El destripador de Yorkshire

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Todas están en mi cerebro, recordándome la clase de bestia que soy. Cuando pienso en ellas me doy cuenta del monstruo que hay en mí. (Peter Sutcliffe, El destripador de Yorkshire)

Introducción
Era un hombre corpulento de barba descuidada. Aspecto desaliñado en general en su atuendo y maneras. Caminaba despacio por una calle desierta de Sheffield, condado de Yorkshire. La basura se amontonaba en bolsas contra las tapias. Algunas de ellas, abiertas, dejaban escapar su contenido para que el viento lo extendiera por toda la calle. El toque de queda exigido por la policía había convertido la ciudad en un desierto. Eran las siete de la tarde. Ni siquiera los hombres se atrevían a salir a dar un paseo a partir de las seis de la tarde. Una ligera bruma comenzaba a envolverlo todo.

El hombre se llamaba Peter Sutcliffe. Había sido un niño problemático desde pequeño. Abandonó los estudios pronto, para dedicarse a todo tipo de oficios y ocupaciones mal pagadas. El colegio no le gustaba, sus compañeros le veían como un raro, un marginado. Se burlaban de él. Sus notas eran cada vez peores y decidió abandonar.

A los pocos años pareció rehacer su vida. Tenía novia y un trabajo estable. Se había decantado inicialmente por la mecánica, y llegó a ser un profesional bastante competente en el oficio. Cuando comenzó a salir con Sonia, sus padres observaron con satisfacción que su retoño formaría una familia y se independizaría. Nada parecía mostrar el Peter que nació después.

Peter
Hay una justicia más allá de la divina, y es la que imparto. Dentro de cientos de años, si alguien piensa en toda esa escoria, no importará si murieron por mis manos o de muerte natural. Son la mayor ruindad que esta puerca sociedad ha parido, y están mejor muertas. La justicia es algo relativo. Para mí, la verdadera es la justicia divina, la de los hombres es un desastre. Las calles deben estar limpias, y a eso me dedico. Puede que no consiga limpiar toda la carroña, pero juro por Dios que lo intento cada vez con más ahínco.  

Esta noche estoy inspirado, como cuando jugaba con los cadáveres en el cementerio con mi compadre Thomas. Los colocábamos en poses grotescas, por supuesto después de liberarlos de todo objeto de valor que poseyeran. Era justo para nosotros. Ya no lo necesitarían más.

Ya frecuentaba los servicios de las profesionales antes de que Sonia me comunicara que no podría darme nunca un hijo. No me gustaron nunca, pero desde ese día se transformaron aún más monstruosas de lo ya me parecían. De alguna manera empecé a ver a mi esposa como a ellas, una trabajadora del sexo que no me amaba, que no se esforzaba en complacerme de ninguna manera. Esa sensación me confundió para siempre. Si una mujer no puede amar a un hombre, darle hijos y cumplir sus necesidades, ¿qué le queda a ese hombre? Las demás mujeres que conocí no me ofrecieron una imagen mejor para esa idea. Sólo querían mi dinero y que me largara. Siempre fui cariñoso y atento, pero todas me lo pagaron de la misma forma, indiferencia y desprecio.

Peter II
Voy a por el décimo acto. Las cosas se están poniendo feas. Las calles están siendo peinadas por la policía. Me buscan, pero me las apaño. La primera vez que lo hice fue como un sueño. No sabría decir si quería hacerlo o no. Simplemente la golpeé con el martillo en la cabeza, con todas mis fuerzas, en cuanto se puso a tiro dentro del coche en el que ella había entrado voluntariamente. La contemplé durante unos instantes, su cuerpo yerto, en pose grotesca, enseñando su vello púbico. Ese acto impúdico me enfureció hasta el punto de asestarle otras ocho puñaladas en el vientre. Un leve cosquilleo me recorrió la columna mientras lo hacía. Sentí la necesidad de repetirlo una y otra vez.

Después de aquella primera vez, cogí su bolso y tiré todos sus objetos al contenedor más cercano, quedándome con su billetera. A ella la dejé en el lugar al que pertenecía, en una calle que ahora no sabría precisar. Aparqué el coche con las llaves puestas y me largué caminando calle abajo, hojeando su foto en el carné de la biblioteca. Una chica guapa que se había perdido para siempre. Descubrí con asombro un recibo de préstamo reciente, de la biblioteca. ¿Se imaginan a una puta leyendo a Dostoievski? Yo desde luego no podía imaginármelo. Se llamaba Wilma, pero no quise saber más. Lo arrojé todo al suelo y seguí mi camino. Después supe, por los periódicos, que a las pocas horas lo había encontrado todo la policía, que acudió al reclamo de un aviso anónimo; incluido el bolso del contenedor.

No soy un asesino. Soy un ciudadano normal que cumple con su obligación. No les importan ni a sus familias, por eso están mejor muertas. Vagan por las calles ofreciendo sus hermosos cuerpos, que no son sino carne infecta. La mala imagen de mi ciudad. No suelen tener familia ni amigos, sólo un tipo que las protege. Como mucho unas pocas amigas con su misma ocupación. Lo peor de lo peor acaba por juntarse. Es fácil encontrarlas y redimirlas.

Un día comenté uno de los primeros asesinatos con mi esposa. Había leído un artículo en el periódico y estaba preocupada. Se sentía indefensa. Afirmó que podía haber sido cualquier mujer, ella incluso. Eso era terrible. Le asentí con rotundidad que era muy cierto lo que decía, que debía andarse con cuidado. Por alguna razón, después de esa conversación me entraron ganas de volver de nuevo a la calle. Un leve beso, llaves del coche y estoy en la calle en dos minutos, con la excusa de salir a tomar unas copas con los amigos a un pub cercano.

Me gusta este juego. Antes no salía en los periódicos, pero ahora soy una persona famosa. No me persiguen los flashes, pero me siento importante. Soy famoso, importante, me dije mientras caminaba con una pequeña sonrisa en los labios. Me dirijo al buzón más cercano. Introduzco la carta que he estado preparando para el comisario responsable del caso. Un incompetente que no me cogerá nunca. En ella le explico que no el loco que dicen los periódicos, que sé muy bien lo que me hago. En el remite reza: Firmado, El destripador de Yorkshire.

Fuente del texto:
Alberto Amor Jiménez
http://www.semananegra.org
Fuente de la imagen:
Alberto Amor Jiménez

1 Comentario

  1. Muy bueno, parece una mezcla de Dexter y el destripador de WhiteChapel, pero creo que has conseguido la originalidad necesaria para hablar de Peter, el destripador de Yorkshire.

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