El debate sobre la Ley Patriótica en EEUU divide al Congreso

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Una ajustada votación en la Cámara de Representantes de EEUU garantizaba la semana pasada la subsistencia del actual programa de recopilación de llamadas de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). De esta forma se evidenció la división que las técnicas de vigilancia empleadas por el Gobierno del país suscitan en el seno de sus dos principales partidos políticos. La primera discusión en el Congreso sobre las prácticas de espionaje de la NSA, tras las filtraciones perpetradas por su antiguo analista, Edward Snowden, dejó constancia de la polarización que entre sus miembros suscita el debate entre seguridad y privacidad.

Capitolio. La imagen es cedida por wikimedia CommonsLos miembros más cercanos al Tea Party en la Cámara, muy críticos con la intromisión del Gobierno en la vida pública, y los miembros más progresistas de la bancada demócrata, no han ocultado su incomodidad con la excesiva intromisión en la intimidad de los programas de inteligencia. Así, se aliaron el miércoles para votar a favor de una enmienda presentada por el representante republicano Justin Amash para prohibir a la NSA la recopilación de llamadas de ciudadanos que no sean objeto de una investigación judicial bajo la Ley Patriótica, lo que hubiera supuesto la desmantelación del programa, dado que sólo puede operar al amparo de esa legislación. En el bando contrario, 83 demócratas, incluida la líder de la formación en la cámara Baja, Nancy Pelosi, se aliaron con 134 republicanos para derrocar la proposición.

Pese a que el promotor de la enmienda logró reunir más de 200 apoyos, salió derrotada por 217 votos en contra frente a 205 a favor. Esto demuestra la preocupación que la extensión de los programas de la NSA desvelados por Snowden ha suscitado entre los miembros del Congreso de EEUU. El republicano James Sensenbrenner, uno de los autores de la Ley Patriótica, también defendió la enmienda alegando que él nunca esperó que la norma se utilizara para autorizar programas de espionaje masivo.

La ofensiva desplegada por la Casa Blanca, los máximos responsables de la inteligencia de EE UU y los presidentes de los comités de Inteligencia de ambas cámaras demuestra la transcendencia de esa votación. En los días previos al debate, el portavoz de la presidencia y el director nacional de Inteligencia advirtieron de la importancia de los programas de la NSA en sendos comunicados y el máximo responsable de la NSA se reunió de urgencia con los legisladores en el Capitolio para tratar de convencerles de que no aprobaran la medida.

Esta importante división en el Congreso refleja la fragmentación de la sociedad estadounidense sobre la vigilancia del Gobierno. De hecho, en una encuesta que publicó la cadena CBS señalaba que el 67% de los consultados creía que la recopilación de llamadas era una violación de la privacidad, mientras que el 52% consideraba, sin embargo, que era una herramienta eficaz para luchar contra el terrorismo.

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