Si uno tuviera la oportunidad de presentar en sociedad a cuantas personas admira, respeta o aprecia, José Manuel Muñoz Puigcerver (Tarragona, 1982) sería, sin duda, una de ellas. Este economista impropio (tan riguroso como sensible, tan joven –en edad y en ideas– como curtido: no en vano, es máster en Relaciones Internacionales por la Universidad CEU-San Pablo, de Madrid, donde actualmente realiza sus estudios de doctorado e imparte clases ocasionales) comenzará a escribir artículos de opinión y análisis de rabiosa actualidad en LA HUELLA DIGITAL. En este espacio, Muñoz Puigcerver espera aportar “un punto de vista que fomente el debate en temas económicos y políticos de actualidad”. Pues, según él, en tales materias existe hoy “una falta de coherencia muy acusada”. Lo que a continuación van a leer es sólo una piedra de toque: una de las muchas conversaciones que mantenemos a lo largo de la semana, una declaración de intenciones, un cuestionamiento absoluto de la realidad…
-Agradezco al equipo editorial de LA HUELLA DIGITAL la oportunidad que me ofrece de poder participar en vuestro proyecto. Por cierto, ¡ésta es la tercera vez que me presentas en sociedad!

Así es. Y espero no sea la última. Recordarás que el pasado verano, en las páginas del diario asturiano La Nueva España (yo era el entrevistador), te autodefiniste como un economista de izquierdas. El que escribe insinuaba, de manera socarrona, que tal axioma era una contradicción en sus términos…
-(Risas). Sí, lo recuerdo muy bien. Mi respuesta fue contundente: un economista de izquierdas es más completo que uno de derechas. Esto es así no porque tenga una mejor formación ni una mayor capacidad intelectual (eso, al fin y al cabo, depende de las habilidades de cada uno y no de pertenecer a una ideología determinada). Sin embargo, un economista de izquierdas se atreve a abordar problemas que la economía clásica no considera. Estoy convencido que esto se debe a dos motivos: el primero es la enorme complejidad de analizar desde un punto de vista científico temas como el reparto de la riqueza o el desarrollo sostenible, y los economistas clásicos se sienten mucho más cómodos abordando los temas que han tratado toda la vida (tales como el crecimiento sin importarles quién se beneficia del mismo). Este hecho es de una represión intelectual abrumadora. El segundo es la conveniencia de las clases altas, quienes intentan autoconvencernos de que el sistema económico actual es el mejor posible y que no cabe la posibilidad siquiera de cuestionárselo. Sobre esto hay mucho que decir y espero tener la oportunidad de hacerlo próximamente.

-Zambullámonos en la actualidad. El economista Roberto Centeno, en el programa “El gato al agua” (Intereconomía), afirmó recientemente que los desanimados en la España de Zapatero no son parados. ¿Irresponsabilidad intelectual, manipulación partidista o ganas de marear la perdiz?
-Desconozco el motivo que impulsan a un ilustre catedrático de Economía a realizar este tipo de declaraciones. Lo que sí te puedo afirmar es que estoy en total desacuerdo con sus palabras. Y no porque lo diga yo, sino porque es lo que reflejan la práctica totalidad de los manuales básicos de Economía utilizados hoy día en las Facultades. Un parado, para ser calificado como tal, ha de cumplir dos condiciones: en primer lugar, tiene que estar buscando trabajo de manera activa, si no, ya no forma parte del mercado laboral; el caso de las amas de casa y los jubilados es el más evidente, pero no son los únicos. Los desanimados (aquellas personas que han dejado de buscar trabajo porque después de haberlo hecho de manera activa no lo han encontrado) formarían parte de este colectivo, ya que no entran en el mercado de trabajo. La segunda condición es que, habiendo buscado empleo activamente, no lo hayan encontrado. En fin, no me parece nada descabellado suprimir a los desanimados de las estadísticas de desempleo. Si nos atenemos a la definición académica, deberían haber sido suprimidos mucho antes.

