Frank John Fenner, el hombre que derrotó a la viruela

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El pasado 21 de diciembre se cumplieron 97 años del nacimiento de Frank John Fenner, médico experto en virología que consiguió erradicar la viruela. Sus diligencias al frente de la Comisión Internacional para la Certificación de la Erradicación de la Viruela, promovida por Organización Mundial de la Salud (OMS), hicieron posible la desaparición de la enfermedad en 1979 al supervisar el correcto suministro de la vacuna contra dicha afección.

Frank John Fenner ocupa un lugar destacado en los anales de la investigación científica por su eficacia en la extinción de la malaria en Nueva Guinea , aunque su mayor logro radicó sin duda en la lucha contra la viruela.

La viruela es una enfermedad infecciosa y muy contagiosa que llega a ser mortal. Su característica más llamativa son las pústulas que aparecen en el cuerpo de los enfermos y que, con frecuencia, dejan cicatrices. La viruela ha sido objeto en varias culturas -como en la India- de alusiones divinas, quedando  patente su poder de devastación al arrasar poblaciones enteras.

La viruela es altamente contagiosa si existe un contacto directo y prolongado, ya sea cara a cara o a través de  fluidos corporales, pero nunca por medio del aire. El punto álgido de la enfermedad  se da con la aparición de  fiebre y pústulas.

La aventura de Fenner como médico comenzó durante la Segunda Guerra Mundial, periodo en el que trabajó para el cuerpo médico del ejército australiano. No obstante, el prestigio lo alcanzó por su labor contra la malaria en Papúa, Nueva Guinea, por la que fue nombrado miembro de la Orden del Imperio Británico. Sus logros le situaron al frente de la Comisión Internacional para la Certificación de la Erradicación de la Viruela de la OMS, solicitada en 1958 por el entonces ministro de la Unión Soviética Viktor Zhdanov.

Las investigaciones de Fenner culminaron en 1967, cuando el científico tomó las riendas en el suministro de vacunas y el registro de nuevos contagios. Tras más de diez años de incesante trabajo, la viruela comenzó a perder la batalla el 9 de noviembre de 1979, cuando una niña de Bangladesh sobrevivió a la enfermedad gracias a la vacuna del doctor.  

Hay que remontarse  al siglo XVII para hallar los primeros pasos en la erradicación de la enfermedad. Mary Montagu, víctima de la viruela, observó que la inoculación mediante una aguja pinchada en el pus de vacas infectadas provocaba la inmunidad ante la terrible afección. Tal procedimiento devenía en inflamaciones, pústulas y fiebre, pero el paciente recuperaba la salud por completo en el plazo de quince días. Su hallazgo le acarreó enemistad y persecución por parte de la Iglesia, pero en 1796, Edward Jenner dio con la vacuna gracias al descubrimiento de Lady Montagu.

Jenner, originario de Inglaterra, también sufrió la dura oposición de varias asociaciones científicas, que se alarmaron ante la posibilidad de que los pacientes quedaran transmutados en vacas si accedían a la inoculación. Fue tal el acoso que, para refutar su tesis, el científico probó dicho método con su propio hijo, aunque no consiguió los resultados deseados.

En su intento por demostrar que estaba en lo cierto, Jenner inoculó a un niño de ocho años una pústula de una mujer contagiada por una vaca. Pasados los días, inyectó al niño una muestra infecciosa de viruela humana que, para sorpresa de todos los opositores, no contagió la enfermedad. La protección ante la viruela ya era una realidad y, a raíz de este descubrimiento, Jenner se ganó la confianza de sus detractores gracias al mismísimo Napoleón, quien  le ordenó vacunar a todas sus tropas.

Monumento a Edward Jenner

Desde el año 1979, la viruela se considera totalmente erradicada. Pese a existir una vacuna que ha demostrado con creces su eficacia, aún se desconoce la estructura y el comportamiento del virus. Por este motivo, aún se conservan muestras de viruela en dos laboratorios de Rusia y Estados Unidos.

En la actualidad son muchas las voces que se han alzado en contra de la supervivencia de la enfermedad, ya que ésta puede ser empleada como arma biológica. A día de hoy, la población no está vacunada contra la viruela ni posee los anticuerpos necesarios para combatirla en el caso de su reaparición, pero ante la probabilidad de un hipotético escape, existen reservas de la vacuna que se renuevan cada cuatro años.

Fotografías: Phil Moyer / Paul Lowry / Ninoxowl

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