El día en que murió Antonio Puer… Umbral

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Ocurrió el 28 de agosto de 2007. Lo recordarán. Verán:

Se estaba jugando un partido de fútbol, lo televisaba La Sexta y, si mi memoria no falla, era Andrés Montes –ese que a Casillas lo llamaba Cañizares- el que narraba el encuentro. Jugaba el Sevilla, y el jugador Antonio Puerta se desplomaba. Se volvía a levantar. Luego, otro desplome. Al poco, el joven jugador andaluz murió.

Un estadio lleno, las dos Españas, miles de espectadores, todos presenciamos un acontecimiento terrible. La situación personal de Puerta nos emocionó, y nos enganchamos a los folletines y a los partes, con segundero en mano, mientras el jugador se debatía entre la vida y la muerte, mientras la muerte ganaba la partida, mientras comprobábamos quién iba al entierro.

Puerta se convirtió en un símbolo del sevillismo, del deporte español, se le brindaron goles y trofeos. España entera lloró la muerte de un héroe.

Esto también ocurrió el 28 de agosto de 2007. Me apuesto uno de sus libros a que no lo recordarán. Verán:

Francisco Pérez Martínez, el Umbral, vamos, fallecía en silencio en un hospital de Boadilla del Monte, en Madrid. Don Paco murió de un fallo cardiorrespiratorio a los 75 años de edad. Cambiaba la Tierra por el Cielo o el Infierno un tipo que ha escrito biografías, ensayos, artículos por miles y novelas por cientos.

Nos dejaba un hombre seco, antipático, golfo –según decía- y feo. Umbral no movía a las masas, pero también murió. El cafegijonesco Umbral, el mejor prosista de la Literatura Española del siglo XX, el que nos hizo llorar con Mortal y rosa, el que nos la puso pinocha con Historias de amor y viagra, el que nos narraba la realidad cotidiana de la capital de provincia franquista en Leyenda del César Visionario o el que nos hacía descojonarnos boquiabiertos con sus artículos, la había palmado. El muerto al hoyo, y el vivo a lo que le corresponde.

Umbral, el de los gatos y las bufandas, el Francesillo, murió el 28 de agosto de 2007 y España pasó de su muerte. No había tiempo para llorar a dos personas y, entre el héroe sano deportista y el escritor putero y con mala follá, España se quedó con el primero. Los goles valen más que los libros.

Y los telediarios recordaron a Umbral en breve, y nos pusieron el video en el que discutía con Mercedes Milá, y poco más. El único medio de comunicación que le brindó a Umbral un homenaje en condiciones fue El Mundo, donde el escritor tenía una columna llamada ‘Los placeres y los días’. Toma Proust umbraliano.

Sobre esto hablé, en su momento, con Andrés Calamaro. Andrés recordaba la muerte de Umbral, también sentía la muerte de Puerta, y me dijo: “Qué pena que un país llore más a sus deportistas que a sus escritores”. Yo asentí y apuré la caña.

Fuente de las imágenes:
Fotografía de la contraportada de Los metales nocturnos. | Umbral, Francisco (2003), Los metales nocturnos, Planeta.

2 Comentarios

  1. Me gusta mucho el artículo, aunque quizás le cambiaría el títular. El contenido es muy bueno, es una pena que esa frase de Calamaro sea completamente cierta.

    Un saludo.

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