ya era mi preferida desde bien pequeño. Creo que Sancho Panza es uno de los personajes más vívidos y dinámicos de la literatura, o sea que, ¡gracias España!

No sabría decir el por qué las novelas negras escandinavas son tan populares aquí y podríamos preguntarnos de hecho por qué lo son a su vez en todo el mundo. Creo que los escandinavos somos una mezcla de muchas nacionalidades y somos muy internacionales. Estamos muy influenciados por el mundo que nos rodea a través del cine, la televisión o la literatura. Así que el estereotipo o rasgos españoles pueden verse reflejados en un danés sin problema.

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Imágenes y vídeo: Maeva Ediciones

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