‘El jardín de hierro’: los límites de una conspiración

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Nocturna publica El jardín de hierro de Gema Bonnín, una novela de fantasía con claroscuros, en la cual la contraposición entre el bien y el mal se diluyen; el rencor y el perdón son dos armas de doble filo. No obstante, es un libro de hadas, ¿no suelen ser relatos cargados de luz? Tal vez no. Ana María Matute decía que “Todos los cuentos de hadas son inmorales, amorales, sanguinarios, crueles, poéticos, dulces, esperanzadores, perversos e inocentes. El cuento de hadas es la voz del pueblo”.

Un hada malvada maldice al heredero del rey. El monarca las declara non gratas. Da comienzo a una fuerte confrontación entre humanos y feéricos, quienes se ven como enemigos naturales. Los años han pasado, la situación se ha enfriado hasta el punto en que los seres mágicos y los príncipes del reino vecino comienzan a barajar la posibilidad de firmar la paz. Como símbolo de buena voluntad por parte de las habitantes de la hondonada, mandan a una embajadora a convivir en palacio para unir a ambos pueblos. La elegida no es otra que una mestiza medio humana, medio hada: Elvia de Otoño. Sin embargo, los detractores existen, como el primogénito maldito con licantropía por culpa de estos seres alados. Limar asperezas y alinear posiciones no es un camino sencillo; todavía menos factible si el pasado tortura si no se aprende de la historia, ni se perdona. ¿Será posible la conciliación en un contexto hostil? ¿Elvia conseguirá acercar posturas? ¿El rey permitirá que su pueblo no rechace a las habitantes del bosque?

Gema Bonnín nos trae una historia con un gran bagaje cultural detrás de sus líneas: maldiciones, bestias, amores entre diferentes bandos o estratos, tensiones palaciegas que nos hacen recordar a cuentos de hadas (La Bella Durmiente La Bella y la Bestia), incluso existen ecos a obras clásicas como las de Shakespeare (Romeo y JulietaHamlet). Grandes mitos de la literatura europea se trabajan en un libro que actualiza la relación humana con pensamientos actuales. De este modo, se confrontan una sociedad patriarcal y machista con una visión feminista, por ejemplo. Dos culturas que, a pesar de los cambios, los miedos intrínsecos al ser humano son compartidos: temor a lo nuevo y a lo desconocido. El jardín de hierro, además, entona un canto a la cultura, al arte, a la historia, a la filosofía, a la escritura. Introduce pequeños o grandes guiños a la base de una sociedad capaz de lo más hermoso y lo más atroz.

Nocturna nos trae una obra sobre hadas en la línea de otras novelas juveniles como la trilogía de Secretos de la luna llena de Iria G. Parente y Selene M. Pascual o la saga El destino del hada de Sara Herrera. Así pues, se crea una obra con ecos del mundo actual y de algunas de sus problemáticas actuales. El jardín de hierro es una lectura ágil, con un lenguaje que juega a simular uno añejo —sin dificultar por ello su lectura o resultar farragoso—, creando, de este modo, un clima de leyenda. Una historia fraguada a fuego lento, permitiendo ver todos los recovecos del avance y evolución de los protagonistas. Su narración deja pistas. Estas se unen desde el planteamiento de la trama, hasta el nudo llegando a un desenlace con aristas que dan luz y ensombrecen algunas decisiones de los personajes. El jardín de hierro se alza como una lectura muy recomendable. Si buscáis una historia de fantasía con corrientes de la tradición literaria, cargada de intrigas, convivencia y aprendizaje de unos personajes que lidian con su realidad, no os la perdáis.

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