-El poeta Hölderlin escribió: “La crisis puede ser la salvación”. Una crisis económica como la actual debería servir para que la izquierda se posicionase y, en cierta manera, se regenerase. Sin embargo, muchos pensadores achacan hoy la falta de propuestas de los políticos que encarnan a tal ideología…
-Esto tiene mucha relación con lo que he comentado anteriormente. Toda crisis implica un período de sufrimiento, pero también es una oportunidad. Si la propia crisis es un indicador de que las cosas no se han hecho como debían, también es el primer paso para empezar a hacerlas correctamente. Y ahí es justamente donde la izquierda ha de decir mucho, ya que tiene la base histórica apropiada para hacerlo. Es vital incluir en los análisis económicos temas como los que he citado antes (la justicia económica y el ecologismo): de ahí se derivan muchos de los problemas que adolecemos hoy. Siempre nos preocupamos mucho de las cifras, sin reparar en cómo éstas afectan realmente a la sociedad. No me imagino a un médico que, tras haber soltado al paciente toda una retahíla de parámetros y datos médicos, al final no le recete ninguna medicina. Es inútil preocuparse sólo de los datos sin conocer qué impacto real tienen los mismos. Este paso adelante le corresponde a la izquierda hacerlo.  

-Una frase que podemos escuchar habitualmente entre las gentes de nuestra generación (la de los 80 y 90) es la siguiente: “Yo paso de política”. ¿No se contribuye, de esa manera, a que triunfe un colectivo peligroso?
-Existe una desafección con nuestra clase política, lo cual no es nada saludable para el normal funcionamiento democrático de una sociedad. Hay una frase demoledora que dirigiría a aquellas personas con este pensamiento, y que fue uno de los detonantes para que yo entrase en la vida política activa [Muñoz Puigcerver actualmente colabora en la secretaría de economía, comercio y turismo del PSM-PSOE, partido al cual está afiliado]: “Lo peor de que no te interese la política es que serás gobernado por personas a quienes sí les interesa”. Creo que habla por sí sola y que huelgan más comentarios al respecto.

-Leo en un perfil del Facebook: “¿Ideología política? Da igual: todos mienten”. ¿No habría aquí, en todo caso, que añadir aquella sabia idea: Las ideologías no tienen la culpa de que los gobernantes las perviertan?
-Totalmente de acuerdo. Muchos de los que pertenecemos a partidos políticos lo hacemos no por los aciertos o desaciertos de los líderes de cada momento, sino por los ideales y valores que representan los partidos en cuestión. No siempre estás de acuerdo con todo lo que se cuece en el partido internamente ni con todas las medidas que se toman. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los líderes pasan, pero las ideas permanecen.

-A un chaval con formación universitaria y científica, de clase media (e ideología conservadora), le escuché recientemente decir algo así: “Tenemos el mismo nivel de paro que en EEUU, pero con diez veces menos habitantes”. Me quedé atónito, y anoté rápidamente en un papel tal astracanada…
-No entiendo a qué podría referirse exactamente ya que en lo que denomina nivel de paro (es decir, la tasa de paro) ya viene incluida la población. Supongo que se deberá a un total desconocimiento de las cifras y los datos económicos. Un poco más de pedagogía desde los medios y los estamentos políticos sería deseable.

