El futbolista siempre tiene la última palabra

0
179

Si alguna vez un tópico, como el de que los contratos están para romperse, alcanzó su máxima expresión en algún ámbito, ése es el del fútbol. Aún hoy, en la era de los euros y las cifras bancarias intangibles, no conozco a ningún deportista jugando a disgusto en ningún sitio. Por ello, se puede concluir que el que juega siempre tiene la última palabra, diga lo que diga el papel firmado. Es obvio: quién va a querer a un indignado en su nómina de empleados.

Creerá Cesc que sus declaraciones pasadas son muestra inequívoca de un sueño que ha traspasado lo que no debía: su fidelidad a Wenger. Quizás por ello deja ahora todo en manos de los números y se olvida de que si él quiere, el Barça puede. No está la chequera para alborotos y Fábregas no debe ser ingenuo: en el fútbol, ése deporte en el que quiere inmortalizar su nombre, los segundones caen en el olvido. El Arsenal cuenta con tantos proyectos frustrados, que no sé hasta que punto la fidelidad a Arsène puede mitigar la decepción. Y los años que pasan son irrecuperables.

Un esfuerzo conjunto es la solución: Rosell ha de entender que la valía del gunner debe traducirse en una oferta irrechazable y Cesc, por su parte, ayudar a que dicha oferta no desvirtúe los propósitos austeros de la directiva. Y no, no todo queda en manos de los clubes. Si un futbolista no quiere jugar en un sitio, no juega. Y punto.

Texto:
Elaboración propia
Foto:
AP

Dejar respuesta