El despertador sonó a tiempo

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La selección española de balonmano es semifinalista del Mundial después de haberse impuesto a Alemania (28-24) en el cruce de cuartos. El partido contra la selección germana se decidió a favor del equipo anfitrión en la segunda mitad. La mayor intensidad, los cambios en defensa y el acierto en ataque y debajo de la portería, decantaron un choque que permite al equipo de Valero Rivera seguir soñando. España disputará su semifinal el viernes contra Eslovenia en Barcelona.

Jorge Maqueda y Víctor Tomás, protagonistas del pase a semifinales. Fotografía: RFEBM
Jorge Maqueda y Víctor Tomás, protagonistas del pase a semifinales. Fotografía: RFEBM

Como dos gotas de agua. España y Alemania, naciones comparadas en tantos aspectos durante los últimos meses, parecían en principio cortadas por un patrón similar de juego: cualidades parecidas y mismos defectos. Competitivas ambas y con cuentas pendientes, se preveía un encuentro disputado y parejo, propicio para que lo decidieran las respectivas defensas, pilar de los dos conjuntos. No sorprendió Alemania y dispuso de salida su 6:0 habitual. España comenzó con una defensa 5:1 con Víctor Tomás de avanzado.

Para abrir la hermética zaga teutona España buscó a los extremos intentando apurar el horizonte de la cancha. En el otro lado, la inesperada 5:1 local no resistía la movilidad alemana que facilitaba balones definitivos hasta su pivote y que los laterales encontraran pasillos hasta el área española. Los primeros minutos no mostraban la ferocidad defensiva prevista; al contrario, el partido era un festival goleador. Se suponía que el duelo en la retaguardia podía decantar el partido, pero protagonizaban el choque los ataques.

Alemania resolvía con la permuta de posiciones, con dinamismo y con esporádicos lanzamientos desde el exterior. En España eran importantes los pequeños y Alberto Entrerríos con su poderío en el uno contra uno. El intercambio de golpes le sentaba mejor al visitante, que llevaba tímidamente la iniciativa emocional y numérica del partido. En el ecuador de la primera parte entró José Manuel Sierra para defender el arco del anfitrión; pronto empezó a sumar acciones positivas. España sufría el rigor de las exclusiones aunque la inferioridad no le dañaba en exceso.

Para tratar de invertir la dinámica reinante, cambió Valero Rivera de actores en defensa y situó a Aitor Ariño de avanzado. Con el joven extremo en pista, España dispone de mayores variables defensivas; contra Alemania, el novato de la selección jugó en el centro o sobre el lateral izquierdo rival. El equipo creció momentáneamente, fue más intenso y pegajoso. Incapaces los locales de vencer sus dificultades para atacar la propuesta germana, duró poco la mejoría. Sin velocidad no hay paraíso en un equipo en el que sus mejores anotadores son los extremos, finalizadores exquisitos.

Llegaron los germanos al descanso por encima (12-14). En una primera mitad tosca y poco luminosa, la defensa española había mostrado sus peores minutos del Mundial. Floja, poco intensa y llegando tarde a las ayudas, la mejor noticia que tenía la zaga local era no haber padecido más goles en contra. El ataque teutón, paciente y dinámico, solo chocaba contra Sierra. Mantuvo el tipo España por la aportación tanto de Entrerríos, que acumulaba dos tarjetas amarillas pero desatascaba y daba profundidad, como de Tomás.

España había sido muy inferior al rival en casi todas las facetas del juego durante el primer período. Tras la reanudación, regresó la selección local a la línea 6:0. Y aprovechando la superioridad numérica de la que gozaba, empató (14-14). Los bríos renovados le llevaron a dar la vuelta al partido, con cinco goles en otros tantos minutos (17-15). Alemania se repuso, a base de contraataques que nacían de las pérdidas del frenético ataque local, y restableció la igualdad. Vagó sin rumbo claro el destino del cruce en aquellos momentos: ninguna cogía el mando, ninguna tomaba el gobierno. En el ecuador de la segunda parte, igualdad máxima (20-20).

Se repartieron errores ofensivos en los dos equipos. El partido llegaba a la zona cero y muchas jugadas finalizaban con errores y precipitación. El lunar de España en los últimos torneos internacionales ha sido la gestión de estos minutos. Pero entre Jorge Maqueda, que aportó decisivamente en los dos frentes; Alberto Entrerríos, incombustible y valiente; y un inspiradísimo Julen Aginagalde, que se erigió en el goleador necesario, firmaron la rúbrica que ponía punto y final a los cuartos a falta cinco minutos (26-21). Esta vez, el empujón definitivo lo dieron los de Rivera.

Concluyó el encuentro (24-28) ante el delirio de los más de 10.000 aficionados que abarrotaron el pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza. Vieron a un equipo que sabe sufrir, resistir y levantarse. Mañana, España tiene una cita en Barcelona (19.15) para sortear a Eslovenia, el penúltimo obstáculo que le separa de la gloria de su Mundial.

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