El devenir de las relaciones y su despertar (II)

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Día 30 de Marzo. En la actualidad
Rubén. “Cada día que me levanto, sigue ahí. Es mi mayor pesadilla”

– (…) Porque te quiero Estefanía, suena una voz grave en su cabeza. Apenas recuerda el tono de voz cuando sostuvo tales palabras entrecortadas.

Dieciocho días después del encuentro en el portal de su casa, Rubén mantiene intacto el diálogo, indisoluble en su memoria.

– Ya han pasado dos semanas y media después de que se fuera a la mierda todo, tengo que olvidarla, me ha dejado y ni si quiera ha utilizado palabras. Demasiado ingenio para una chica tan guapa.
– Al menos sigues siendo un imbécil encantador. Pero ni si quiera eso Rubén, nunca empezaron.
– Sophie, tú eres su amiga. Tú la conoces. Sabes que me quiere, pero algo le impide seguir conmigo, porque te recuerdo que a eso se le llama `estar juntos´.
– La conocía. Después de vuestro encuentro ya no es la misma. Se que te quería, pero no creo que eso fuera suficiente para estar contigo. Eres un auténtico hortera.
– Por un momento pensé que hablabas en serio. Vete Sophie, quiero estar solo.
– Mal agradecido. Me llamas para poder echarme de tu casa. Me voy, pero quiero que sepas que sigo aquí, en el fondo te tengo un poco de cariño…
– Lo sé, a tu manera, – dijo con una sonrisa

Dieciocho. Ese número le aterra desde hace casualmente 18 días. El número de los minutos en su portal esperando por ella, el mismo tiempo sin saber dónde está.

– “Porque te quiero”. ¿Cómo pude decirle algo tan dulce a la mujer que me destrozaría? Se fue sin más, cerrando la puerta conmigo allí.

Rubén se levantó del sofá y mirando la calle desde su ventana recordó la noche más triste de su vida, por decimoctava vez.

Día 12 de Marzo. Dieciocho días antes
Estefanía.

– ¿Sí? Contesta adormecida Sophie.
– Sigue ahí Sophie, no sé qué hacer.
– Estefanía, son las 03: 00 de la mañana, ¿te has vuelto loca?
– Pero es que no se va, está en el portal. Hace unas horas estábamos cenando y me dijo que le habían ofrecido un trabajo en Irlanda.
– ¿De qué demonios estás hablando? ¿quién está ahí? No te entiendo nada Estef, son las 03:00 de la mañana, déjame dormir.
– Sophie, él está aquí. El mismo que apareció en la librería y me invitó a salir. Ese que nunca te gustó porque llevaba los zapatos que tanto detestas en los hombres. Y jerseys que denominas de abuelete.
– ¿Y los tiene puestos? Es tan hortera…
– Sophie, por favor… Estoy hablando en serio.
– Yo también Estef, ¿Es que te parece que estoy bromeando?

(Silencio)

– ¿Pero todavía sigues hablando conmigo? Lo tienes bajo tus pies, es tan cursi que puedo imaginarlo bajo tu balcón con una rosa colgada del brazo, como si eso le hiciera ser original. Y a ti, en cambio, descalza tras las cortinas,ocultándote, pero con el balcón de par en par. Como si creyeras que ahora es capaz de volar y de entrar por él. Para así no poder culparte de haberle dejado entrar en tu vida y hacerla pedazos.

Había colgado el teléfono antes de que Sophie hubiera pronunciado su última palabra. Casi había acertado en todo. Pero se equivocaba en lo más importante: No veía ninguna rosa, sólo un sombrero azul sobre su pelo color azabache.

Y cuando al fin decidió asomarse ya no estaba. Bajó corriendo las escaleras, sin pensar por qué lo hacía. No quería escuchar lo que quería decirle, aunque fuera bueno.

Allí estaba la rosa. – Te odio Sophie, pensó cariñosamente.

La tomó entre sus manos y agarrando su tallo deshizo cada uno de sus pétalos. De la misma manera que él hubiera hecho si hubiera permitido que entrara a su vida hacía dieciocho minutos, cuando tocó la puerta y no le abrió.

– ¿Es así como tratas a la rosa más paciente de todas? Dijo Rubén sonriendo tras aparecer al lado de un árbol. Dieciocho minutos ha tardado en verte. Y en los mismos minutos has enamorado cada uno de los pétalos que has desecho. Y mientras ocultabas tras las cortinas tu silueta, te deseaba, como yo, cada minuto que soportaba la espera.
Me quedo Estefanía; porque te quiero. Lo supe desde el primer día que que te ví. Lo demás puede esperar. Madrid es perfecto.

07: 30 de la mañana

– (…) Señoras y señores pasajeros, el vuelo Jk 8970 va a efectuar su vuelo, rogamos que se dirijan al mostrador 18 cuanto antes.

El número rompe el trance de Estefanía, que se había quedado sumida en sus pensamientos mientras esperaba el vuelo a Barcelona, junto a su hermano.

– Dieciocho. Ese número otra vez, dijo Estefanía para sí misma. Tuviste la oportunidad y ahora no puedes olvidar sus palabras, a pesar de que le dejaras ahí, sin pronunciar alguna.

