“El horno no funciona” en la casa de Camille Vannier

0
240

Todas las cosas tienen sus pequeños defectos. Puede que no se vea en un primer momento, pero siempre termina por aparecer esa mácula que elimina la perfección del paisaje. Un grifo que gotea de forma incesante durante toda la noche, la ventana que no cierra del todo y deja pasar el aire gélido del invierno, el mando a distancia que no cambia de canal por muy fuerte que se opriman los botones… Si esto ocurre con aparatos de alta tecnología, muebles fabricados industrialmente o accesorios desarrollados con esmero artesanal, ¿qué nos puede sorprender en el caso de los seres humanos, cada uno con sus rarezas, manías y locuras varias?   

Con mucha más sutileza, esta es la cuestión que Camille Vannier se plantea en su ópera prima como ilustradora, El horno no funciona (Sins Entido), una obra en la que esta joven francesa relata su experiencia de siete años compartiendo piso en Barcelona, ciudad a la que se mudó en 2004 para cursar estudios en la prestigiosa Escola Massana.

Las páginas de Vannier (París, 1984) rebosan anécdotas y momentos cargados de humor, pero tampoco faltan esos días en los que uno lanzaría por la ventana al chico que duerme en la habitación de al lado y que se empeña en comer siempre con el mismo tenedor. Porque de todo tiene que haber cuando se ha convivido con quince personas distintas, cada una de su padre y de su madre, pero que a la postre conforman una suerte de familia con la que se ríe y se llora, se sufre y se goza, se juega y se pelea. Y es que elegida o no, “la familia siempre es un follón”. 

La Huella Digital charla con la autora sobre un libro ganador del Premio Injuve 2010 en la modalidad de Ilustración y el Junceda 2011 en la categoría de Futuros Creadores.

¿Cómo nace la idea para El horno no funciona?
Fue mi proyecto de final de curso en mi último año de Ilustración en la Escola Massana. Quería contar algo personal, algo sobre mi estancia en Barcelona. Empecé a dibujar cosas que estaban por casa y me di cuenta de que el piso era como una cápsula del tiempo de toda la gente que había vivido en él. Habían pasado quince compañeros desde que me había instalado allí, me pareció un número impresionante y pensé que hablar de mis recuerdos con ellos sería la mejor manera de contar mi experiencia.

¿Se hace muy dura la convivencia en piso compartido?
Depende de con quién vivas y también va a ratos: hay temporadas que hay como una ola de buen rollo y de repente fases más críticas. Éramos cuatro, la convivencia se hace dura y todo es cuestión de ajustar. Se podría comparar a una receta de cocina: un poco de sal, un poco de harina… Es un equilibrio difícil de conseguir.

¿Cree que, por su forma de contar las anécdotas, se aprecia con quién tenía mejor relación y con quién no?
Creo que sí se nota, pero no está hecho a propósito; simplemente salió así. Hay gente con la que tenía menos cosas que contar o con la que no me llevé muy bien. Estos han sido los más complicados de dibujar, porque me costaba encontrar algo que contar y el propósito del libro no era ajustar cuentas. Pero tenía que hablar de ellos también, porque forman parte de la historia.

Ilustración de "El horno no funciona"

Según su experiencia, ¿se confirma la hipótesis de que los tacos son de las primeras palabras que un extranjero aprende al llegar a nuestro país? ¿Somos muy malhablados los españoles?
No creo que sea algo propio de España. Recuerdo que a los quince me fui de intercambio a Inglaterra y lo primero que pedí a mis amigos ingleses fue una lista de insultos (de hecho aún tengo esa lista, muy útil). Creo que cuando eres joven, conocer tacos es una manera de sentirse integrado… Bueno, a lo mejor digo esto porque yo sí que soy muy mal hablada; me gusta mucho decir tacos.

Y después de tantos años compartiendo piso, ¿no está ya hasta las narices y le entran ganas de irse a vivir por su cuenta?
Hacia el final (es decir, después de siete años) estaba un poco cansada de vivir con gente. Ahora vivo sola y me encanta hacer lo que me da la gana, sin preocuparme por lo que otras tres personas puedan pensar o quieran hacer. No obstante, hecho de menos esos años, y aunque puede parecer raro, añoro las historias de “¿quién ha dejado la luz de la cocina encendida?” o “¿quién se ha bebido mi leche?”

