El drama del fútbol de provincias

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La lista de equipos sumidos en deudas económicas que ponen en riesgo su viabilidad no deja de crecer. La actual crisis agudiza una situación en la que muchos clubes se han visto sumidos años antes. Una clase dirigente cortoplacista, la merma de fondos e ingresos y la desigual lucha dentro del deporte más globalizado y mediático, son algunos de los ingredientes de un cóctel que ha llevado a la agonía a muchos históricos.

Las redes sociales se han volcado con el Real Oviedo. Foto: Álvaro Campo

Palencia, Oviedo y A Coruña son las tres últimas ciudades que se han visto salpicadas por asuntos relacionados con los equipos de fútbol de su ciudad, y en tres grados diferentes. En la ciudad castellana, el juez que lleva el proceso concursal ha decidido la disolución del equipo; en la capital asturiana, un movimiento ciudadano –que ha crecido imparable con la ayuda de las redes sociales– ha terminado encontrando financiación y evitando la desaparición; y en la urbe gallega, Hacienda ha decidido embargar todos los ingresos que genera un equipo que esta campaña ha regresado a la máxima categoría del fútbol español.

El inventario de ciudades sacudidas por problemas de esta índole es demasiado extenso. Casi todos los equipos de poblaciones de tamaño mediano de España han pasado por apuros económicos en los últimos años. Vitoria, Logroño, Salamanca, Toledo y Alicante entre otras muchas, forman parte de un terrible listado que no ha dejado de crecer. La historia negra de la mayor parte de estos clubes tiene un denominador común: la mala gestión, la falta de previsión.

La década de los 90 alumbró una nueva ley del deporte que tenía como objetivo profesionalizar a las jerarquías gobernantes de los equipos de fútbol. Con la transformación de muchos clubes en sociedades anónimas deportivas se pretendía poner fin a las deudas provocadas por aventureros ávidos de ocupar los palcos de los estadios. Paralelamente, y con un país cuyo mercado audiovisual crecía porque se liberalizaba y la situación de la economía mejoraba, se descubría el maná del dinero televisivo.

Con el viento a favor, las estructuras de muchos equipos adquirieron dimensiones difícilmente soportables si el flujo de ingresos disminuía. Desde hace algunas temporadas las televisiones han menguado su caudal para los modestos y ni la administración pública ni la iniciativa privada atraviesan un buen momento. Equipos que no digirieron bien un descenso, que no previeron que una mala temporada en el aspecto deportivo pudiera dañar su proyecto de continuidad, han terminado con deudas millonarias, denuncias por impagos e incluso con la refundación del club o la disolución. No supieron transformarse a su nueva realidad ni adecuar sus cuentas a la nueva categoría en la que habrían de competir.

La desaparición, o la existencia penosa, de los equipos de fútbol provocan un daño considerable al tejido deportivo de cada ciudad. También al social y al económico. Convertidas en instituciones de bandera de sus respectivas poblaciones, estos clubes pequeños generan resonancia y eco asociados a valores positivos. Sin ellos, el nombre de la ciudad que los acoge desaparece del mediatizado circuito del fútbol. La situación de los equipos de provincias es una nefasta noticia para sus respectivas ciudades.

No sirve la actual crisis económica como excusa que enmascare pésimas gestiones económicas. Sí como atenuante, pero no como causa última. La burbuja del fútbol creció, en muchos casos, con la connivencia de poderes locales que favorecieron unas inversiones imposibles de mantener en el medio y largo plazo. Con la recesión, el abandono de las instituciones públicas y la reducción de capitales provenientes de la empresa privada, el edificio levantado se ha venido abajo.

El único puntal que se ha mantenido fiel es el de la afición. Pese a la subida en el precio de las entradas, pese a los descensos de categoría y al consiguiente empobrecimiento en la calidad de las plantillas, los hinchas no han abandonado a los clubes de su ciudad. Sirvan como botón de muestra las más de 20.000 personas que acudieron hace unas días al Nuevo Carlos Tartiere de Oviedo para ver el choque que enfrentó al equipo local con el segundo filial del Real Madrid.

La historia de los pequeños contempla hitos que fueron fugaces. Su largo recorrido está jalonado de luces y sombras, con alguna cima y muchas simas. Sin embargo, los clubes de provincias siguen siendo una cantera de buenos futbolistas, cuya desaparición mermaría la competitividad futura del fútbol español. Son equipos empobrecidos pero poseedores de un halo romántico de lucha contra los grandes. Atesoran un ramillete de nombres ilustres y un buen puñado de pequeñas historias deliciosas. Los equipos de provincias han sido y seguirán siendo un vivero de ilusión.

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