El cuento que nos creímos

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Erase una vez una generación completa que nació con la llegada de la Democracia y del Estado de Bienestar Social, aquella que se crió en el seno de familias de clase media liberadas del totalitarismo infinito de un dictador nombrado por la gracia Divina, aquella que podía haber conquistado el mundo, pero no llegó ni al intento.

Esa generación que se crió con las primeras comodidades democráticas, en plena libertad y sin libertinaje, que vivió en directo el fenómeno Verano Azul y la incorporación de España a la Unión Europea, viendo pasar la Transición con la llegada de Adolfo Suarez y luego con Felipe González. Esa misma generación que fue educada con las mejores de las intenciones y con la pretensión de que llegaran a ser personas de bien, universitarios bien formados para labrarse un futuro mejor que el de sus progenitores. Pero la realidad es que se produjo tal atasco de licenciados que ahora no pasan de mileuristas, viviendo o mal viviendo el día a día con las ilusiones que nunca llegaron. Desde abogados a periodistas se presentan en una maraña de oportunidades profesionales que no pasan de puestos medios en los que van a morir esas ilusiones.

Llegó la liberación de la mujer y su incorporación al mundo laboral, y la otra gran mentira que nos creímos. Si antes una familia se sustentaba con el sueldo de una persona, se pagaba un piso, se criaban a dos o tres hijos y se llegaba a finales de mes; ahora es necesario el sueldo de la mujer y del hombre para abarcar esos mismos sueños de antaño, y con muchos aprietos. No obstante, en la actualidad las parejas se compran un piso casi rozando la treintena o sobrepasándola, crían a un bebé o a la sumo dos con mucha dificultad y se llega a finales de mes casi con los bolsillos vacíos. Aún así se es feliz, no queda otra.

Esa misma generación que ahora educa a sus hijos protegiéndoles en virtuales bolas de cristal para que no se rompan nada, para que nada les haga daño. Cuando esos mismos padres jugaron en la calle a cualquier hora del día sin miedo a nada, rompiéndose huesos y dejando la piel con gusto en el asfalto cuando se montaba en bicicleta. Pero lo peor está en que esos padres trabajan, ambos, algo que antes no ocurría, y se maleduca a esos críos dotándoles de todos los caprichos que pidan, en plena atmósfera de libertinaje y no de libertad, porque al final hay remordimiento de conciencia, y es que no se está con ellos todo lo que se debería y los fines de semana se intenta subsanar esa carencia.

Ahora estamos sumidos en una nueva grave crisis cíclica del capitalismo, esa misma que algunos se deben inventar para ir recortando derechos a las clases medias y bajas, para lucrarse aún más a costa de recortes sociales, laborales y personales. Ahora esa generación de los setenta y principios de los ochenta pisa la cruda realidad y se da cuenta de que nos creímos ese cuento maravilloso que un día nos contaron cuando éramos pequeños. No nos engañaron, nos tragamos las grandes mentiras sin dudarlo, no hay culpables externos porque fuimos nosotros mismos los que construimos unos castillos de arena que con la marea de disiparon. Pero nos queda una esperanza: indignarnos como indignados y luchar por volver a recuperar nuestros sueños y hacerlos realidad. Más vale tarde que nunca.

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Óliver Yuste es licenciado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

Su experiencia profesional como periodista se ha desarrollado en diversas publicaciones periódicas como las revistas culturales Experpento o Paisajes Eléctricos Magazine, las revistas universitarias La Huella Digital, Punto de Encuentro Complutense y mÁs UNED, o la colaboración como escritor en la revista literaria chilena Cinosargo, además de mantener sus propios blogs, como la bitácora personal donde se ahogan los gritos de mi mitad. En estas publicaciones en soporte papel y digital se divulgan algunos de sus artículos periodísticos de opinión, críticas y entrevistas musicales, además de artículos literarios como relatos cortos, cuentos y poesías.

También está dedicado a la creación literaria como escritor de novelas y poesía, una faceta en la que cuenta con el libro de cuentos Azoteas, en proceso de edición, y la publicación del cuento “La Libertad de Ser Feliz” en el libro Cuentos Selectos III, publicado en 2002 por la Editorial Jamais. Además de ser galardonado en algunos certámenes literarios: Primer Premio de Poesía Ramiro de Maeztu 1997, Premio Accésit del IV Concurso de Redacción “El Teatro Clásico en Escena 1997” o Finalista en el Concurso de Relatos Cortos “Premios Jamais 1999”.

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