El fracaso de ‘Colonia’ Dignidad

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Chile, 11 de septiembre de 1973. Durante el Golpe de Estado del general Pinochet, Daniel, un fotógrafo alemán simpatizante del gobierno de Salvador Allende, y su novia Lena, azafata de vuelo, son secuestrados por los defensores del régimen.

fuente: sensacine

La policía secreta detendrá a Daniel por ser reconocido como el creador de los carteles sobre Allende, y lo retendrá como prisionero de guerra. Desde ese momento, Lena le seguirá la pista hasta una zona del sur del país llamada Colonia Dignidad. Este lugar, dirigido por un predicador llamado Paul Schäfer, aparenta ser una misión de caridad. Sin embargo, la joven pronto descubrirá que en realidad se trata de un centro de detención y tortura que opera secretamente para la Dictadura Militar. Será entonces cuando Lena decida infiltrarse en esta secta religiosa para rescatar a Daniel.

Colonia, dirigida por Florian Gallenberger (Sombras del tiempo), es un thriller dramático que muestra la realidad sobre una secta que no muchos años atrás causó polémica en todo el mundo.Está protagonizado por Emma Watson (Regresión, Las ventajas de ser un marginado, Harry Potter) como Lena, Michael Nyqvist (Misión imposible: Protocolo fantasma, Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres) como el predicador Paul Schäfer y Daniel Brühl (Capitán América: Civil War, El quinto poder, Rush) como Daniel.

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Cuando lees la mítica frase ‘basado en hechos reales’ de un modo u otro algo se revuelve en tu interior. Vas a poder vivir a través del cine un hecho que marcó la vida de alguien lo suficiente como para ser contado. Eso mismo pensé yo cuando empezó a reproducirse la película en la pantalla; iba a revivir los acontecimientos ocurridos en Colonia Dignidad, las barbaridades que se permitieron bajo el régimen de Pinochet. Era una apuesta interesante, dictadura más secta y Emma Watson.

La decepción no tardó demasiado en llegar. Colonia contaba con un elenco brillante y una buena historia que contar, y aun así, Gallenberger tiró por la borda lo que podría haberse convertido en un gran largometraje. El amor siempre tiene cabida en todo tipo de películas, pero hay casos en los que no debería de convertirse en el tema primordial de la trama. Colonia podría haber sido una película de denuncia, una forma de hacer llegar a todo el mundo la historia de la horrible vida que tuvieron que llevar las personas que vivieron durante décadas en Colonia Dignidad, y las atrocidades que se cometieron durante la dictadura militar de Pinochet. Pero en vez de mostrar todo eso a fondo, lo que vemos son los intentos de los enamorados por volver a estar juntos y escapar de la secta.

La trama contiene ese toque de dramatismo y desesperación que la hace entretenida, pero para ver una película de amantes que intentan volver a estar juntos habría buscado dentro del género romántico, no en el histórico-bélico. Lo que se espera de una película así es que te sobrecoja, que te muestre la cara más despiadada del hombre, que enseñe la tortura del gobierno militar, incluso que dentro de la propia secta se muestre con más detalle los horrores que vivían día a día mujeres y niños. Todo esto se muestra, sí, pero de pasada. Y si es posible obviar al dictador de Chile, mucho mejor.

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Lo único que merece la pena son Emma Watson, Daniel Brühl y Michael Nyqvist, grandes actores que desperdician su talento en una película que se ha echado a perder. Aun teniendo a este gran reparto dando vida a los protagonistas, los personajes carecen de ese toque brillante que hace de la actuación de un gran artista toda una delicia para la vista, por lo que no podemos disfrutar de la actuación de ninguno de ellos. Intentan resumir casi un año de vida en Colonia Dignidad en apenas una hora, por lo que uno no llega a conectar realmente con el personaje, y mucho menos aprecia su evolución y cambio a lo largo de la trama, pues es algo que el director no se preocupa por mostrar. Un ejemplo de ello es Lena, el personaje de Watson, quien sale de la secta tal y como entra, siendo la verdadera realidad completamente diferente. En las condiciones que se vivieron en esa secta, (que la película retrata muy por encima) una persona no podría volver a la vida real sin haber perdido por el camino su esencia. Por muy fuerte que sea el amor entre dos personas, una experiencia tan traumática como la de vivir en Colonia Dignidad no podría conseguir que una persona mantuviese su entereza durante mucho tiempo. Es ahí donde pierde todo el realismo aparentado. La falta de tacto y razonamiento a la hora de crear el desarrollo psicológico de los personajes los deja vacíos, sin nada que ofrecer a un público que busca que se les emocione con sentimientos y vivencias dramáticas. ¿De qué sirve que golpeen hasta la saciedad a un personaje si luego esa misma persona no se muestra afectada por los hechos?

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Por otro lado, encontramos una trama que no acaba de definirse a sí misma; no se sabe si lo que busca es mostrar el fanatismo religioso en estado puro, el thriller psicológico que sufren las personas que viven en Colonia Dignidad o el drama de supervivencia y escape que representan Lena y Daniel. Han juntado un poco de cada, lo han metido en una batidora y han hecho un cóctel desacertado, que no da para mucho.

Tal vez, con un poco más de humanidad y una pequeña muestra de la dictadura en su estado puro  podría haberse encauzado la película. Una vez más vemos como no todos los directores de cine están preparados para llevar a la gran pantalla una historia basada en hechos reales, y conseguir que sea todo un éxito a la altura de En busca de la felicidad, Lo imposible o La lista de Schindler, verdaderos dramas históricos.

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