El gato negro

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Laura Muszka

Mágico, diabólico y sagrado 
que araña mi pasado 
envenenado por la sangre roja
que nunca verá sobre su piel. 

El iris de sus ojos se enciende de noche
cuando él vive y a mí me mata,
vagabundeando en mis sueños,
amando la soledad. 

Así yo muero cada vez que parpadea
y su mirada me dispara
acertando en un golpe certero de fortuna
que siempre termina en locura. 

Dice que la poesía es mentira,
que se envenena con la vida,
que no come restos,
que sus maullidos son eternos. 

La uñas desgarrando mis poros
acostumbrados a sobrevivir a su magia,
luchando contra el mundo paralelo
de verme envuelto en nostalgia. 

Y brindar con el agua impura
a la salud de tu muerte
que vive de noche,
que teme a la desdicha futura. 

Y volver a matarme
a la salud de mi buena suerte
que tendré de por vida,
esa que nadie entiende. 

Sin embargo en tu funeral veré
que tu boca y su sonrisa
son la impenetrable puerta
de mi paraíso. 

Salta y vuela hacia donde quieras
que tú creas dioses por donde vas
y tanteas con tu oscuridad
el poder y la fuerza de mi libertad. 

Soy tu ratón callejero y traicionero
que en los días de desvelo
sale a encontrar tu sueño,
ese que nunca tendrá dueño. 

Esconderme para verte
y sólo encontrar sombras,
aprender de la muerte
y saborear las últimas horas. 

Aunque después de todo
aún te queden seis vidas
y yo solo pueda resucitar. 

Fuente de la imagen: Laura Muszka.

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