El jovencito Frankestein

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Un científico loco. Un jorobado aún más loco vestido de monja. Un inspector con un monóculo encima de un parche. Y un brazo de metal. O de madera, yo que se. Mujeres que cuando se excitan cantan ópera. Un tío grande y feo, sin tornillos en el cuello. Efectos especial…especialmente jocosos. Y blanco y negro.
Fantástico el jorobado Igor (Marty Feldman). Un gag todo él. Parece más monstruo que el monstruo. Eso sí, con bastante más gracia. Los brillantes ojos de Gene Wilder, que interpreta al nieto de Victor Frankestein, se clavan en la pantalla incitando a la locura. Y el Inspector Kemp, máximo icono del absurdo. Son los elementos clave de este alocado metraje.

Una delirante cinta, producida en la década de los 70, cuyo fin era parodiar las adaptaciones cinematográficas de la novela Frankestein, de Mary Shelley. Pero sobre todo supuso un grandioso homenaje al indómito personaje de terror que todos conocemos por el nombre de su creador.

Aunque se estrenara en 1974, tanto los recursos técnicos utilizados como su estructura narrativa son propios del cine clásico. De esta manera el director Mel Brooks potencia la sensación de que estemos presenciando la segunda parte de Frankestein, estrenada en 1931. Eso sí, surrealista ella sola.

1 Comentario

  1. Desternillante película y buena (aunque escueta) reseña.

    La escena en la que Igor dice que el cerebro que cogió era de un tal AB Normal (“abnormal”) es tronchante. Por cierto, incluso la muerte del actor que lo encarnó (Marty Feldman) fue curiosa: falleció tras ingerir comida envenenada en México. No sabía que la comida mexicana llegase hasta esos extremos; en mi caso, nunca pasó de unos ardores.

    Polanski ya abrió el camino de parodia al cine de terror con El Baile de los Vampiros (1967). Altamente recomendables ambas cintas.

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