El fútbol no logra separarse de la violencia

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La violencia aún rodea los estadios de fútbol (Fotografía: Mikael Miettinen)
La violencia aún rodea los estadios de fútbol (Fotografía: Mikael Miettinen)

La importancia del fútbol en la sociedad actual es culpable de muertes y revueltas. A diferencia de otros deportes, este ejercicio de contacto provoca no solo disputas en el terreno de juego, sino entre las diferentes aficiones. Aunque a lo largo de los años se han tomado múltiples medidas para frenar este problema, sigue quedando mucho por hacer.

En la actualidad, los casos de extrema violencia son pocos. Esto no siempre ha sido así. En el pasado, el terreno de juego no estaba separado de la afición, y tanto las invasiones como las peleas con los árbitros eran frecuentes. Para evitar estas salvajadas, se decidió poner vallas de separación entre campo y gradas. Esto no dio el resultado esperado, como prueba el partido que se disputó en Heysel (Bruselas, 1985) en el que murieron varios aficionados asfixiados debido a las avalanchas de hinchas contra las vallas provocadas por los ultras de ambos equipos. Estos terribles acontecimientos hicieron replantearse la idea de las vallas que, finalmente, terminaron por retirarse.

Paralelamente se han ido adoptando otro tipo de medidas: está prohibida la entrada al campo con objetos contundentes (palos o piedras), las medidas de seguridad se han multiplicado, no se sirven bebidas embotelladas con tapón, el grupo ultra se sitúa separado del resto de la afición y se endureció la legislación.

Todas las medidas citadas anteriormente han conseguido que el número de víctimas mortales o de peleas en este deporte haya disminuido, pero la agresión verbal sigue siendo un grave traspiés al que se enfrentan los jugadores cada semana. Las faltas de respeto y los gestos inapropiados no solo incomodan a los futbolistas, sino también es una de las razones por las que muchos padres de familia reniegan de llevar a sus hijos pequeños a ver un partido.

El último enfrentamiento en el que ha destacado la agresión verbal ha sido el Espanyol-Barcelona, el cual finalizó con 0-2. Todos los enfrentamientos de esta índole conllevan insultos por parte de la afición a jugadores del equipo rival, pero esta vez no solo se les insultó a ellos. La cantante Shakira, debido a ser la pareja del jugador del Barcelona Gerard Piqué, fue foco de insultos como “Shakira tiene rabo“. Además, los hijos de Piqué también se llevaron algún que otro insulto. En realidad esto es solo un ejemplo de la falta de educación de buena parte de la afición que ya no solo se conforma con insultar a los jugadores sino que pretende ir más allá arremetiendo contra sus familiares.

Lo dicho anteriormente sigue dejando como duda el porqué de los enfrentamientos. Muchos de ellos no se deben al amor incondicional que profesan, por ejemplo, los seguidores del Atlético de Madrid por su club. Esto más bien son chorradas. Los aficionados no se pelean por defender “sus colores”. Se enfrentan por tener distintas ideas, generalmente, políticas y que nada tienen que ver con el deporte.

Queda una pregunta en el aire. ¿Por qué empeñarse en defender las ideas propias a través de un juego?

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