El cuento que perdió la magia

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Hace una semana llegó a nuestros cines la versión con actores de La Bella y la Bestia. La película, dirigida por Christophe Gans, nos trae una reinvención de uno de los clásicos más románticos de nuestra infancia.

la_bella_y_la_bestia_-_poster_def“No hay mayor verdad/ La belleza está/ En el interior” rezaba la canción más mítica de una de las historias más famosas de Disney. Después, cada uno podía interpretar ese mensaje como creyese conveniente. Desde los más escépticos, que acusaron siempre a Bella de sentirse atraída por las riquezas de Bestia, hasta los románticos empedernidos, entre los que se haya una servidora, que sintieron la magia del cuento de principio a fin. Eso sí, una cosa está clara, aquella película estrenada en 1991 significó mucho en la infancia de millones de niños que soñaban con un banquete con servilletas y platos danzando.

23 años después, el director francés Christophe Gans, que alcanzó la fama internacional en 2001 con El pacto de los lobos, ha querido recuperar la historia original y transformarla en un cuento con personajes reales. El veterano Vincent Cassel y la dulce Lea Seydoux, que poco a poco se va abriendo paso en el panorama internacional, han sido los responsables de dar vida al romántico dúo formado por Bella y Bestia. Una elección quizás poco acertada, dado que en el cuento, Bestia tenía 21 años y Cassel hace tiempo que dejó atrás la veintena. Pero sin duda, la mayor sorpresa en el reparto la da Eduardo Noriega, que encarna al malvado Perducas. Un villano que nada tiene que ver con aquellos tan carismáticos a los que nos tenía acostumbrados Disney, pues, en este caso, carece de toda sustancia, y su papel no aporta nada a la historia salvo algún momento puntual de acción.

Sin embargo, no es tanto el reparto como el guión lo que resulta decepcionante de este filme. Conocida es la ambición de Gans por el plano visual, dotándole de todo el protagonismo hasta el punto de restarle contenido a la historia. En este caso, los personajes son los que salen peor parados, pues 16_f65_v03recapenas se explica en qué momento y de qué manera Bella se enamora. Tampoco queda claro el tormento que Bestia lleva encima por su pasado, y la conexión entre ambos nunca termina de cuajar. Las incontables versiones que se han hecho de esta historia siempre hacen hincapié en cómo la bondad y dulzura de ella son capaces de encontrar luz en ese lado más oscuro que todos tenemos cuando la vida nos ha decepcionado. Lección que no podemos hallar por ninguna parte en esta historia, que más que una película parece un hermoso anuncio de perfume.

Hermoso porque belleza hay, y mucha. Los escenarios, el vestuario y el conjunto del marco visual son excepcionales, más aún si tenemos en cuenta que se trata de una producción europea. Y eso es algo que no se le puede negar a su director. ¿El resultado? una magnífica postal que nos traslada a un mundo encantado pero que ha perdido toda su magia. Y ese es, quizás, el mayor error de todos, pues La Bella y la Bestia es, ante todo, puro corazón.

En definitiva, es hora de rebuscar en nuestras estanterías y recuperar el clásico de Disney que, hasta el momento, no tiene quien lo iguale: “Nace una ilusión/ Tiemblan de emoción/ Bella y Bestia son”. 

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