El destino de las hermanas Grimes

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Con su primera línea, “Ninguna de las hermanas Grimes estaba destinada a ser feliz”, Richard Yates sentencia el destino de estas dos hermanas. Lo único posible es la infelicidad, es más, lo único que va a ocurrir es la infelicidad.
Las hermanas Grimes (cuyo título original es Desfile de PascuaThe Easter Parade) fue escrita en 1976, en un momento de cierto “auge” de su autor. Richard Yates nunca fue un autor “best-seller”, ni siquiera, galardonado (quedó finalista en el National Book Award), gozó sin embargo de prestigio entre sus colegas escritores. Ahora, Richard Yates vuelve a nacer literariamente y se lo debe a la adaptación al cine que Sam Mendes ha llevado a cabo de su Revolutionary Road. De ahí, esta nueva edición de Desfile de Pascua (sobre la que también se prepara película) con nuevo título incorporado, muy desafortunado, por cierto.
La primera parte de la novela realiza un viaje desde la niñez de las protagonistas al momento en que se evidencia que no tienen escapatoria a su destino.

Tras el divorcio de sus padres, las hermanas Grimes se mudan a un barrio residencial en los suburbios de Nueva York. No será el primero ni el último, ya que su madre se empeñará en que cambien continuamente de destino decidiéndose por motivos totalmente frívolos. Pero ¿qué se puede esperar de una mujer que exige que la llamen “Pookie”, bebe cócteles sin moderación y se rige por el canon del “encanto”?

Walter, la figura paterna idealizada, vive en la ciudad y se dedica a escribir los titulares del periódico en el que trabaja, una actividad de lo más significativa, de la que sus hijas presumen (para justificar que no esté en casa ante sus compañeros) hasta que van a visitarlo y regresan con cierta desilusión.

Sarah es la mayor de las hermanas. Es bonita, sociable y parece estar de acuerdo con todas las doctrinas de su madre. No duda en modificar un poco sus historias para mostrarse en todo momento feliz. Ya en el instituto, su único propósito en la vida parece ser encontrar un buen chico, que pueda resultar un espléndido marido.

Emily, por su parte, es retraída, dependiente y envidia a su hermana no por su belleza, sino por las pequeñas aventuras “idílicas” que vive junto al sexo opuesto. Ella sueña despierta con protagonizar correrías dignas de los libros que tanto adora. Por eso, posteriormente, no pondrá ninguna objeción para perder su virginidad con un soldado desconocido en pleno Central Park, aunque evidentemente no se corresponderá con sus fantasías.

Ellas no son conscientes de ello, pero desde su más tierna infancia están construyendo las bases de esa infelicidad que les perseguirá toda la novela, pues su desdicha no se basa en las consecuencias de una gran tragedia sino más bien en la desilusión de no conseguir lo que esperaban de sus vidas, en el desconsuelo de los elementos cotidianos.

Si en la primera parte, Sarah había sido la hermana dominante, sobre la que recaía toda la dependencia y los miedos de la otra, en la segunda, es Emily la fuerte y libre, a la que recurrir cuando las palizas propinadas por el marido de Sarah son tan habituales que necesita escapar. Sin embargo, las cosas han cambiado desde que eran niñas, se han distanciado en lo personal y lo único que verdaderamente las une es el parentesco, que las “obliga” a sentarse cada cierto tiempo a beber cócteles mientras fingen que tienen algo que decirse.

En realidad, en su búsqueda de la felicidad de estas dos hermanas, cada cual busca lo que posee la otra. Sarah desea la independencia y el talento de Emily (a pesar de que nunca llega a redactar ni a publicar), de ahí, su intento de escribir Los Estados Unidos de George Fall. Emily quiere encontrar un hombre con el que casarse, uno con el que poder sentirse segura, una imagen similar a la que ofrece fingidamente su hermana.

Richard Yates escribe una novela que deja un agrio sabor de boca, probablemente, porque retrata una desolación muy cotidiana, en la que todo lector puede sentirse identificado: la muerte de los padres, el divorcio, fracaso en el trabajo, etc.

Los protagonistas de Las hermanas Grimes no son héroes, son personas del día a día, que sueñan con una vida mejor que nunca llega. El esquema se reduce a tres palabras muy simples: intento, fracaso y desilusión.

El destino de estas hermanas es amargo, pero él ya advirtió en la primera línea: “Ninguna de las hermanas Grimes estaba destinada a ser feliz”.

Fuentes de las imágenes:
http://1.bp.blogspot.com/_R-wZWQCr-x8/SXhOxSTxkdI/AAAAAAAAApQ/NPoJikAUuBU/s400/hermanas+grimes.jpg
http://www.alfaguara.santillana.es/upload/autores/2008/yatesbb.jpg

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