-Remontémonos al pasado noviembre. A ese mismo chico le incomodaba comprobar que en su comunidad, Extremadura, las adolescentes tuviesen la oportunidad (al igual que los muchachos) de asistir a un taller de educación sexual, en el cual se enseñaba, entre otras cosas (hábitos saludables, autoestima, identidad de género, no aceptación de la violencia, afectividad…), a disfrutar el sexo de forma autónoma. No sé si eres consciente de ello, pero aún hoy –en pleno s. XXI– son muchos los veinteañeros que ven a la mujer como un mero objeto, siempre al servicio del hombre (y, por tanto, sin la necesaria posibilidad de realizarse), haciendo honor a aquel irritante refrán que decía: “La mujer y la sartén, en la cocina están bien”.
-El movimiento feminista ha llevado a cabo un largo camino y todavía le queda mucho por recorrer. El taller de sexualidad al que haces referencia fue muy polémico en su momento, especialmente por parte de sectores conservadores [el PP habló de un “atentado a la inteligencia de los jóvenes y despilfarro”], y no es de extrañar que personas afines a ese pensamiento expresen su desaprobación. Este tipo de iniciativas tratan de romper algunos de los tabúes más vidriosos del género femenino (el sexual en este caso) y las considero completamente adecuadas. En efecto, soy consciente de que muchos chicos de nuestra edad, e incluso más jóvenes, tienen una concepción de la mujer bastante anticuada. La educación en estos temas es básica. Algunos todavía creen que la asignatura de Educación para la Ciudadanía no sirve para nada. Con ejemplos como el que acabas de traer a colación, queda claro que nos estamos quedando cortos en la enseñanza de los valores sociales básicos.

-En ese sentido, como dice mi querido Martínez Sarrión (para quien “no hay cosa más desconsoladora que un pobre de derechas”) en uno de sus dietarios, no podemos salvar un punto a aquellas personas doctas que mantienen en tal “grado subzoológico” al “populacho”
-Por eso he hecho alusión directa a la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Es evidente la responsabilidad personal de cada uno de nosotros. De hecho, ya que citas a Sarrión, me viene a la mente otra frase suya (extraída del mismo dietario, Esquirlas) muy propia para lo que estamos hablando: “Es preciso tomarse la política relativamente en serio, si no queremos que ella nos tome, a la gente del común, absolutamente en broma”. Sarrión refleja perfectamente la necesidad individual de adquirir conciencia social, cada uno desde su punto de vista, pero siempre posicionándote e intentando aportar tu grano de arena. Las personas doctas –como tú dices– tienen el total deber moral de poner medios a nuestro alcance para intentar erradicar el “grado subzoológico”.

-Munilla (el obispo de San Sebastián) afirma que “nuestra pobreza espiritual” es “un mal mayor” que la actual tragedia de Haití. ¿No te asusta esa comparación escabrosa?
-Son unas declaraciones muy poco afortunadas. Supongo que con estas palabras lo que pretende reclamar es la acuciante falta de valores que caracteriza a nuestra sociedad, algo en lo que incluso puedo estar de acuerdo. Sin embargo, comparar esa “pobre situación espiritual” con una de las desgracias naturales más importantes de los últimos años, en la que tanta gente ha resultado muerta, herida o afectada de uno u otro modo, es muy desesperanzador, y, desde luego, dista mucho de la manera idónea de hacerlo. La Iglesia se ha mostrado muy dolida con la actual ley del aborto, llegándola a asimilar –en gravedad– con un asesinato. El clero ha llevado a cabo una acérrima defensa de la vida, y, sin embargo, cuando un desastre de estas dimensiones acaba con la vida de decenas de miles de personas, hay cosas más importantes –según dicen– por las que preocuparse. ¡La contradicción cae por su propio peso!

-La Iglesia, que en nuestro país todavía no ha sido capaz de pedir perdón, tras haber apoyado una dictadura fascista durante casi 40 años…
-El régimen franquista concedió muchos privilegios y distinciones a la Iglesia en esos 40 años desgraciados y lamentables de nuestra historia reciente. Sería deseable una evolución en el pensamiento de algunas de las personas que ocupan cargos jerárquicos importantes dentro de la organización eclesiástica.

