“El cielo de Madrid”, de Julio Llamazares

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Entre las maletas con las que viajamos caben muchas cosas, entre ellas los sueños de éxito. Quizá ese que no se puede definir: ser conocido, triunfar, ser re-conocido. Estos sueños son los que acompañan a Carlos y sus compañeros: todos artistas, todos con su arte a cuestas.

650_AL67573.jpgEstos sueños que viajan con nosotros se depuran, se purifican, quedándose como eterna promesa. La felicidad, la libertad, el amor, se hacen en el camino verdad o fracaso, éxito o mentira. Pasado del limbo de los deseos a la realidad de un cielo que ya no está pintado en el techo de un bar. Y que acostumbras a ver cada noche, entre el humo del tabaco y el brillo de la espuma de la cerveza y la banda sonora de un bolero, el cielo que se quiere tocar. Cada uno a su manera o como mejor pueda. Tocarlo huyendo de la nostalgia, de lo que pudo ser.

Con estas letras de Julio Llamazares se viaja. Como viajamos cada uno de nosotros, transitando de los deseos a las realidades por muy duras que sean. Un viaje donde hay espacio para el fracaso y donde el pintor (quizá el que también llevamos dentro) quiere tocar la vida, buscar su lugar. Buscar nuestro sitio, superando el desengaño, asumiendo el precio de la libertad y lo efímero del éxito que se buscaba.

Cuando uno sueña este es el riesgo. Pero es mejor soñar en la noche de un bar con cielos de colores pintados que no soñar. Es mejor agarrarse a ellos que dejar que te los quiten. Soñar aunque no se recuerden al despertar (quizá es más productivo soñar despierto). Soñar aunque se evaporen con el calor del asfalto. Que la vida nos sitúa frente a nosotros como en un espejo, los hemos oído muchas veces, lo hemos visto… en otros. Y de forma irremediable nos toca vivirlo a nosotros. Aunque a veces este camino roce el infierno.

Esta es también una novela de Madrid. Madrid como límite, como posibilidad, como promesa. Como lo es la vida de todos los artistas, la vida de Carlos, del pintor, que pinta la ciudad para hacer la promesa real. Madrid es la escapada que te atrapa, la escapada de la provincia, de lo pequeño, la que te atrapa impidiendo que te vayas lejos. Como mucho a la Sierra, donde aun solo se está acompañado de las luces, donde se ve esa esperanza. Por eso se vuelve, el cielo se conquista más al asalto que pidiendo permiso (algunos nos lo han recordado hace poco). No estaría mal con este libro de Alfaguara pensar en nuestros cielos, porque serán varios, y qué esperamos tener cuando estén en nuestras manos. Soñar, “que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”.

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