El juicio al expresidente Morsi se aplaza hasta enero

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Egipto comenzó el pasado lunes el juicio al depuesto presidente Mohamed Morsi. Después de cuatro meses en paradero desconocido, el representante de los Hermanos Musulmanes, acusado de “incitación a la violencia”, alegó ser el presidente legítimo y denunció la ilegalidad del tribunal. Una jornada intensa, no exenta de altercados, que terminó con el aplazamiento del proceso hasta el próximo 8 de enero.

Morsi“Soy el presidente legítimo y no acepto la legalidad de este tribunal”, así de contundente se mostró Mohamed Morsi durante la primera sesión del proceso en el que se le juzga, acusado de incitar desde el Gobierno al asesinato de sus detractores. Acompañado por otros 7 de los 14 acusados que no han huido de la justicia, consiguieron que el juez Ahmed Sabri Youssef aplazara el proceso hasta el 8 de enero, a la vista del caos generado por las protestas. Fue la primera aparición pública de Morsi desde su detención el 3 de julio tras el Golpe de Estado. Las autoridades blindaron la Academia de Policía de El Cairo, donde también se realizó el proceso de Hosni Mubarak, y prepararon un dispositivo de seguridad que incluía a más de 20.000 efectivos. Pese a las manifestaciones convocadas por los Hermanos Musulmanes la jornada concluyó sin grandes altercados.

El juez Sabri Youssef apenas había leído los cargos de los acusados, cuando éstos empezaron a corear gritos contra el tribunal y los mandatarios del Gobierno interino. El rais depuesto se negó a aceptar a Selim al Awa como defensor en protesta contra la legalidad del proceso. Lo que sumado a los 7000 folios de sumario que debe analizar el tribunal terminó por bloquear el proceso. Tras la sesión, Morsi fue trasladado a la prisión de Burg al Arab en Alejandría.

Al primer presidente elegido democráticamente en Egipto, se le acusa de incitar al asesinato de la oposición durante su etapa de Gobierno. Los hechos denunciados se refieren a la noche del 5 de diciembre de 2012 frente al palacio presidencial de Ittihadiya, donde se enfrentaron partidarios y detractores. Los disturbios terminaron con 8 muertos y más de 600 heridos, Morsi fue acusado de “incitación a la violencia”. También se le juzga por otros cargos de secuestro, asesinato y espionaje.

Mientras tanto, el Gobierno interino presidido por Adly Mansour y liderado por Abdel Fatah al Sisi, ministro de defensa y considerado verdadero hombre fuerte, continúa con su particular hoja de ruta. En un intento de recobrar la apariencia democrática se está redactando una nueva Constitución, alejada del carácter islamista que tuvo la elaborada durante el Gobierno de Morsi. Así mismo, se han programado elecciones parlamentarias para febrero o marzo de 2014. Todo ello con la aprobación y respaldo de Estados Unidos, especialmente interesado en la estabilidad del país de cara a su posición como zona estratégica y a sus relaciones con Israel. Al mismo tiempo, un tribunal de apelaciones de El Cairo ha rechazado el recurso presentado por los Hermanos Musulmanes contra la resolución del 23 de septiembre, que pedía su disolución y la confiscación de sus activos. La cofradía islamista vuelve a la ilegalidad como en tiempos de Mubarak.

Egipto continúa en estado de emergencia tras meses de violencia. Han pasado dos años desde la primavera árabe sin ningún resultado eficaz y con muchos interrogantes planteados acerca del proceso democrático. Mientras, los militares mantienen el control del país tal como vienen haciendo desde hace décadas.

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