El hervidero galo

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El país vecino vuelve a ser noticia tras la irrupción de una nueva oleada de violencia

En el otoño de 2005 el Gobierno francés decretaba el estado de emergencia. Ha pasado casi un año, y en las calles de París continúan las revueltas que dieron lugar a esa decisión.

Sobresale entre los últimos acontecimientos el incendio de un autobús de Marsella, en el que resultaba gravemente herida una estudiante senegalesa de 26 años.

Ante este nuevo acto de violencia, Dominique Villepin daba luz verde al ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, para que tomase todas las disposiciones necesarias que permitieran la detención de los autores del citado incidente. Según el ministro, la policía trabaja en ello y las pistas señalan la presencia de menores de edad en el altercado.

Por otro lado, el Parlamento francés revisará el proyecto de ley sobre la prevención de la delincuencia urbana. El principal cometido de esta ley consiste en imponer una serie de sanciones que han de servir como ejemplo.

Entre otras medidas, las penas afectarán ya no sólo a los autores directos del acto, como hasta ahora, sino también a aquéllos que respalden o alienten las acciones delictivas.

El Primer Ministro añadió además que los menores podrán comparecer de inmediato ante un juez, otorgando así un carácter ejemplar a las sanciones y evitando el sentimiento de impunidad que puede incitar a otros jóvenes a enfrentarse a la autoridad.

Otra de las disposiciones establece el refuerzo de la videovigilancia en el transporte público y un contacto directo entre los transportistas y las fuerzas del orden. 4.000 policías y gendarmes vigilan las áreas en las que se han registrado más disturbios.

Tras un período de relativa tranquilidad, el orden vuelve a verse trastocado y los ciudadanos galos temen que estos incipientes actos se agraven.

Desde que se extendiera esta situación, hace aproximadamente un año, los métodos empleados por los violentos han derivado en acciones más perfeccionadas. Los ataques que comenzaron hacia coches particulares se dirigen ahora a servicios públicos como los autobuses.

Estas revueltas urbanas se manifiestan principalmente en la periferia y aparecen vinculadas a los barrios más pobres de las grandes ciudades francesas, como París, Lille o Marsella. Buena parte de estas zonas carecen de cines, comisarías o escuelas infantiles.

Didier Bonnet es director de una asociación de revitalización económica de territorios, y advierte sobre el deplorable estado físico de algunas ciudades. Asegura que determinadas regiones son abandonadas a su suerte. Y alerta que esta violencia, convertida en cotidiana, puede estallar en cualquier momento.

Fuentes: agencia EFE, Le monde
Fotografía: www.infobae.com

1 Comentario

  1. Se puede también subrayar lo que ha estado sobremediatizado de estos eventos, por la televisión en mayor parte. El aniversario de estos eventos es un evento generado por la prensa en falta información.

    El descuento de los coches incendiados como un barómetro de la violencia, se percibe también como un incitativo a quemar mas. Ya que los medios utilizan es numero como información “impactante” , pero en realidad no vale de nada…

    Parece ser que lo único que vale son los numeros, la realidad es algo mas complicada, y difícil de analizar, cosa que pocos medios hacen.

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