El infinito

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El interruptor de la vida de Mario Benedetti se apagó para siempre. La voz de las letras uruguayas ha muerto, y con ella se van los retazos de mi primera adolescencia. Los versos de Corazón coraje; Te quiero o Ustedes y nosotros aplacaron la rebeldía de mi joven corazón. Las palabras y verbos que nos regaló Benedetti en Viceversa o Pasatiempo siguen conjugando el relato de mi vida. Una narración obligada ahora a quedar inconclusa, o quizá simplemente condenada a ser reescrita una y otra vez recurriendo a sus poemarios.

Benedetti se atrevió con la novela, el ensayo, el teatro, pero sobre todo fue un poeta con mayúsculas. Convertido en el eterno exiliado viajó por el mundo víctima de la represión política. Cuba, Francia, Argentina o España fueron destino e inspiración del escritor uruguayo. De sus gentes y culturas bebió Benedetti para escribir una obra que es un canto a la solidaridad y al amor. Mario Benedetti ilustró con letras los sentimientos más profundos y Pablo Milanés o Luis Pastor fueron algunos de los encargados de ponerles música. La desaparición de su esposa Luz López Alegre víctima del Alzheimer removió el interior y la obra del poeta y sus escritos comenzaron a girar de forma casi enfermiza en torno a la muerte. Una angustia que atenaza al lector de ‘Vivir adrede’, uno de sus últimos regalos.

Su etiqueta de autor comprometido le apartó de los grandes premios literarios. No se llevó el Cervantes ni el Nobel de Literatura, pero en su último adiós se lleva el aplauso unánime de público y crítica. La existencia terrenal de Benedetti ha finalizado. Ha muerto el hombre y ha nacido la leyenda. Sus más de ochenta obras quedan como testigos impertérritos de su inmortalidad.

Fuentes de la foto:
http://certeza.files.wordpress.com/2008/09/mariobenedetti.jpg

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