El duro camino hacia la igualdad

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El pasado día 17 de marzo entró en vigor la Ley de igualdad entre hombres y mujeres.
Bienvenida sea es lo primero que se me ocurre cuando me preguntan sobre ella.
Las críticas a esta ley no se han hecho esperar. Que si la paridad no se consigue mediante imposiciones, que si la mujer para tener presencia en la sociedad no necesita de cuotas impuestas sino cuotas por meritos, que si la sociedad no puede ser transformada mediante leyes…etc.

Quizás no sea todo lo completa que debiera pero, en cualquier caso, es una ley que libera y contribuye poderosamente al desarrollo de la sociedad, ya que leyes como ésta suponen el compromiso para conseguir que hombres y mujeres vivan, trabajen y convivan a la par.

Todos sabemos la dificultad a la que se enfrentan las mujeres y es por eso que hay que contribuir, también y sobre todo desde la legislación, a la eliminación de esos techos de cristal que se encargan de poner freno a su desarrollo personal y profesional.

La mayoría de las quejas han venido referidas al artículo de la ley que establece un sistema de cuotas en los consejos de administración de las grandes empresas para así garantizar la paridad y el acceso de las mujeres a los puestos de toma de decisiones. Ojala no fuera necesario establecer cuotas, ojala no hubiera que exigir la igualdad. Pero mientras la utopía se convierte poco a poco en realidad, la ley está ahí para empujar y garantizar que se van dando los pasos para llegar a la igualdad.

El otro día leía un artículo de Francisco Martínez en el que decía: “el PP apuesta por una política sobre la mujer que defienda y persiga la igualdad de oportunidades, frente a la política de cuotas que propugna el Gobierno socialista. No es un problema de paridad, sino de participar en todos los aspectos de la sociedad por derecho propio, por méritos. Nunca en función de una política de números y de cuotas”.

Ay amigo, que utópico me resultas. Cierto es que la cuota mas adecuada y mas justa  seria la cuota por los meritos personales, pero mientras éstos no sean aceptados por la sociedad –y muchas mujeres poseen méritos mas que suficientes pero no les son  reconocidos-, no está de mas la norma legal de la exigencia de las cotas en los órganos directivos.

Hablamos de méritos cuando todavía no existe la igualdad. Estamos así, empezando la casa por el tejado.

No debemos olvidar que España es aún un país desigual. En los sectores más desarrollados de nuestras sociedades, para las mujeres es normal el acceso a la educación, a los anticonceptivos, a la vida lavoral…Es algo que se da por hecho, e ignoramos todo lo que ha se ha tenido que luchar para lograrlo. Son conquistas recientes que tendemos a considerar incuestionables; y eso es muy peligroso, porque se puede perder en cualquier momento.

Fuente de las imágenes:
www.dalequedale.com
www.elconfidencial.com
www.intersindicalcanaria.com

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