El divorcio belga

0
294

Los flamencos y francófonos son como los padres que se quieren separar, tras años de convivencia y mucho pasado en común, pero que ya no pueden soportar sus diferencias. ¿Por qué no agilizan los trámites de divorcio? Porque ninguno de ellos quiere deshacerse de la casita de la playa, aquella que les da vida, o en este caso, Bruselas.

Bélgica, el país símbolo del corazón de nuestra Europa y de su Unión, sufre una grave crisis política, derivada de un conflicto de identidades.

Cuando uno aterriza en Bruselas y contempla el bilingüismo que rodea cada información, señales indicativas, cartas de restaurante, anuncios de metro y hasta el nombre de las calles… se siente uno cosmopolita y europeo, al fin. Y es que, lo que para un extranjero se puede considerar como un gran ejemplo de convivencia, supone un auténtico conflicto para los autóctonos.

El país cuenta con tres comunidades lingüísticas reconocidas: la Comunidad francesa, la flamenca y la germanófona. Cada una de ellas, se rige por el propio programa de su Comunidad, sumergiéndose en sus competencias, como la educación y la cultura.

Una vez contemplado el panorama general, es de suponer que las dificultades a la hora de llegar a acuerdos políticos, administrativos y en último lugar, el desarrollo de unas elecciones electorales nacionales, no se lleven a cabo con fluidez.

Llegar a entender la complejidad de la política nacional, es todo un triunfo, incluso para los belgas. El país ha sido huérfano de gobierno en múltiples ocasiones, situación que continua en la actualidad. ¿Cómo es posible poner de acuerdo a 7 partidos con representación? El rey Aberto II, no cesa de nombrar conciliadores para mediar entre partidos que se presentan antagónicos y sobre los cuales, planea un sentimiento de desintegración del país.

En las últimas elecciones de junio, el partido con más votos fue el separatista flamenco N-VA, representado por Bart de Weber y en segundo lugar, el socialista francófono, de Elio de Rupo. Es de esperar, que semejantes partidos no hayan llegado a ningún acuerdo ni coalición, principalmente por asuntos tan complejos como la financiación de las regiones, los derechos lingüísticos de la minoría francófona residente en la periferia flamenca de Bruselas (Bruselas-Hal-Vilvoorde) y la cesión de más competencias a las regiones.

Cabe recordar que la mayoría de población del país es la próspera flamenca, con 6.5 millones de habitantes, mientras que la parte francófona cuenta con 4 millones de valones y una situación económica desfavorable respecto a sus compatriotas.

La desaparición de Bélgica es posible y puede que inminente según los expertos. Como afirma la académica Katlijin Malfliet “el riesgo es real: debemos tener en cuenta un escenario posible en el que Bélgica desaparezca”.

Lo más curioso, es que este conflicto no se manifiesta en ningún caso de manera violenta. No hay más allá de un mal gesto si vas a Brujas y hablas francés y viceversa.

Cierto es, que los ciudadanos están desencantados de la política y que muy pocos la siguen con regularidad e interés, lo que es comprensible teniendo en cuenta que sus representantes no se ponen de acuerdo. Parece que los belgas, en su conjunto, tienen asumido que han de convivir con estas vicisitudes hasta que en algún momento, todo esto explosione.

La siguiente pregunta se hace inevitable: ¿por qué tanta historia si pueden separarse o intentar anexionarse cada uno a sus países vecinos (Holanda y Francia), representantes máximos de sus lenguas? Porque ninguno de ellos quiere ceder la soberanía de la capital, ente relevante en el mapa europeo y sin el cual, ninguno de los dos, tendría importancia alguna.

Fuentes del Texto:
El País (www.elpais.es)
BBC (www.bbc.co.uk)
Europa Press (www.europapress.es)
Le Soir Belgique (www.lesoir.be)
Fuentes de las imágenes:
Facebook (www.facebook.com)

Dejar respuesta