El Masters más protestado de la historia

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Terminó la polémica edición de 2012 del Mutua Madrid Open con el tercer título de Roger Federer en la capital de España, lo que permite al suizo alcanzar la segunda posición del ranking ATP. Sin embargo, el torneo ha estado marcado por la controversia suscitada tras las declaraciones de muchos protagonistas sobre la ubicación de la prueba en el calendario y la denostada pista de tierra azul.

La superficie fue más protagonista que los tenistas

Durante los primeros años del actual siglo, en plena carrera olímpica y con las arcas rebosantes de dinero, Madrid quería demostrar al mundo del deporte su capacidad para organizar eventos del máximo nivel en variadas disciplinas. Pese a la no consecución de los Juegos en 2012 ni en 2016, la capital, que aún continúa inmersa en la lucha por albergar los de 2020, se hizo con la gestión de importantes torneos y se dotó con vanguardistas instalaciones. El mejor ejemplo de la notoriedad que se buscaba fue la millonaria construcción del recinto de la Caja Mágica. El nuevo pabellón se unía a otros ya existentes en la capital, y su objetivo era albergar el Masters que se disputaba en Madrid. La ciudad llevaba desde 2002 organizando este torneo sobre pista rápida y en el Madrid Arena de la Casa de Campo, pero en 2009 se cambió a la nueva ubicación y a la tierra batida.

Madrid carecía de torneo de tenis de nivel internacional. En Barcelona, el Torneo del Conde de Godó se disputa desde hace más de cincuenta años, pero la capital no contaba con experiencia en este tipo de eventos. La voluntad de los organizadores de la nueva cita fue la de situar el Masters de Madrid como una referencia en el calendario. Se deseaba que en pocos años la nueva competición se convirtiera en el quinto grande de la temporada, por detrás de los cuatro ‘Grand Slam’ de dos semanas de duración. Durante los primeros años aquella aspiración estuvo cerca de ser realidad. El torneo deparaba finales para el recuerdo (como la victoria de Juan Carlos Ferrero sobre Andre Agassi en 2003 o el agónico primer titulo de Rafa Nadal sobre Ivan Ljubicic en la edición de 2005), el público acudía masivamente y las audiencias televisivas respondían. Además, el torneo se celebraba al final de la temporada y no muy cerca de otras citas relevantes. Sin embargo, con el paso del tiempo, aquella atmósfera positiva fue poco a poco cambiando.

El Masters llegó a la Caja Mágica y el torneo empezó a disputarse en una nueva fecha. La nueva instalación, una millonaria inversión (y hasta la fecha lejos de ser rentable), se convirtió en una pasarela de famoseo y butacas VIP. El público madrileño, acostumbrado a los éxitos de los tenistas españoles, pasó a ser más ruidoso y partidista que educado. Además, el flamante recinto tenía problemas para el acceso y el aparcamiento de los espectadores. Por último, la nueva ubicación empezó a molestar a muchos tenistas: no gustaba que se disputara un torneo tan prestigioso la primera semana de mayo, en pleno corazón de la temporada, entre varios Masters de importancia y muy cerca de Roland Garros.

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Ya en 2009, y tras una agotadora final que terminó perdiendo ante su gran rival Roger Federer, Nadal insinúo el problema de la mala situación en el calendario. De hecho, aquella derrota fue el inicio de la peor temporada en la elite del tenista balear, que unos días después de competir en Madrid cayó eliminado en octavos de final del abierto parisino frente al sueco Robin Soderling. Tampoco la altura de la capital española ha gustado nunca a Nadal. El manacorí siempre se ha sentido cómodo jugando al nivel del mar, con una pelota botando más ralentizada. Sin embargo, si un año ha sido prolífico en polémicas, ha sido éste, el primero en que la superficie cambió y se usó una estrafalaria tierra batida de color azul.

Primero fue Nadal, antes incluso de que comenzara el torneo, quien protestó por la nueva superficie resbaladiza. El tenista español ha amenazado con no volver a la competición madrileña si no se cambia la pista. Posteriormente, y tras su prematura eliminación, fue el actual número uno del mundo, el intratable Novak Djokovic, el siguiente en quejarse por similares circunstancias. El serbio también ha dejado en el aire su presencia en 2013 en la capital de España. Según han coincidido las dos estrellas del tenis mundial, la pista carece de adherencia y es peligrosa; tampoco la visibilidad de las líneas de fondo y de la pelota son las más óptimas, según los afectados por tempranas e inesperadas derrotas.

El rumano Ion Tiriac, promotor del Masters de Madrid, y el legendario Manolo Santana, organizador del mismo, han salido al paso de tan vehementes críticas. Ambos han defendido el color de la tierra, aduciendo razones de innovación deportiva y mostrándose partidarios de hacer, en última instancia, lo que les mande la ATP. En cualquier caso, el vencedor del Mutua Madrid Open ha sido Federer, exquisito tenista y dominador de cualquier superficie a quien la discutida arena no parece haber afectado. El triunfo de uno de los más grandes, en una buena final, es una circunstancia a la que podrá abrazarse la organización del torneo. Cabe esperar un cambio en este afán de modernidad y diferenciación –y cierto punto de megalomanía– que lleva rodeando al Masters de Madrid durante los últimos años. Sería buen síntoma que en venideras citas se hable de deporte y de competición, y no de todo este entorno que ha enrarecido el ambiente de las últimas ediciones, especialmente de la recién terminada.

Fotografía: Mutua Madrid Open

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