El fútbol en Europa: descentralizado y de las periferias

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París, Roma, Berlín, Londres y Moscú. Cinco grandes capitales europeas sin campeón de Europa de clubes (de fútbol masculino) hasta mayo de 2012, cuando el Chelsea logró la ansiada orejona. Hubo que aguardar más de medio siglo para que algún equipo de estas ciudades inscribiera su nombre en el palmarés de una de las mejores competiciones del mundo. Similar circunstancia se repite en las respectivas ligas locales: los equipos capitalinos ganan menos trofeos que sus rivales de la periferia. La tendencia se agudiza según transcurren los años. El balompié en el viejo continente es un deporte descentralizado aunque cada uno de los cinco casos esconde rasgos propios que lo hacen diferente.

Francia es una potencia económica y política que tiene en su selección nacional el principal motivo de atención de la hinchada. Sin embargo, la liga local no goza de un desarrollo tan importante como algunas de sus vecinas. Reims, Saint Ettiene, Burdeos, Marsella y Lyon guardaron la fuerza del balompié francés. Cada uno de estos emplazamientos disfrutó en algún período la hegemonía en el hexágono. El PSG, equipo de la capital, sólo ha conquistado cuatro veces Le Championnat. El propio año de fundación del club, el reciente 1971, es un indicador de la poca pujanza de la capital en el fútbol galo. Sólo el Olympique de Marsella es campeón de Europa. Ganó la primera edición de la Champions League, la de 1993, no sin polémica.

El estadio Santiago Bernabéu acogió la final de la Champions League de 2010, que disputaron el Bayern Múnich y el Inter de Milán y finalizó con victoria italiana (0–2)./ Johnny Vulkan (CC)
El estadio Santiago Bernabéu acogió la final de la Champions League de 2010, que disputaron el Bayern Múnich y el Inter de Milán y finalizó con victoria italiana (0–2)./ Johnny Vulkan (CC)

Las diferencias económicas entre norte y sur marcan a Italia. El debate político, social y económico gira con frecuencia alrededor de esta cuestión. Las regiones septentrionales, como Lombardía, Piamonte o Liguria sobresalen respecto a las pobres Calabria, Campania, Apulia o Sicilia. El fútbol calca esa división. Y la fuerza la tienen los tres grandes del norte. Juventus de Turín y Milan e Inter copan el grueso de ligas y la mayor parte de la gloria internacional. La terna suma doce copas de Europa, el total nacional. El éxito lejos de sus fronteras ha esquivado a los dos grandes equipos de la capital, Roma y Lazio. Poco más de cinco ligas, varias copas de Italia y una Copa de Ferias en 1961 (de la Roma) jalonan el palmarés de los vecinos.

Es imposible entender la historia reciente de Alemania obviando la separación del país en dos mitades tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Berlín, actual cabecera federal, estuvo dividida por un muro de más de 40 kilómetros durante casi tres décadas. Durante aquel período, Alemania Occidental experimentó un prolongado crecimiento económico que le devolvió a la vanguardia europea. Sus principales clubes, Bayern Múnich, Hamburgo o Borussia Monchengladbach, conquistaban triunfos también fuera de los límites de la república federal. Mientras, las disciplinas olímpicas como el atletismo, la gimnasia o la natación, copaban la atención en la mitad oriental. El Hertha de Berlín y el Alba Berlín son los principales equipo del lado capitalista. Ambos luchan por un hueco entre las potencias de las cuencas del Rhin y el Ruhr. El Dynamo de Berlín, dominador del campeonato en la zona comunista, sobrevive varias categorías por debajo de la poderosa Bundesliga.

Hasta la primavera de 2012, cuando el Chelsea de Román Abramóvich y Didier Drogba conquistó la máxima competición europea de clubes, ningún equipo de Londres había conseguido proclamarse campeón de Europa, ni en el anterior formato de Copa de Europa ni en el actual de Champions League. Aquel hito terminó con la sequía de la city. Londres, la urbe más poblada del continente y hogar de más de una docena de equipos, entre ellos Arsenal, West Ham o Tottenham, ponía su nombre en el selecto grupo de campeones. El triunfo de los blues permitía romper con la hegemonía de los equipos de provincias, enclavados en ciudades industriales. Manchester United, Liverpool, Aston Villa (de Birmingham) y Notthingam Forest fueron campeones antes. La liga inglesa tiene al United y al Liverpool como referentes en el palmarés, y al Manchester City como vigente campeón. Sorprendentemente, una de las áreas urbanas más futboleras del planeta y con mayor presencia en la élite (como Buenos Aires en Sudamérica) suma menos títulos que ciudades de menor tamaño.

Hecho similar se repite en la vecina Escocia. Glasgow Rangers y Celtic Glasgow son los grandes dominadores de la liga. El derbi entre ambos es uno de los acontecimientos futbolísticos más importantes del mundo. El Celtic, equipo al que apoya la población católica escocesa, se proclamó campeón europeo en 1967, siendo el primero de los no latinos en levantar el máximo cetro continental. Otros conjuntos con cierta tradición son el Dundee United y el Aberdeen FC, radicados en las ciudades homónimas. Alex Ferguson comenzó su carrera en Aberdeen y conquistó la Recopa de 1983 frente al Real Madrid. En Edimburgo, cabecera de la región, no tienen su sede equipos con una trayectoria histórica tan dilatada.

Rusia es un inmenso país, con varios clubes importantes radicados en la capital. Actualmente Rubin Kazán y Zénit de San Petersburgo discuten el poder de Spartak, CSKA y Lokomotiv. Estos equipos buscan hueco entre la burguesía del continente. No les fue mejor durante los años de vigencia de la Unión Soviética. El poderío comunista, mitad de un mundo bipolar, no tuvo reflejo en sus principales equipos de fútbol. Antes de la desintegración fueron el Dinamo de Kiev y el Dinamo de Tiblisi (capitales de Ucrania y Georgia, respectivamente) quienes desafiaron el poder de los equipos moscovitas. Dos Recopas (torneo extinto) ganó el equipo de Kiev y una el georgiano. El de la capital de Ucrania lidera el palmarés de la desaparecida liga soviética.

Un modelo centrífugo rige el fútbol en Europa. La cuna del deporte más popular del planeta tiene en los equipos de la periferia de cada nación a sus habituales campeones. El poder se ha transferido desde el centro hasta las orillas. La propia Ucrania es un buen ejemplo: el Shakhtar Donetsk disputa el liderato en el país al legendario Dinamo de Kiev. Más botones de muestra hay en los casos de Portugal y Holanda. En el país luso, el Benfica ha ido perdiendo pujanza en favor del Oporto, también bicampeón europeo y tirano del torneo doméstico en los lustros precedentes. En los Países Bajos, la hegemonía del Ajax, consolidada en los setenta se alterna con la fuerza del PSV Eindhoven, campeón continental en 1988 y habitual vencedor de la liga local. El Feyenoord Rotterdam fue el primero conjunto neerlandés campeón de Europa.

Cada ciudad, cada país, encierra su circunstancia. Y Madrid es la gran excepción. Los dos grandes del centro de España celebraron 42 ligas y diez Copas de Europa (todas el Real Madrid). Pero en el resto de Europa el patrón parece definido: los equipos de las periferias ganan sobre la hierba a los de las capitales. Las cinco potencias europeas, las más pobladas y las que tienen un PIB mayor, son las más descentralizadas, al menos en lo que respecta al poderío de sus clubes de fútbol.

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