“La FIFA es el FMI del fútbol”

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¿Es la Copa del Mundo una pista de despegue para Brasil o un negocio más de la FIFA? El máximo organismo balompédico quiere prohibir la comercialización de productos de empresas “amigas” en un radio de dos kilómetros alrededor de los estadios durante el próximo mundial. Más de 170 mil personas se han visto obligadas a cambiar de hogar. Sus casas son hoy modernos estadios y centros comerciales, construidos para reforzar el espectáculo. Símbolo de progreso para una de las grandes economías emergentes y que, en palabras de la FIFA, “ayudará a modernizar la sociedad brasileña”, todo ello a pesar de que muchos de sus ciudadanos no tienen garantizadas las indemnizaciones por el traslado ni la seguridad de tener un nuevo hogar.

Mundial de Fútbol Brasil 2014

Sólo una empresa de comida basura podrá vender sus productos en los estadios. Se cambiará la ley brasileña que prohíbe la venta de bebidas alcohólicas. Los aficionados podrán comprar cerveza, fabricada en Estados Unidos. No se podrá entrar a los estadios con una botella de agua ni traer el bocadillo de casa. Con este tipo de medidas, no se ayuda al comercio interior. Se desprecia y mercantiliza al futbol como deporte. Encarece la vida alrededor de un estadio. Los precios de los productos FIFA no son para todos los bolsillos. Negocios como restaurantes, bares, cafeterías, vendedores ambulantes de camisetas, banderas… El Mundial podría representar una oportunidad de crear riqueza, pero con las medidas impuestas por la FIFA, se imposibilita que los comerciantes locales tengan una fuente de ingresos extra y, al mismo tiempo, que estos beneficios se vean reflejados en la calle.

“La FIFA es el FMI del fútbol”, sostiene el escritor Eduardo Galeano. Las políticas de casino desarrolladas por estos dos grandes organismos tienen un ritmo similar, por mucho que jueguen en campos distintos y en divisiones diferentes. Ambas aseguran trabajar por “el interés común”, ese mismo que sólo beneficia a unos pocos, y moldean las normativas legislativas de los Estados si la coyuntura lo precisa. En Europa sería inviable  y en el Mundial de Futbol de 1994 (celebrado en  Estados Unidos) ni siquiera se intentó la idea de blindar los aledaños de los estadios y que la gente no pudiera beber, comer o comprar productos que no tuvieran el sello FIFA. Son organizaciones exclusivas y elitistas, con mucho poder y una influencia “peligrosa” y creciente en los países emergentes.

¿Es la Copa del Mundo una pista de despegue para Brasil o un negocio más de la FIFA? La inversión, para que sea transformadora, debe de tener una función social decidida y que pueda traducirse más allá de las fechas concretas del evento, a través de programas que doten a todas esas construcciones de usos que sumen beneficio a la comunidad.

No se puede secuestrar ni adueñarse de lo que genera un espectáculo, patrimonio de todos y escuela de valores para millones de personas. La FIFA debe velar  por regular las federaciones de los países y las competiciones, así como impulsar proyectos donde el futbol sirva  para generar alegría donde no la hay.  Todo lo contrario a su modelo de negocio actual, que convierte el espectáculo en un simple negocio.

Brasil es un espejo para Latinoamérica y  el centro de las miradas para Asia y Europa. Su PIB creció el año pasado a un ritmo del 7, 5 por ciento, superando a Reino Unido como séptima economía del mundo. En palabras del pensador Frei Betto, “es hora de que los aficionados organizados y los movimientos sociales pongan el balón en el suelo y disparen a gol”. No se puede claudicar, una vez más, frente la imposición de los grandes grupos de poder que se mueven alrededor de este tipo de eventos. Esperemos que la expectación que crea el campeonato dibuje en el horizonte algo más que esqueletos diseñados por los mejores arquitectos.

Imágenes: FIFA.

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