El doping empaña de nuevo al mejor ciclismo del mundo

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El ciclismo vuelve a saltar a todas las portadas de los periódicos o a los primeros minutos de los informativos. Pero no por las grandes etapas ni por victorias de ciclistas españoles, ni por cualquier otra buena noticia. El dopaje vuelve a ser la actualidad del ciclismo. Ese dopaje que amenaza desde la sombra con acabar con este deporte para siempre.

Llevo pensando hablar del Tour de Francia desde que empezó. Primero me llamaba la atención Cancellara, que resistió durante más de una semana el maillot amarillo. Después las grandes etapas que ofrecieron los chicos de Caisse d’Espagne, Iván Gutiérrez y Alejandro Valverde, en los Alpes, en los que todos empezamos a fijar los ojos en el joven Alberto Contador, corredor del Discovery, que se presenta como el futuro del ciclismo.

Más tarde llegaría la segunda contrarreloj de la ronda gala con la caída en picado de Valverde, la resurrección de Vinokourov después de una desafortunada caída y la consolidación de Contador. Empezaron los Pirineos con espectáculo con la lucha de Rasmussen, líder de la prueba, y Contador, que además ganó la primera etapa para el ciclismo español. Y de repente, ¡¡pum!!! Todo salta por los aires y de lo ocurrido anteriormente nadie se acuerda.

El decimoctavo día de carrera, jornada de descanso que los ciclistas dedican a atender a medios de comunicación y a recuperar fuerzas, salta la noticia a la portada de L’ Equipe: “Vinokourov ha dado positivo en un control antidopaje realizado el día de su victoria en la contrarreloj”. Siempre hay una duda de sospecha pero esa misma tarde se confirma y el equipo del kazajo, el Astana, se retira al completo del Tour.

¡Otra vez! La maldita lacra del dopaje se vuelve a cargar una carrera ciclista. Todo lo que pasó anteriormente queda olvidado: Contador, Valverde, Rasmussen… ya no importan porque gane quien gane y pase lo que pase todo quedará emborronado por el primer positivo del Tour. Y la peor noticia: no es el último.

Un día después, con la etapa reina de la carrera en juego, un nuevo caso de “no negativo” por testosterona para el corredor Cristian Moreni, del Cofidis, que hace que este equipo se retire también de la carrera. Pero la gran noticia salta a última hora del día: el danés Rasmussen abandona el Tour por decisión de su equipo que lo expulsa, no por dar positivo, sino por sospechas de que mintió sobre sus entrenamientos anteriores a la carrera.

Deberíamos preguntarnos quién es culpable. Está claro que ciclista que se hace una transfusión o se inyecta una sustancia prohibida sabe lo que hace, pero también lo sabe el médico que lo consigue o el jefe de equipo que da su visto bueno. ¿Y los organizadores de las carreras? ¿Cuántas personas podrían aguantar sin ayudarse de sustancias prohibidas los cerca de 200 Km. cada día que programa el Tour durante 20 etapas? No se puede excusar a los tramposos pero el mundo del ciclismo también puede plantear buscar en su seno alguna responsabilidad.

El Tour se tambalea. Cada vez le interesa a menos gente este deporte y de las audiencias millonarias que cada tarde de julio seguían la carrera por televisión no queda nada. ¿Cuánto tiempo puede aguantar las grandes vueltas bajo las sospechas continuas? Pero todo esto acaba como siempre o terminará acabando para siempre. El Tour de Francia terminará. Ganará Contador, Lepheimer o Evanns pero el campeón siempre estará bajo sospecha como lo están desde hace mucho tiempo todos los corredores del pelotón internacional. ¿Y quién nos asegura que en otros deportes donde los controles no son tan exhaustivos la situación no es la misma?

Fuentes fotografía:
www.elmundo.es
www.diarioque.es
www.yahoo.es

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