El impacto ambiental del agua embotellada

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Una botella de este plástico abandonada en un entorno natural puede tardar hasta 1.000 años en biodegradarse. Por su parte, los envases que llegan a las incineradoras aumentan los riesgos de emisiones tóxicas, pudiendo generar subproductos nocivos como el gas clorado o ceniza.

No todos conocemos el problema ambiental que supone el consumo de agua embotellada. Tendemos a pensar que el agua de las botellas es mucho mejor que la que podamos obtener del grifo, pero esto no es verdad, en muchos casos es simplemente agua filtrada y ni siquiera mineral o  mineralizada.  Además, en muchas ciudades la calidad del agua del grifo es muy alta, por todos estos motivos debemos tomar conciencia de que el consumo de agua embotellada genera toneladas de residuos de envases y consume millones de recursos, en el caso de las botellas de plástico, petróleo.

Pero no en todas las ciudades que se puede beber del grifo, en algunas a pesar de que el agua es potable, no es muy recomendable para el consumo humano. Ese es el caso de Canarias o de Baleares, dónde el agua procede en muchos casos de la desalación de agua de mar. El excesivo calor no es uno de los motivos de consumo de agua embotellada, como en ocasiones se dice, porque Baleares supera el consumo de todas las provincias andaluzas. Según las investigaciones del Earth Policy Institute, una organización dedicada a la promoción del desarrollo sostenible, el consumo de agua embotellado ha crecido incluso en lugares donde el agua es de calidad suficiente como para consumirla. Esto provoca un aumento innecesario de residuos y por supuesto, el gasto de los residuos y de energía.

España ocupa el quinto lugar en el consumo de agua mineral en el mundo. Aún así desde que empezó la crisis cada vez son más los españoles que aunque no les gusta el sabor del agua del grifo, se decantan por esta, directamente del grifo o previamente filtrada. Las comunidades con un consumo más alto son Baleares, Cataluña, Comunidad Valenciana, Castilla la Mancha, Murcia y Aragón, en cambio las comunidades más ricas como Madrid, País Vasco o Navarra, son las que menos consumen.

Extraer el agua de sus lugares de origen para embotellarla puede provocar graves desequilibrios medioambientales y económicos, especialmente en aquellos países en vía de desarrollo. Al ser transportada al lugar donde va a ser consumida también se incrementa la contaminación producida por el uso de combustibles fósiles. A  todo esto hay que sumar los 2,7 millones de toneladas de plástico para embotellar el agua. La mayoría de las botellas están hechas de polietilen tereftalato (PET), un plástico derivado del petróleo, este tipo de plásticos acaba con el paso del tiempo desprendiendo determinadas sustancias, como el antimonio o el bisfenol A, perjudiciales para la salud, de ahí que se recomienda evitar rellenarlas o guardarlas de manera prolongada, como es tan común hacer.

Por tanto, llegamos a la conclusión que los dos mayores inconvenientes que tiene el consumo de agua embotellada son el impacto medioambiental y el precio de la misma. Se está pagando hasta 5.000 veces más por cada litro de agua embotellada de lo que se paga por el agua de grifo. En este sentido, un 58% de los españoles gasta hasta 10 € al mes en agua embotellada.  Al contrario de lo que ocurre en el resto de Europa, donde consumen agua con gas, las aguas sin gas representan la gran mayoría de la producción (más del 90 %), mientras que las aguas con gas sólo suponen un valor inferior al 4%.

Las empresas que se encargan del embotellado y los consumidores deberían asumir la política de las tres erres; reducir, reutilizar y reciclar, para de esta forma alargar la vida de las botellas o reducir su impacto.

 

Fotografía: Pixabay

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