El eterno Charles Chaplin

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Lumen recupera la autobiografía de Charles Chaplin, una obra imprescindible para conocer al genio del cine mudo, descubrir anécdotas de sus rodajes y comprender la inmensidad de su talento que supo plasmar en su extensa filmografía.

41HY-fERspL._SY344_BO1,204,203,200_Charlie Chaplin nació en Londres y creció en una pequeña buhardilla que nos recuerda a la de John, el protagonista de la película El chico. Tuvo que sufrir las penurias de la hambruna y la escasez, actuar en un escenario sustituyendo a su madre enferma, emplearse en varios oficios, como el de recadero, botones, soplador de vidrio o fabricante de barcos de juguete hasta que le brindaron la oportunidad que con tanto anhelo deseaba. En Autobiografía nos cuenta sus inicios en la agencia Blackmore y su ascenso a la compañía Karno; cómo logra, sin haber podido nunca estudiar Arte Dramático, formar parte del estudio Keystone, firmar con la First Nacional, con la que obtiene unos elevados ingresos y, finalmente, fundar la United Artists.

Rememora la creación de su célebre Charlot y cómo con ingenio, algo de maquillaje, un bombín y un bastón, dotó de alma a su personaje. Relata sus viajes por Estados Unidos, París, Roma, Viena, Venecia, Berlín o Japón y quedamos abrumados por sus amistades y las personalidades con las que compartió distintos momentos de su existencia: el compositor francés Claude Debussy, los actores Harold Lloyd, Rodolfo Valentino y Fred Astaire, escritores como James Barrie, H. G. Wells, Bernard Shaw, John Steinbeck, Georges Simenon, Thomas Mann, Bertolt Brecht, Dylan Thomas o Truman Capote, cineastas como Serguéi Eisenstein o artistas como Pablo Picasso, científicos de la talla de Albert Einstein o economistas como John Maynard Keynes, e incluso políticos como Franklin D. Roosevelt o Winston Churchill.

Nos descubre sus primeros cortos, las anécdotas que originaron algunos largometrajes como el origen del memorable personaje de la florista ciega de Luces de la ciudad, la repercusión que tuvo El gran dictador o la censura que sufrió una de sus últimas películas, Monsieur Verdoux. El genio de cine mudo se nos revela como un ciudadano comprometido que, aunque nunca se integró en ningún partido político ni quiso asumir una ideología concreta, tuvo unos juicios tremendamente lúcidos, especialmente en el desarrollo de las armas atómicas, a las que se opuso terminantemente, y temió el alarmante y terrorífico avance del nazismo por Europa. Sus reflexiones acerca del teatro, del arte, de la libertad, de los gobernantes o del capitalismo se convierten en lecciones esenciales en la actualidad.

Charles Chaplin no solo es una de las figuras destacadas del séptimo arte, sino que se convirtió por derecho propio en unos de los símbolos emblemáticos del siglo XX: creador incansable que combinó, por primera vez y con absoluta maestría, lo trágico y lo cómico; virtuoso de la mímica y del humor que, con su sutil gestualidad en el cine mudo, supo adaptarse al cine sonoro. Dotado de una sensibilidad y de una ternura excepcionales, logró encogernos el corazón con ese vagabundo soñador y pícaro, llamado Charlot, y nos hizo enjuiciar el pasado, ridiculizando a un dictador alemán que juega con el mundo como si de una pelota se tratase. Su facultad creativa alternó entre las labores de actor, compositor, escritor, guionista, productor y director que realizó con gran acierto y con las que cosechó innumerables éxitos. La cuidada edición de Lumen se hace indispensable en la biblioteca personal de los entusiastas del cine y de los enamorados del brillante actor.

 

La imagen principal de este artículo la realizó Richard Avedon.

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