El Lagarce de Broggi

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Juste la fin du monde no es una obra fácil. El teatro de Jean-Luc Lagarce, en general, no es un teatro fácil, pero es un teatro fascinante, igual que lo es su figura, a la luz de los veinticinco años que nos separan de su muerte prematura, a los 38 años. Aunque Lagarce, en vida, se dedicó al teatro como autor, director y dramaturgista, y estrenó algunos montajes en salas conocidas, no fue hasta después de su muerte que su obra empezó a ser descubierta y valorada por la crítica, a subirse a los escenarios y a traducirse a otras lenguas, siendo hoy en día uno de los autores franceses más representados. Su obra teatral es bastante extensa, pero escribió incluso un libreto de ópera basado en el Quijote, un guión de cine, un ensayo sobre teatro y poder en Occidente, y algunos textos narrativos.

Només la fi del món, como la ha traducido –¡y de qué manera tan espléndida!, respetando las filigranas lingüísticas del original– Ramon Vila para el estreno de LaPerla29, fue escrita en 1990, en Berlín, gracias a una beca de escritura que le permitió pasar en la capital alemana medio año. Sin embargo, y aunque ahora está considerada uno de sus mejores textos e incluso forma parte del repertorio de la Comédie Française, en aquel momento fue una obra que rechazaron todos los comités de lectura a los que el autor la presentó. Tras ese desencanto, dejó de escribir obras propias durante dos años. De hecho, esta pieza no se estrenó hasta 1999, ya muerto su autor.

La pieza, que se aleja del Lagarce político y crítico con la sociedad occidental de los primeros tiempos, gira en torno al tema de la familia, del retorno al hogar y, cómo no, de la enfermedad y la proximidad de la muerte. Así, Louis, el hijo mayor, regresa a su pueblo natal para visitar a su familia y comunicarles que está enfermo y morirá pronto. Se fue siendo muy joven, han pasado muchos años, y apenas han tenido noticias suyas, de modo que su visita supone un acontecimiento en la casa, donde le esperan su madre, su hermana pequeña, su hermano y su cuñada, a quien ni siquiera conocía. Las situaciones se precipitan, los rencores y las cuentas pendientes afloran, y Louis no termina de encontrar el momento para transmitir su mensaje.

Sin embargo, y a pesar de lo que pudiera parecer con esta descripción, lejos de caer en un drama familiar al uso, Lagarce plaga las intervenciones de sus personajes, que podrían considerarse en su mayoría monológicas, de un subtexto tan potente que la tensión que desprenden tambalea la escena. Y eso es exactamente lo que Oriol Broggi ha sabido plasmar a la perfección en su propuesta dramática, con un elenco de actores especialmente acertado, compuesto por Muntsa Alcañiz, Clàudia Benito, Màrcia Cisteró, Sergi Torrecilla y David Vert. Todos ellos ofrecen el texto al espectador desde la verdad más íntima sin caer apenas en sobreactuaciones, en giros forzados, en momentos faltos de naturalidad. Y no es tarea fácil con un texto como el que propone Lagarce.

Pero Broggi y el resto del equipo artístico ofrecen al espectador una pieza cuidada, mimada, sin elementos superfluos, que potencia precisamente la interpretación actoral y la palabra, en una puesta en escena sobria, sencilla, pero absolutamente penetrante y abrumadora gracias al ritmo, a la cadencia de lo dicho, a la tensión de los silencios. Así se nos evidencia ante lo bien resuelto del espacio, que nos deja ver y no ver, o ante la gestión de la gestualidad y de lo físico en los personajes y, sobre todo, entre los personajes.

Només la fi del món no es una obra fácil y, a pesar de ello, Broggi y el elenco consiguen que lo parezca, que fluya, que Lagarce llegue al espectador a través de unas interpretaciones medidas y que la tensión ante los acontecimientos se mantenga durante las dos horas de función. Vale la pena pasarse por el teatro de la Biblioteca de Catalunya a disfrutarla.

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