El grito por la Paz de Bieito en "Los Persas: Réquiem por un soldado"

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Un gran espectáculo. Una gran reflexión sobre un tema controvertido: la guerra en el siglo XXI. Una gran adaptación de Bieito sobre la tragedia de Esquilo trasladada al Afganistán de hoy en día. Saber el porqué seguimos cayendo en el mismo error, aunque ya se sabe, el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra -o tres, cuatro, cinco…- y la historia se repite. Y las guerras se suceden…Irremediablemente sigue habiendo opiniones favorables al conflicto, a lo bélico, a las matanzas, barbaries, violaciones, a la destrucción, a la desesperación, al dolor, a la crueldad….Eso es lo que Calixto Bieito, el director escénico español con más proyección internacional- quiere transmitir con la adaptación de esta obra clásica, o al menos lo que yo he percibido. ¿Por qué el hombre necesita destruir al otro? En realidad, se está destruyendo a si mismo…Y entre tanta tribulación y pregunta sin responder los personajes de “Los Persas: Réquiem por un soldado” brindan por la muerte y se empeñan en demostrar lo “buenísimo” que es ir de misión de paz a Afganistán como soldados de las fuerzas armadas españolas.

Estos personajes son los hombres y la mujer de hoy en día que, en un momento dado, decidieron alistarse, no tanto para salvar a la patria, como para llenar sus mediocres y vacías vidas con algo (tanto o más vacío y mediocre). Cada uno tiene sus motivos para hacerlo: un sueldo, una estabilidad, una vía de escape a su violencia…Son excusas que en el fondo utilizan para evadirse de sus propias miserias, de sus propios conflictos y guerras internas…Pero ese es otro tema.

La obra no se hace pesada. En realidad es amena, entre otras cosas, por una espectacular (literalmente de espectáculo) puesta en escena con música en directo inclusive donde actores y actriz (Natalia Dicenta, Roberto Quintana, Javier Gamazo, David Fernández, Chus Herrera, Ignacio Ysasi) tocan y cantan. En clave de crítica irónica y con toques humorísticos por momentos –aunque con un amargo y dramático sabor final- logran llegar al espectador de forma clara. Directos, sin tapujos, sin fronteras ni cumplidos, ni posicionamientos políticos. La guerra es inútil, no importa el bando en el que estés. “La guerra no termina porque la guerra es eterna”. Es eterna siempre que exista en el alma humana la necesidad de destruir. Y para mantener viva esa “pulsión”, se creará un sofisticado entramado de guerras, conflictos y hasta falsas “misiones de paz”. Además, no nos engañemos. Ningún gobierno de ningún país puede reconstruir a otro. Ni Estados Unidos, ni España, ni Italia…Nadie va a salvar a nadie. Ningún ejército tiene la potestad para decir a otro pueblo cómo debe gestionarse, cuál es el sistema político que debe elegir, cómo deben pensar sus gentes…Se crean víctimas. Los propios verdugos se construyen a sí mismos y a la vez son víctimas de su propia tiranía, ignorancia, prepotencia y autodesprecio. Que se salven primero ellos, y ya si eso, que traten de “ayudar” a otros a salvarse.

Puedes ver la obra en el Teatro Bellas Artes (junto al Círculo de Bellas Artes), hasta el 13 de enero de 2008.  Martes y viernes a las 20.30 horas. Sábados a las 20 y 22.30. Domingos a las19. Precio: 22 y 28 euros. Los miércoles 16 y 22 euros. Venta Anticipada: taquilla de martes a domingo de 11 a 13.30 h. y de 17 h. a inicio de función; en www.telentrada.com de Caixa de Catalunya y en el tel. 902 10 12 12.

Fuentes:
www.guiadelocio.com

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