El dolor de saberme

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No sé como mirarme. Verme, tal y como soy. No soy capaz de saber qué, o quién habita mi interior. Puede que no quiera saberlo.

Lo más cerca que he estado de mirarme honestamente fue aquel día.

Yo rehusaba contemplar tus ojos detenidamente; hubo momentos en los que nuestras miradas se cruzaban, pero era demasiado punzante.

Sabía que si mantenía mis ojos clavados en los tuyos podría llegar a ver algo que no iba a soportar.

Solamente tenía el valor de mirarme cuando tus pupilas se ahogaban en medio del modesto paisaje danés. Las lágrimas de tus mejillas delataban mis insulsos intentos por comprenderme, por comprenderte.

Sé que sólo existe un modo de saber quién soy, de saber dónde residen mis penas, mis alegrías, de encontrarme con ese llanto invisible que quiere salir.

Sin embargo, todavía llueve demasiado para mí; la lluvia está demasiado fría.

Foto: Gabriel Fraga

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