¿Por qué decidió no desarrollar las facciones de los personajes, hacerlos más reconocibles?
Quería que la gente se identificara con ellos. Poner números en lugar caras era como decir “podría ser cualquiera”. Por otra parte, dejé los verdaderos nombres de cada uno, que para mí era más importante.

Comprendo que es una pregunta que temen la gran mayoría de artistas, pero aun así, ¿cómo definiría su estilo?
No tengo ni idea. Lo que podría decir de mi forma de dibujar es que soy incapaz de trazar una línea recta y que dibujo sólo con lápiz, lo que para alguien tan sucio como yo no fue una gran idea. Pero mis padres me enseñaron a sacar partido de mis errores; he intentado mezclar las dos cosas y… ¡voilà!

¿Cuáles han sido sus grandes referentes artísticos?
¡Ésto da más miedo que la pregunta anterior! No voy a hacer una lista, sino que voy a aprovechar para hablar de un libro en particular, uno que me regalaron cuando era pequeña y que ha sido muy importante para mí: Pedro Melenas, del doctor Heinrich Hoffmann. Es una serie de cuentos trágicos para niños donde aprendes que, si desobedeces a tus padres, te pueden pasar cosas terribles. Pero a ver si me entendéis, ¡terribles de verdad! El libro esta ilustrado por el mismo Hoffmann y nunca he leído algo más cruel, justo y divertido a la vez. Definitivamente, es uno de mis libros de referencia.

El horno no funciona ha sido su debut como autora. ¿Qué tal se llevan los nervios de la primera vez?
Pues bien, no me doy cuenta del todo porque estoy en París y no he visto el libro en las librerías. De momento no hay presión, pero me parece que dentro de poco será la presentación y sólo de pensarlo me pongo de los nervios.

Su libro se hizo acreedor del Premio Injuve 2010 en la modalidad de Ilustración y del Junceda 2011 en la categoría de Futuros Creadores. ¿Qué supusieron estos reconocimientos?
Mucha alegría. El Injuve era la primera vez en mi vida que ganaba un premio y casi me da un ataque de histeria cuando me enteré: el viaje a Madrid, la exposición, el catálogo… Fue muy impresionante. Además, durante esos días en Madrid enseñé el libro a la editorial Sins Entido. El Junceda fue otra cosa, el premio de la Asociación Profesional de Ilustradores de Cataluña, algo muy especial. Soy francesa y fue muy emocionante recibir este premio, como si me dijeran: “Formas parte de la familia”.

¿Cómo nace el colectivo Les Golfes?
Unas diez personas de clase se juntaron para alquilar un estudio en Gràcia y crearon el colectivo. Yo me uní un año y pico más tarde, coincidiendo con el momento en que se lanzó la idea del fanzine Rojo Putón.

¿Podría hablarnos de ese fanzine? ¿Qué clase de publicación querían llevar a cabo? ¿Es el título algo más que un aviso?
Surgió de una noche de fiesta, cuando nos dieron la oportunidad de tener un ‘stand’ en el festival Ilu·Station. Teníamos intención de publicar algo juntas en algún momento, pero con esta excusa las cosas se aceleraron. Pudimos trabajar con el formato, el papel y sobre todo las tintas que queríamos. Hasta ahora se han realizado tres números y, con el paso del tiempo, hemos ido cambiando de formato y de tintas, pero conservando el rojo. Un rojo intenso, un rojo putón.

¿A quién se le ocurrió el “Martirio de Adviento“?
No lo sé, porque ahora el colectivo sólo cuenta con Marta Vilches, Judit Armengol, Elia Espinosa y Cristina Daura. Sigo colaborando cada vez que me proponen un nuevo proyecto. Participé en el “Martirio…”, pero sólo como invitada.

¿Cuáles son sus nuevos proyectos a corto y medio plazo?
Les Golfes me ha propuesto colaborar en el próximo Rojo Putón, así que ahora estoy en ello. A más largo plazo, quiero trabajar en otra novela gráfica y seguir colaborando en revistas.

+ Info Camille Vannier:
Página web oficial.
Blog de la autora.

+Info Sins Entido:
Página web oficial.

+ Info Colectivo Les Golfes:
Blog de los autores.

 Imágenes cedidas por Sins Entido

Dejar respuesta