El futuro no-Estado Palestino

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El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha aprobado la construcción de 238 viviendas en dos asentamientos situados en Jerusalén Este. La noticia se pudo leer el día 16 de octubre en algunos diarios de tirada nacional.

Este anuncio no sorprende, pues llega en un clima ya habitual: las negociaciones entre las autoridades árabes y las israelíes se encuentran dormidas. El juego político al que nos tienen acostumbrados desde Washington y Tel Aviv está lleno de despistes y, sobre todo, de acuerdos y desacuerdos. Obama aproxima a ambas partes, Netanyahu accede a reunirse con sus mayores enemigos y Mahmud Abbas –presidente de la Autoridad Nacional Palestina- ve cerca una salida a la pésima situación en la que se encuentra su país.

Y de pronto, cuando parece que se van a dar los pasos apropiados para encontrar una solución, una de las partes retrocede y actúa de modo que vulnera los derechos de la otra. El acuerdo, entonces, ha de volver a gestarse. Esa gestación durará el tiempo suficiente para que el tema se diluya entre otra serie de issues, pero sin perderlo por completo porque, cuando sea necesario, volverá a estar en la parrilla de información.

Entonces, ante este panorama, uno se pregunta ¿qué hay de real en todo esto? ¿es el propósito de esta estrategia beneficioso para alguna de las partes? ¿para cuál de ellas? Aunque no existe la verdad absoluta – y mucho menos en un conflicto tan complicado como este-, algunas respuestas para estas cuestiones sí que se pueden dar.

Cuando uno visita el Estado de Israel, los Territorios Ocupados de Cisjordania y el muro en construcción que invade y divide dichos territorios saca, por lo menos, una conclusión obvia: la teoría está muy bien para los manuales de historia y política, pero la práctica es lo que cuenta, es lo que se vive porque constituye el día a día de todos los ciudadanos que allí habitan.

Por tanto, de nada sirve erigirse como el país más democrático de la zona cuando al mismo tiempo se cortan los suministros de agua y luz de las zonas ocupadas durante días que se hacen interminables. No es ni mucho menos sincero entablar relaciones de amistad mientras camiones y grúas siguen edificando el muro que divide todo aquello por lo que pasa –caminos, ciudades, e incluso barrios-. Y por supuesto, de muy poco sirve ofrecer al mundo una visión de paz y reconciliación si la verdadera intención es continuar expandiendo los asentamientos ya establecidos, como se ha podido ver recientemente en la noticia citada.

Lo cierto es que Israel cuenta con una infraestructura descomunal en los Territorios Ocupados. Las redes de transporte y de suministros de energías son cada vez mayores. Son ya un hecho las autopistas –por las que solo pueden circular ciudadanos israelíes, obviamente- dirigidas a unir las numerosas colonias que pueblan el archipiélago político-nacional en el que se ha convertido Cisjordania gracias a los incontables checkpoints, también llamados pasos fronterizos. Asimismo, y por mucho que traten de camuflarlo, cada vez son más los judíos que colonizan todas esas tierras. Igualmente, la autoridad israelí, mediante la policía y el ejército, aumenta su presencia en la zona, teniendo así un mayor control sobre la misma. Ni que decir tiene que el conflicto con los árabes es una parte muy importante de la justificación del Estado de Israel y de su creencia en la necesidad de una fortaleza bien segura y armada que proteja a sus ciudadanos de las hordas árabes que les quieren echar al mar.

Un país, o mejor dicho, un gobierno no lleva a cabo todas estas acciones si no es para asentarse y asegurarse un próspero futuro. Hoy en día, para los políticos de Israel es inviable renunciar a ningún tipo de territorio –lo cual imposibilita volver a las fronteras anteriores a 1967, que es lo que piden los palestinos- porque entienden que es completamente inadmisible conceder un milímetro de lo conseguido hasta ahora. Las construcciones seguirán produciéndose, las colonias seguirán ampliándose y el muro seguirá ganando terreno palestino.

Por todo ello, se puede considerar que todo lo escrito en los papeles es nada. Y se puede decir de forma abierta que las negociaciones que se están llevando a cabo son una cortina de humo para normalizar cada vez más la situación, sin tener ningún tipo de intención de que algún día pueda llegarse a la creación de un Estado Palestino que conviva con sus vecinos israelíes.

Fuentes del texto:
El País, (16 octubre 2010)
Fuentes propias del redactor
Fuente de las imágenes:
Fotografías del redactor

3 Comentarios

  1. Tema dificil de tratar para los que pensais con el dedo que se pone en la tecla. Llevan ya muchos años haciendose los martires y tienen las mejores armas, financiadas por los más ricos y poderosos del planeta. Primero crearón lobys (grupos de presión) y ahora levantan edificios, viviendas, escuelas y centros de produción en terrenos que ocupan con el morro y como dices muy bien con la maraña de autopistas y muro. No se quedaran hay, aniquilaran al pueblo y ojo vendran luego a por todos nosotros. Me gusta que se tenga el coraje de escribir. Animo, ¡a por ellos¡ Pero seria importante saber cuantos al FUTURO NO- ESTADO PALESTINO.

  2. Coño, me he puesto a buscar y veo que eres todo un periodista prolífico! jaja.

    Me mola que digas así de clara la verdad que hay detrás de todo esto, porque creo que es absolutamente obvio que a ningún gobierno ni institución le interesa realmente una mierda que se cree un estado palestino. El colmo del surrealismo o la ridiculez mundial es que el mayor aliado de Israel, EEUU, sea precisamente el que ‘proponga’ tratados de paz… ¿quién se cree eso? Pero bueno, cada 6 o 7 meses todos los medio de comunicación alabarán de nuevo al presidente de turno por sus encomiables ‘esfuerzos por la paz’… todo el mundo tendrá puestas sus esperanzas en esa foto y en ese apretón de manos, jajaja, y algún Nobel más seguro que cae!
    Hasta que no quede ningún palestino con el que hacerse la foto…

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