El intelectual acomodado frente al disidente

0
286
Fuente: Teatrebarcelona

Acercarse al teatro de Václav Havel es siempre una buena opción. Hace unos meses contamos en la cartelera catalana con Vernissatge, a la que ya dedicamos una entrada en esta revista. Ahora llega el turno de Protesta (1978), emparentada con la anterior por el personaje de Vánek, que da unidad a la trilogía formada por las dos obras citadas y por Audiencia.

Protesta, sin embargo, es una pieza mucho más política. El disidente, Vanek, dramaturgo perseguido y que ha salido de la cárcel no hace mucho, acude a casa de un antiguo compañero. Este, que se ha acomodado al régimen totalitario y forma parte de la intelectualidad oficial, pretende pedirle que se encargue de promover una protesta a favor de un cantautor que ha sido preso. Su interés en el joven músico no es otro que el hecho de que sea la pareja de su hija, quien además está embarazada. Vanek le muestra que esa protesta ya está en marcha y que se están recogiendo firmas, y le insta a incluir su nombre en la lista.

La obra se articula sobre la conversación entre los dos hombres y el desenlace de la misma. Vanek es claramente un trasunto del propio Havel, y en la obra tiene un papel de espectador prudente del discurso del intelectual, retratado con intencionalidad para dejar al descubierto los sofismas de su argumentación y la hipocresía que desprende. Este texto, a pesar de haber sido escrito en unas circunstancias políticas muy concretas y referenciales, es extrapolable incluso a nuestros días, porque alude a los mecanismos de poder y a las estrategias que permiten acallar a una mayoría social que se resigna y mira hacia otra parte, aunque eso le suponga algunos conflictos de conciencia.

Así ha querido remarcarlo también en su puesta en escena Jordi Casasampera, director del montaje que puede verse durante este mes de marzo en La Seca Espai Brossa. La dirección denota la atención por el texto del autor, así como por el trabajo actoral, ya que los dos intérpretes, Jordi Gràcia y Carles Goñi, infieren todo un carácter a sus roles que se pone de manifiesto con su sola presencia física en el escenario. El personaje del intelectual, quien lleva la voz cantante, se nos presenta con una arrogancia mal disimulada que encarna, casi a modo de caricatura, Gràcia; mientras que Vánek, prudente y respetuoso ante todo, atiende a los ejercicios retóricos de su antiguo amigo, y muestra la buena actuación del silencio por parte de Goñi. El resultado final es un espectáculo de algo más de una hora, con un texto intenso y salpicado con toques de comicidad, que convence al público y le mantiene interesado en el conflicto escénico en todo momento.

Dejar respuesta