El infortunio de Luis Rosales

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Una gran relación de amistad le unía a Lorca, ni la ideología ni la distancia que en ocasiones les separaban les hizo perder esta unión, solo aquel suceso pudo alejarlos de por vida.

A Luis Rosales y a Federico García Lorca les tocaron vivir uno de los momentos más difíciles de toda la historia española. Era la época del 36, la sociedad se dividía en dos bandos, y no importaba nada, el único objetivo era ganar al de enfrente. Ninguno de ellos sospechaba que el mantener una amistad entre ambos iba a tener un trágico final, pero la ideología que no era concepto que se pasara desapercibido, los arrastró a esta desunión.

Luis Rosales, poeta galardonado con numerosos premios (Premio Cervantes en 1982) ha disfrutado de una larguísima trayectoria, por ello no sólo se le puede limitar a la Generación del 36, ya que en los años 70 siguió con su labor de escribir. Toda su vida quedará marcada por la guerra civil, y por los sucesos que ésta acarrearía, como fue la pérdida de su íntimo amigo Federico García Lorca. Rosales pertenecía al bando falangista al igual que su núcleo familiar, lo que contrastaba con la ideología del poeta del 27. En cambio, esto nunca fue un grave problema para ambos, tenían una gran amistad, y además para Rosales la política nunca fue argumento en sus poemas, no le era muy importante. Sus poemas siempre estuvieron ligados al lado humanista, se servirá de imágenes cambiantes para mostrar lo cotidiano, al igual, emplea el desarraigo poético para alcanzar el toque religioso, como ocurre en sus primeras obras como Abril (1935). El intimismo de sus obras podría considerarse su seña de identidad, y también el gusto por el clasicismo.

Durante la guerra civil Rosales refugió a Lorca en su casa de Granada, hasta que finalmente fue detenido el 16 de agosto del 36. Se le acusó de “rebelde” y pocos días después será fusilado por aquellos que primeramente fueron en su busca. Rosales tuvo más suerte que su amigo, pues tras pagar una cantidad de dinero le dejaron en libertad, aún así se le achacarán de traidor.

Tras el final de la guerra, Luis Rosales, y la mayoría de los escritores que subsistieron en el país, trataron de seguir con la vida que anteriormente llevaban, una vida cultural. El poeta comenzó a desarrollar con otros autores diversos proyectos como fue la revista de El Escorial, y también colaboró en el ABC madrileño entre otros. La vuelta a la poesía se hacía más difícil, pero poco a poco se recuperaba en silencio de la fatídica guerra. El año 1949 fue decisivo para toda su trayectoria, pues publicará La casa encendida, considerada su obra cumbre en la que recuerda el núcleo familiar, la infancia, el amor y sobre todo la amistad. Además lanzará el manifiesto político de la poesía total (como él la llamaba) en la revista Espadaña, y comenzará un viaje hacia la embajada poética Hispanoamericana, la cual tuvo gran influencia tanto en su poesía como en su vida.

Figuras intelectuales como Agustín Foxá o Leopoldo Panero viajaron con Rosales hacia Hispanoamérica con el objetivo de difundir allí nuestra cultura, y a su vez permitir que ésta llegase a España. El viaje se efectuó por diversos países como Cuba, Panamá o Venezuela, a pesar de la gran labor que pretendían hacer a través de este viaje, el recibimiento en algunos de ellos no fue de buen agrado. Comenzaron a difundir datos falsos de los autores, e incluso se llegaron a realizar fotomontajes para demostrar que el objetivo del viaje no era expandir la cultura, sino divulgar ideas franquistas, al ser acusados de venir de la mano del caudillo. Junto a estas erróneas divulgaciones también se unen los continuos ataques a la figura personal de Luis Rosales. Achacado de haber traicionado a Lorca, de haberlo vendido a los falangistas, a lo que él nunca respondió absolutamente nada, aún así ese silencio que guardaba estaba profundamente lleno de rabia y dolor por la desagraciada muerte de su queridísimo amigo Federico.

Pasaron los años y a pesar del tiempo Luis Rosales nunca pudo quitarse de la cabeza la imagen de su amigo, pues la sociedad siempre se lo recordaba, a pesar de ello él decidió seguir en silencio. Fue ya en los últimos años de su vida cuando en una de las partes de su obra La carta entera dedicaba a Lorca unos poemas (Nueva York después de muerto), pero nunca llegó a terminarla.

Luis Rosales nunca olvidó a su compañero, su muerte dejó marcada su vida y nunca más volvió a creer en la política, ni en la sociedad, según declaró años atrás.

Fuentes del texto:
http://bucarest.cervantes.es
Conferencia del Centenario Luis Rosales, por MªCarmen Díaz de Alda
Fuentes de las imágenes:
http://www.revistadearte.com

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