El legado del payaso

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A lo largo de las últimas semanas he escuchado y leído, y no pocas veces, que en la última ceremonia de los oscars la estatuilla al mejor actor de reparto ha sido otorgada “injustamente”. El ganador de la misma fue el fallecido Health Ledger, y es precisamente en eso en lo que se basa la crítica: “Se lo han dado porque está muerto”. Bueno, el primer apunte que voy a hacer es que a lo largo de la historia de los oscars 7 actores han sido nominados después de su muerte, y solo dos contando a Ledger, lo han ganado. Así que no es una regla universal esa de “a actor muerto, oscar que se lleva”. Otro dato a tener en cuenta es que con solo veinticinco años ya estuvo nominado para mejor actor principal por la película Brokeback Mountain y no creo que muchos actores puedan presumir de eso a tan temprana edad. Pero una cosa es verdad, en los oscar como en todo, puede haber influencias sobre el jurado, y seguramente el hecho de que hubiera muerto daba mucho morbo pero ahora vamos a hablar del último papel de Ledger.

El galardón lo ganó por interpretar el papel de Joker en la última entrega de Batman. Este personaje ha sido interpretado varias veces tanto en cine como en series de televisión. La más relevante es la película de Tim Burton de 1989 en la que Jack Nicholson encarnó al Joker haciendo una gran actuación. Pero Ledger fue más allá. Dejó a la altura del betún la interpretación de Nicholson y representó un Joker que jamás se había visto. Puede que a mucha gente la película no le gustase, o que el genero de película de acción tampoco, pero el oscar al mejor actor de reparto lo que premia es la actuación individual al margen de todo lo demás. Y que Ledger lo hizo más que perfecto es un hecho. Creó un personaje divertido a la vez que macabro, chistoso a la vez que aterrador, creó al Joker que todo el mundo había soñado. Creó una leyenda del cine.

Además no olvidemos que este mismo premio lo ganó Javier Bardem el año pasado. No es mi intención desprestigiar al que creo que es el mejor actor español actualmente, pero desde luego no se lo dieron por su mejor papel. No se si fue mejor o peor que el resto de los candidatos, pero era un papel corto y únicamente de interpretación facial porque apenas hablaba. Curiosamente también hacia un papel de “loco”. ¿Pero realmente alguien se atreve a comparar a los dos? Y a los que se atreven ¿realmente se lo creen? A lo que quiero llegar es que el Oscar que ha ganado Ledger es totalmente merecido y es una pena que haya muerto y no haya podido seguir reafirmándose como el gran actor que era. Y para acabar, aunque parezca muy radical, creo que nadie debería volver a interpretar el papel de Joker para hacer que el regalo que ha hecho Ledger a la historia del cine perdure para siempre.

1 Comentario

  1. Eso de que Ledger deja a la actuación de Nicholson a la altura del betún, permíteme que lo dude. No se pueden comparar, más que nada porque parten de realidades diferentes.

    Mientras que Nolan lo que hizo fue sacar a Batman de su universo y trasladarlo al mundo real; Burton escenificó el universo del superhéroe. Ante esto, es normal que el Joker de Heath Ledger sea más real y humano, como bien dices, hace de un loco (única razón coherente por la que se podría justificar el comportamiento de alguien así por nuestras calles). Uno ve al Joker de Ledger y siente miedo y rechazo hacia él.

    El Joker de Nicholson en cambio no era ningún loco, es un villano de cómic y la impresión que da al espectador es una mezcla de miedo y atracción.

    Las dos son grandes interpretaciones, pero dícilmente comparables entre sí.

    Ledger interpretó un Joker no visto hasta ahora, porque hasta ahora (dejando de lado Batman Begins) no se había tratado la figura del héroe implantada en el mundo tal y como es.

    Lo que sí se podría comparar, por ejemplo, son el Batman de Keaton o el de Val Kilmer y George Clooney. Los 3 juegan bajo las mismas reglas, pero no cabe duda que como Keaton no hay nadie.

    Nicholson y Ledger participan de mundos diferentes. Por tanto, los personajes han de ser diferentes en todo: desde su forma de interactuar con su mundo a lo que transmiten al público.

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