3 meses antes. Diciembre

Cuando Estefanía pensó en lo que se estaba convirtiendo su vida buscó un nuevo trabajo; uno que la llenara más que los hombres que aparecían dos o tres veces al mes por su casa.

Ser secretaria de una empresa de cosméticos no era precisamente lo que había deseado cuando era niña. Soñaba vivir entre libros, con el olor que desprendían sus páginas, con las mismas historias que había planeado usar en su propia vida. Después de una entrevista de trabajo consiguió formar parte de la librería más pequeña y encantadora de todas. Donde la literatura y la novela eran parte fundamental de las estanterías.

Rubén había llegado como aire fresco a su pequeño país de libros. En apenas una semana de trabajo era el hombre más joven que había pisado la librería.

Después de minutos observándose mutuamente, se rompe el silencio.

– Señorita, ¿puede ayudarme? ¿Hola?
– Perdone caballero, me quedé pensando. ¿En qué puedo atenderle? -Tiene una barbilla increíblemente viril- pensó para sus adentros.
– Estaba buscando “Cantos de vida y esperanza”, del poeta…
– “
Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésta ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente”
– Sí, Rubén Darío. Vaya, compruebo que le gusta.
– Es uno de mis poetas preferidos, y el poema “lo fatal”, del libro que está buscando, también lo es.
– Es una sorpresa, también es el mío…
– (Ambos se sonrojan). Siento decirle que ahora mismo no disponemos del ejemplar pero dentro de unos días, tal vez una semana, podrá pasar a recogerlo si lo desea.
– Sí, por supuesto, me gustaría tener esa obra que tanto he recitado para mí… Así que entonces le dejo mis datos y ya se pondrá en contacto conmigo.
– (…) Pues quedamos en eso caballero…
– Rubén, por favor, que solo tengo 27 años.
– Ah si… perdone. Hasta pronto Rubén, en cuanto tengamos noticias le informaremos.
– Muchas gracias y hasta pronto, Estefanía.

Después de unos minutos suena nuevamente el timbre de acceso a la librería.

– ¿Otra vez usted?
– ¿Puedo invitarte a tomar un café? No tiene por qué ser hoy, ni mañana, tampoco el…
– Claro que quiero, interrumpe sin pensarlo.
– Bien, sonríe Rubén. Me encantaría… hablar contigo de los poemas y la vida literaria de nuestro gran poeta. (Soy un estúpido, ¿de poemas?)
– Si, claro… (por eso me lo ha dicho, quiere que le ayude…)
– Tienes mi número Estefanía, cuando quieras, llámame. O déjame también el tuyo, por si tuviéramos algún problema…
– (…) Aquí tienes.
– Hasta pronto, Estefanía.

¿Quién era ese hombre de mirada penetrante? ¿De verdad le había recitado los versos que tanto daño le causaban en su adolescencia? ¿Y cuándo dejó de llorar por ellos? ¿En qué momento sonreía y pensaba en desconocidos llamados Rubén? No recordaba tener tanta memoria para trazar las facciones de una cara desconocida. Mucho menos para dibujarla en una hoja en blanco mientras iba en el metro. Las ganas inmensas de volver a verle la tenían angustiada.

Después de la primera cita con Rubén pensó que él estaba hecho de otra pasta. No era como aquellos tipos de internet, tampoco como los hombres que habían establecido con ella algo más serio. Él era diferente. Hasta que un día, después de tres fantásticos meses, todo se fue complicando.

Día 11 de Marzo 23:00 horas

– Estefanía, me han ofrecido un trabajo en Irlanda. No sé qué hacer. Me siento muy a gusto contigo y no quiero perderte.

Sin saber qué decir, Estefanía se marchó del restaurante que solían frecuentar. Y cuatro horas más tarde, él estaba tocando el timbre de su portal con aquellas palabras.

Es así como después del encuentro y de la declaración de amor pensó tomarse unos días lejos de todo. Cogió su ordenador, escribió a su jefe y a su hermano y compró un billete a Barcelona. Pasar una temporada con Javier le sentaría bien.

Y es que Rubén había decidido por ella, como todos.

Día 30 de Marzo. En la actualidad

– Tengo que irme Javier, ¿Podrás vivir sin mí? Le dijo Estefanía sonriendo a su hermano. Tengo la sensación de que el tiempo se ha detenido en un día. Un día que no puedo dejar de recordar y he intentado olvidar pese a todo.

En el aeropuerto del Prat todas las señales parecen indicarle que nunca debió coger ese vuelo.

– (…) Señoras y señores pasajeros, el vuelo Jk 8970 va a efectuar su vuelo, rogamos que se dirijan al mostrador 18 cuanto antes.
– Ha llegado el momento de regresar a casa, decía una voz en su cabeza.

Desde el día 12 que ocurrió todo no ha dejado de huir de él y de sí misma.

Fuente de las imágenes:
http://horizontedormido.blogspot.com/
http://narracionesinteriores.blogspot.com/2010/03/el-ensayista-y-la-poetisa-i.html

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