-La misma irresponsabilidad (o incluso mayor, porque ahora hablamos de representantes elegidos por el pueblo) la encuentro en ciertos dirigentes derechistas. Y pienso, por ejemplo, en Mayor Oreja, quien en 2007 se negó a condenar a la dictadura franquista, argumentando que en aquella época hubo “muchas familias” que vivieron “con naturalidad y normalidad”. Una falta de respeto hacia todas aquellas personas que se partieron la cara en busca de la libertad, que murieron asesinadas por pensar de forma distinta, que tuvieron que exiliarse, que (sobre)vivieron muertas de miedo…
-La Ley de Memoria Histórica pretende precisamente eso: realizar un reconocimiento público de todas aquellas personas que pagaron tan cara su osadía de enarbolar la bandera de la libertad. Evidentemente, hubo familias que vivieron muy bien, como ocurre en todas las dictaduras. Precisamente ahí está la razón de ser de las dictaduras: el beneficio de unos pocos (muy pocos) en detrimento de otros muchos. Y parece que en España, desgraciadamente, estas heridas están cicatrizando a un ritmo muy inferior del que sería deseable. Aún hay muchas personas que piensan en términos guerracivilistas (si me permites la expresión), y en algunas regiones –como Madrid– la distinción de clases está todavía muy marcada. Recuerdo, por ejemplo, una ocasión (yo me encontraba en la Facultad) en la que una compañera de clase se refería (al tiempo que torcía el rostro) a un famoso personaje televisivo de la siguiente manera: “¡Ese es un obrero!”. Comentarios de este tipo (por desgracia, demasiado frecuentes) son muy poco saludables.

Fuentes de la información:
El País, 14/01/2010.
La Nueva España, 19/08/2009.
La Voz de Galicia, 14/10/2007.
MARTÍNEZ SARRIÓN, Antonio (2000), Esquirlas, Alfaguara, Madrid.
Público, 11/11/2009.
Fuente de la imagen:
Héctor Acebo.

 

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Periodista cultural y escritor nacido en Santiso de Abres (Asturias), en 1987. Es licenciado en Periodismo por la Complutense y Máster en ‘Investigación en Periodismo: Discurso y Comunicación’ por la misma universidad, donde ultima su tesis: ‘La metáfora en la poesía de Antonio Martínez Sarrión’. Es jefe de la sección de Folio en Blanco en LA HUELLA DIGITAL y colabora en el diario lucense ‘El Progreso’, en cuya redacción ha trabajado. Ha escrito artículos culturales para diversas publicaciones, como el periódico asturiano ’La Nueva España’ o ‘Revista de Letras’ (canal oficial de libros de ‘LaVanguardia.com’). Es autor del poemario ‘Camas de hierba’ (Vitruvio, 2011). Su lírica ha aparecido en diversas revistas poéticas y ha sido antologada en las obras colectivas ‘Amores infieles’ (2014) y ‘La primera vez… que no perdí el alma, encontré el sexo’ (2015), ambas editadas por Sial-Pigmalión y coordinadas por Antonino Nieto Rodríguez. También ha participado como narrador en ‘Cuentos y reencuentros’ (Laria, 2009), antología colectiva coordinada por Tino Pertierra. Escribe letras en gallego —su lengua vernácula— para la banda Foxnola. El líder de dicho grupo, Abel Pérez, musicó, para su anterior proyecto musical (Os Folkgazais), un poema de Acebo, ‘Desafío’.

4 Comentarios

  1. Gracias por darnos a conocer a este joven economista, ya era hora de escuchar a alguien con sensatez, con tanto neo-com cazurro suelto por ahy (esos mismos gurús que tienen las recetas para la crisis cuando son ellos mismos los que la han provocado o, en el mejor de los casos, no la vieron venir). Solo una cosa: ¿Cómo se llamará su sección?

  2. La contradicción no es ser economista y a la vez de izquierdas. La contradicción es declararse de izquierdas y ser afiliado al PSOE (partido que aplica políticas neoliberales como por ejemplo la flexibilización del despido).

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