El lado más austero y humano del incorruptible Maximilien Robespierre

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El escritor Javier García Sánchez publica Robespierre, una nueva novela sobre el controvertido personaje francés. En esta ocasión, el autor presenta a Robespierre como un personaje muy alejado de ese carácter sanguinario e inhumano que muchos le atribuyen.

¿Fue Maximilien Robespierre el verdadero protagonista de las atrocidades del Terror? Esa es la pregunta que muchos estudiosos de la historia se han ido planteando a lo largo de los años. La creencia general es que, efectivamente, Robespierre era un personaje despiadado, adalid de la guillotina y uno de los cabecillas del período revolucionario, siendo responsable por tanto de la ejecución del rey Luis XVI. Pero Javier García Sánchez parece no compartir este punto de vista.

Presentada como una mezcla de ensayo y novela (aunque están más presentes los rasgos de la primera), García Sánchez revisiona en Robespierre la figura del líder revolucionario, construyendo un personaje que poco tiene que ver con los crímenes que tradicionalmente se le han atribuido. Lejos de ese espíritu monstruoso, Robespierre es aquí un hombre austero, comprometido con el pueblo pero sin obsesionarse con los llamados “enemigos de la revolución”. En definitiva, una persona incorruptible, sin llegar a ser un símbolo de la libertad y los derechos humanos pero tampoco imbuido de ese carácter delirante del que siempre le hemos creído poseedor.

Al comienzo de la novela, el papel protagonista recae en Sebastien-François Preçy, un joven provinciano que llega a París durante el año 1793, fecha en la que podemos situar el comienzo del Terror. Sebastien asiste a todo un espectáculo anárquico, en el cual se erige como mayor símbolo la guillotina, conocida coloquialmente como “La Máquina” y a la que todos los parisinos respetaban casi con veneración. Como dice García Sánchez, “estaba allí para recordar, y no para ser mirada”. En cierto modo, el escritor traza un cuadro literario sobre las ejecuciones muy parecido al que en su momento elaboró Dickens en el clásico Historia de dos ciudades: un relato lúgubre, sensorial y realzando el caos que en aquellos momentos inundaba las calles de París.

Pero este inicial protagonismo de Sebastien parece que no es más que una excusa para presentarnos a la verdadera cabeza visible del relato, Maximilien Robespierre. Desde otoño de 1793 hasta su muerte, Robespierre fue el auténtico líder de la Revolución Francesa, desde su posición como miembro del Comité de Salvación Pública. Acompañado en muchas ocasiones por Antoine de Saint-Just, el cual era conocido como “el arcángel del Terror”, los discursos de Robespierre contra los supuestos conspiradores antirrevolucionarios son la base de los que creen en su temperamento implacable. Sin embargo, García Sánchez valora aquí el carácter tímido de Maximilien, quien en la novela se muestra muchas veces dubitativo antes de afrontar la tarea de hablar en público. Finalmente, el 28 de julio de 1794, (10 de Termidor según el calendario revolucionario), y tras el golpe de estado por la conocida como Convención Termidoriana, Robespierre es arrestado y ejecutado en la guillotina. Murió el hombre, nació la leyenda.

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