El experimento chipriota hunde la credibilidad de la UE

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La aprobación de una tasa financiera para todos los ahorradores de Chipre rompía ya uno de los principios sagrados e intocables en la Unión Europea, pero la marcha atrás y la confusión general de los días posteriores destroza su ya deteriorada imagen.

Diciembre de 2001, Argentina: el gobierno del entonces presidente Fernando de la Rúa restringe a sus ciudadanos la libre disposición de dinero en efectivo de plazos fijos, cuentas corrientes y cajas de ahorros. Desde las televisiones europeas se veía entre la sorpresa y el estupor como cientos de argentinos se agolpaban en cajeros automáticos para tratar de sacar algo de sus ahorros.

Mapa de Chipre con la bandera de la UE. Foto cedida por Wikimedia CommonsAquello se veía en la lejanía, eran otros tiempos para Europa. Hoy, la historia se ha repetido a este lado del Atlántico, en concreto en un rincón del mar Mediterráneo, donde una isla de poco más de un millón de habitantes ha dejado en evidencia, de nuevo, las vergüenzas del Eurogrupo. “Credibilidad, confianza, seriedad” son alguno de los adjetivos que los dirigentes vienen repitiendo cual mantra desde que se iniciase la crisis económica; “es lo que piden los mercados y Bruselas”, reiteran. Sobra decir todo lo que ha pasado desde el 16 de marzo, cuando “Bruselas” rompió uno de sus principios sagrados al decidir tocar los depósitos de menos de 100.000 euros de los ahorradores en Chipre como uno de los puntos para el rescate financiero del país.

Según datos oficiales, el 40% de los ahorros depositados en Chipre proceden de fuera de la isla, convertida en un “semiparaíso fiscal” gracias a sus laxas leyes financieras, especialmente de “ahorradores” británicos y rusos. Una vez más, quienes iban a pagar los pecados, en este caso chipriotas, no iban a ser esos magnates rusos y británicos, sino el ciudadano medio. Por si todo esto no fuera ya suficientemente bochornoso, el espectáculo posterior ha conseguido superarlo. Ante el revuelo y las críticas que esta medida suscitó en todo el continente, unos decían que se daba marcha atrás, otros que se cambiaba el porcentaje aplicado a las tasas, todos con el “yo no he sido” por delante. Entre tanto, el Parlamento chipriota mostró una cierta cordura y dijo “no” el pasado día 21 a ese rescate.

Desde entonces hasta hoy siguen las especulaciones, mientras Rusia también se une al espectáculo y ofrece, en resumen, financiación a cambio de los recursos energéticos chipriotas. El recién electo presidente de Chipre, Nikos Anastasiadis, parece que no encuentra su papel a pesar de ser “el candidato de Europa”. Un espectáculo muy peligroso para la cada vez menos Unión Europea, que sigue comportándose como un elefante en una cacharrería y ha parecido olvidar que un ratón muy pequeño puede descomponer a todo un elefante si este no está controlado.

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